Historicismo

    El concepto de historicismo fue empleado por primera vez en su sentido moderno por el poeta y pensador romántico Novalis. La complejidad de su significación hace que se hable de cuatro formas distintas de historicismo:

    Historicismo fideísta. Esta forma de historicismo considera que la realidad se basa en la existencia de la historia, y que ésta sólo tiene sentido si se la comprende como el ámbito en el que Dios hace acto de presencia.

    Así, lo divino es lo que crea los valores históricos y lo que determina su devenir, que está lleno de símbolos y encuentros que se interpretan siempre a partir de la fe.

    El cristianismo, por ejemplo, se basa en una consideración historicisto-fideísta de la existencia, ya que plantea el sentido del mundo a partir de un proceso histórico marcado por el advenimiento de Jesucristo.

    Historicismo absoluto. Sin embargo, el sentido más originario del término es el que procede del pensamiento de Hegel, y suele ser conocido como historicismo absoluto.

    Según esta doctrina, la realidad coincide con la historia, y supone que los elementos finitos y relativos que integran el mundo y la humanidad se vuelven infinitos, adquieren un sentido pleno gracias a la historia.

    En un sentido romántico, que es el ámbito del que surge directamente la noción moderna de historia, el historicismo consiste en admitir la presencia de Dios en el mundo, que otorga realidad absoluta a todo lo existente a través de un proceso de integración de lo limitado e insignificante en lo ilimitado y significante.

    Historicismo relativista. Oswald Spengler es su máximo representante. Este tipo de historicismo admite que la realidad y la verdad se constituyen a través de los procesos históricos, pero también afirma que cada momento aislado sólo tiene sentido dentro del instante en el que se produce, pasando a llenarse de insignificancia en el momento en el que la historia avanza y da lugar a nuevas realidades.

    Una versión aún más radical de esta forma de historicismo es la que se puede encontrar en la obra de Simmel, para quien la historia arrasa con las ideas y los momentos circunstanciales.

    Así vista la historia, ésta se asemeja a una especie de organismo que genera la vida y sus sentidos y luego vuelve a tragárselos para dar lugar a una nueva forma de vida y de sentido.

    Historicismo crítico. A finales del siglo XIX y principios del XX se cuestionan los fundamentos y los límites de la historia. Dilthey desarrolló en su obra Introducción a las ciencias del espíritu una crítica razonada de la ciencia de la historia en tanto que disciplina madura, y contrapuso su metodología a la de las ciencias naturales.

    Con ello se pretendía saber hasta qué punto era posible acceder a la realidad de la historia y cuáles eran las consecuencias que se podían derivar de ella.

    Posteriormente, Max Weber llevó más lejos los estudios críticos de la historia para analizar su metodología. Según Weber, el principal problema al que tiene que hacer frente la consideración histórica de la realidad es el que resulta del estudio del principio de causalidad.

    A partir del siglo XX, a la vez que nacían corrientes que negaban los logros de la modernidad, surgió la negación de la historia o la proclamación de su muerte.

    La posmodernidad propone que todas las nociones creadas a lo largo de la modernidad, como la de sujeto o la de historia, son en realidad una visión errónea de la realidad, y que la vida se compone en verdad de una serie de momentos inconexos que ninguna clase de relato puede poner en relación. Esto supone la desaparición del historicismo y la negación absoluta del sentido.