Personalismo comunitario

    El personalismo comunitario es una corriente contemporánea del pensamiento que hunde sus raíces en los problemas que surgen a partir de la consideración política y filosófica del hombre como individuo aislado. Así, el movimiento personalista comunitario halla su origen en la obra de Emmanuel Mounier y se constituye como una propuesta ética y política.

    Las dos corrientes elementales contra las que se pronuncia el comunitarismo comunitario son el colectivismo, más concretamente el comunismo, y el individualismo, encarnado, sobre todo, por el existencialismo.

    Para Mounier, el primero supone una consideración del hombre en tanto que mero engranaje, en tanto que número que es despersonalizado y alienado de sus funciones y sus valores para rentabilizar su actividad.

    El segundo, el individualismo, aísla al sujeto hasta volverlo completamente inoperante y olvida el origen político de todas las dimensiones humanas.

    De esta manera, el personalismo comunitario parte del concepto de persona, que implica una visión del hombre en tanto que sujeto perteneciente a una comunidad.

    El movimiento asume además la existencia de Dios y el catolicismo. Así, aquél es definido a partir de su relación con la persona, que es dignificada y recibe de nuevo todos sus valores incondicionales.

    Por otra parte, el personalismo comunitario supone una política, una praxis encauzada a la transformación efectiva del mundo y la sociedad a partir de los ideales católicos aplicados a la persona.

    No en vano, las posturas de algunos de los integrantes del personalismo comunitario recuerdan, para algunos autores, a ciertas formas de anarquismo, que se dedican a luchar contra las instituciones sociales en tanto que órganos alienantes de la persona.

    El concepto de comunidad viene además a reforzar el de persona, que sólo adquiere su justo sentido dentro de aquélla.

    Algunos autores contemporáneos han criticado duramente el personalismo comunitario al denunciar que la corriente se apoya en argumentos confusos y en la asunción no crítica de algunos principios elementales de su pensamiento, como es la existencia incuestionable de Dios o su carácter misericordioso, lo que hace que lo puramente filosófico y político se mezcle desconsideradamente con lo que es estrictamente religioso.