Marxismo

Cartel de exaltación del marxismo y la Revolución de octubre

Se llama marxismo a la doctrina filosófica del pensador alemán Karl Marx, que determinó, junto con Friedrich Engels, el desarrollo del comunismo y una serie de corrientes políticas muy determinantes en el siglo XX.

A grandes rasgos, el marxismo supone los siguientes principios elementales:

Materialismo dialéctico e histórico

Lo que es la persona viene siempre determinado por la historia, comprendida ésta como el conjunto de relaciones progresivas entre los medios de producción. Esta visión historicista de la sociedad y del sujeto es tomada por Marx de Hegel, aunque a partir de la inversión de sus principios; si Hegel señalaba la idealidad absoluta de la realidad, el marxismo supone que es lo material lo que constituye la base de todos los fenómenos humanos.

Esto supone la asunción del método dialéctico, que entiende que la historia se articula alrededor de una estructura compuesta de tres momentos: tesis, antítesis y síntesis, que aplicada a la sociedad del siglo XIX implica el paso del capitalismo al socialismo.

Denuncia de las ideologías

El materialismo histórico y dialéctico marxista conduce a la comprensión de los productos intelectuales, culturales y religiosos como ideologías.

Esto quiere decir que la razón moderna o la filosofía actúan la mayor parte de las veces como encubridoras de un estado económico, de un equilibrio de poderes e intereses que son encubiertos y protegidos.

De aquí viene la célebre caracterización marxista de la religión como opio del pueblo, que significa que el concepto de Dios y las instituciones religiosas no tienen otra función que la de despojar al individuo de su identidad y distraer la atención pública de sus verdaderos problemas, que son de índole económico.

Existencia de unas estructuras sociales básicas

El materialismo marxista conduce al reconocimiento de una serie de estructuras elementales que explican el funcionamiento y la naturaleza de la sociedad. Estas estructuras son la infraestructura, la estructura y la superestructura.

La primera comprende las relaciones básicas de producción entre los propietarios de las tierras y las máquinas y los obreros; y supone el fundamento económico y material de la realidad humana y social. La segunda está compuesta por las relaciones económicas visibles y conscientes de lo social. La tercera, la superestructura, está formada por todas aquellas ideas, filosofía, derecho, religión, etc., que sirven para mantener el estado económico, justificarlo y perpetuarlo.

Fuera de estas estructuras materiales elementales, el individuo carece de sentido, deja de ser persona.

El movimiento de la sociedad y el devenir histórico

Vienen determinados por la lucha de clases, que en el siglo XIX se manifiesta por la opresión de los obreros por parte de los capitalistas.

Según el marxismo, que tiene cierta tendencia utópica, el devenir histórico conduce necesariamente a la rebelión del proletariado, que a través de la lucha se sobrepondrá al capitalismo y conseguirá hacerse con los medios de producción y reivindicará su identidad.

Así, el que unos pocos posean todas las riquezas y sometan a la mayoría, constituye una situación antinatural, insostenible, que dará paso de manera natural al socialismo.

El socialismo y la desaparición de las clases sociales

El utopismo marxista propone una sociedad ideal en la que los obreros son los dueños de los medios de producción, por lo que no se ven alienados ni despojados de su propio trabajo.

Al desaparecer la diferencia entre obreros y propietarios, también desaparecen las clases y las tensiones históricas. Sin embargo, para que se produzca el tránsito al comunismo, el marxismo reconoce que antes ha de producirse un periodo en el que los trabajadores sólo mirarán por su propio provecho.

La importancia del marxismo es tal que es difícil contemplar el siglo XX sin atender a sus consecuencias políticas e ideológicas.

Muchos han sido los países que han tratado de llevar a la práctica el ideario marxista, aunque con poco éxito. La decadencia del sistema soviético pone en entredicho la viabilidad de un proyecto utópico que es difícil de ajustar a la realidad.

Desde el punto de vista de la filosofía, el marxismo influyó de forma notable en la obra de un gran número de autores, como Jean-Paul Sartre o los miembros de la Escuela de Frankfurt. En el mundo del arte también es posible encontrar referencias directas a la obra de Marx, como sucede con el surrealismo de André Breton.