Irracionalismo

    Desde un punto de vista histórico, se llama irracionalismo al conjunto de corrientes y doctrinas del pensamiento que se oponen al pensamiento de Georg Wilhelm Hegel y a la consideración de que lo racional es lo que se halla detrás de la realidad. De manera retroactiva, son consideradas irracionalistas todas las posturas filosóficas que han basado el sentido de la existencia en fenómenos no racionales.

    De esta manera, son irracionalistas tanto las propuestas antihegelianas decimonónicas como el vitalismo griego o el hedonismo moderno.

    Las cinco posturas irracionalistas más determinantes de la historia del pensamiento son las de Sören Kierkegaard, Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche, Miguel de Unamuno y Henri Bergson.

    El irracionalismo de Sören Kierkegaard. Para el pensador existencialista danés, la existencia no está determinada por ninguna clase de principio racional o por la asunción de ninguna forma de sistema, tal y como señalaba Hegel. La vida se define a partir de la experiencia subjetiva del mundo, del individuo solo ante su propia realidad.

    El sentido de la vida sólo se puede determinar a través de la acción personal y la responsabilidad ante lo que uno nace, lo que niega que el significado de la realidad venga dado por un espíritu absoluto reflexivo que relacione los momentos aislados.

    La voluntad de Arthur Schopenhauer. Contemporáneo de Hegel, el pensador pesimista Arthur Schopenhauer consideraba que lo que determina lo real no es la razón, sino una voluntad ciega, irracional y cruel que arrastra a los hombres a buscar la supervivencia.

    La razón moderna sólo conduce, según este pensador, a la creación del mundo como representación, como una fantasmagoría que genera dolor y una forma de existencia inauténtica.

    El irracionalismo de Schopenhauer propone además la supresión de la vida a través del suicidio, única manera, junto al arte, de acabar con el sufrimiento que producen las pasiones y el pensamiento.

    El vitalismo de Friedrich Nietzsche. Heredero de la ontología de Schopenhauer, el filósofo ateo Friedrich Nietzsche propone la consideración de la realidad a partir de la vida. La razón, en este sentido, sólo es una manifestación caduca de la voluntad de poder, única realidad que impulsa la existencia hacia el dominio sobre los demás.

    Según Nietzsche, la racionalización de la vida conduce a la enfermedad, y el superhombre, suma de todas las virtudes vitales, debe acabar con la búsqueda de los sentidos metafísicos y debe imponer la lucha por la supervivencia del más fuerte, del más apto.

    Por otro lado, el irracionalismo nietzscheano identifica la racionalidad con la religión, que sitúa las virtudes humanas en un plano trascendental, negando el mundo de los instintos y de la vida.

    La tensión existencial de Miguel de Unamuno. El escritor y pensador español Miguel de Unamuno elaboró en su Sentimiento trágico de la vida una crítica poética contra la razón moderna, señalando que lo único que debe interesarle realmente a la filosofía es el sujeto en tanto que existencia, el hombre de carne y hueso.

    En este aspecto, no importan las razones ni los argumentos, sino el sentimiento de la propia vida y la búsqueda de la fe, es decir: la fe en tanto que fe.

    El pensamiento de Unamuno marcó el posterior desarrollo de otras formas de irracionalismo, como la primera filosofía existenciaria de Albert Camus.

    El impulso vital de Henri Bergson. El Premio Nobel francés elaboró a principios del siglo XX una de las filosofías irracionales más innovadores y eclécticas de la historia del pensamiento.

    Según Bergson, el pensamiento es en realidad el resultado de una especie de impulso vital, irracional, que poco a poco se va imponiendo en el mundo. Desde los primeros organismos simples hasta la aparición del hombre y la conciencia, el impulso vital ha ido superando la determinación de la materia para transformar el mundo en una realidad espiritual.

    Junto a estas formas reconocibles de irracionalismo, hay que situar todos aquellos momentos históricos y filosóficos en los que la razón ha dejado paso al amor por la vida y los instintos. Así, se puede reconocer cierta forma de irracionalismo en el pensamiento de Epicuro, que estudia el placer y las pasiones, o el de Marx, que sitúa los procesos materiales y económicos por encima de los racionales. Otro representante del irracionalismo es Sigmund Freud, aunque en un plano psicológico.Encontramos herederos de estas formas de irracionalismo a los pensadores existencialistas y a diversos filósofos posmodernos.