Materialismo histórico

    El materialismo histórico nació en el siglo XIX de la mano de los pensadores Friedrich Engels y Karl Marx. A pesar de que fue el primero el que acuñó el sentido del término, éste estaba referido a las teorías del segundo.

    De esta manera, el materialismo histórico es la doctrina filosófica según la cual la historia es el resultado, sobre todo, de los procesos económicos, materiales. Frente a otras ideas típicamente idealistas y románticas, que defendían que la historia humana basaba sus estructuras en las ideas y el espíritu, los materialistas mantenían que se trataba precisamente de lo opuesto a la idea lo que hacía que el mundo fuese de una manera y no de otra.

    Bajo estos presupuestos se encuentra una antropología filosófica, una teoría compleja del hombre según la cual la naturaleza de éste viene determinada por las relaciones materiales que constituyen su entorno. Según Karl Marx, lo que define al ser humano son las relaciones laborales, su trabajo, lo que resulta de él, y la relación que se mantiene con los productos.

    Las ideas, que hasta el siglo XIX fueron entendidas como lo más sublime y valioso de la humanidad, pasaron a ser entendidas con el materialismo histórico como una mera consecuencia del estado económico y de las relaciones de poder. De esta manera, la religión o la propia filosofía sólo son ideología, palabras vanas que tienen como fin justificar el estado económico.

    Las relaciones de producción en las que se desenvuelve la vida del hombre constituyen una estructura elemental, que determina los procesos históricos, las ideas y la cultura, que constituyen lo que el pensador materialista llama superestructura.

    Sin embargo, esto no quiere decir que la historia y el hombre sean un resultado mecánico de las relaciones económicas que hallan en la base de la existencia. Bien al contrario, el hombre es una parte activa y fundamental dentro de la estructura, por lo que, desde una forma de organización adecuada, puede oponerse a los estados capitalistas para imponer un estado justo, en el que cada sujeto no se vea despojado de los productos de su trabajo.

    El valor del materialismo histórico no se encuentra tanto en los resultados prácticos de la doctrina misma, como en la constitución de un nuevo método de análisis de la historia, basado en la atención a la economía y a los procesos materiales.