Platonismo

    A grandes rasgos, se llama platonismo a los elementos más destacados del pensamiento de Platón, así como a todas aquellas doctrinas que se ajustan a él. En consecuencia, el platonismo constituye tanto los fundamentos de la filosofía del pensador ateniense como su presencia en la obra de otros autores, como Aristóteles o Arthur Schopenhauer.

    Por otro lado, y desde un punto de vista vulgar, se entiende por platónica toda aquella relación o realidad que se basa antes en las ideas que en la materialidad de las cosas.

    El platonismo se puede resumir en una serie de puntos fundamentales, entre los que destacan los que se detallan a continuación.

    Reconocimiento de dos planos ontológicos. Para Platón existen dos mundos o realidades diferentes: el de las ideas y el de lo sensible. El primero se caracteriza porque es unitario, inmutable y perfecto; el segundo, por la mutabilidad, el cambio y lo perecedero.

    De este dualismo ontológico se desprende además una jerarquía de valores. El mundo de las ideas siempre es más valioso que el de lo sensible, que el mundano, puesto que aquéllas son verdaderas, ciertas; mientras que lo cambiante no es seguro.

    Por esta razón, el platonismo implica que el verdadero saber debe dedicarse exclusivamente al conocimiento de las ideas, no al de lo sensible. No en vano, hasta la irrupción de la obra de Aristóteles no se recuperó el estudio sistemático y científico de la naturaleza.

    El dualismo ontológico platónico se traduce además en una antropología, que describe al hombre a partir de la escisión entre el alma, perteneciente al mundo de las ideas, y el cuerpo, sujeto a los instintos, el cambio y la muerte.

    Según los mitos platónicos, el origen del mundo sensible se halla en una especie de caída, de pérdida de sentido y claridad por parte de las ideas, y la función del saber es la de volver a aquéllas mediante la dialéctica.

    Un reflejo de estos elementos platónicos se puede encontrar en el cristianismo, doctrina religiosa reformulada a partir de la obra de Platón en la que se condena el mundo sensible y se privilegia lo espiritual, lo ideal.

    Establecimiento de una ética basada en la idea de bien. Del dualismo ontológico platónico se deriva una ética, en la que se describe cómo el hombre debe liberarse de las cadenas de lo sensible, de lo instintivo, para volver, a través de la razón y el ascetismo, al mundo de las ideas.

    La virtud, para el platonismo, se corresponde con la armonía entre las distintas partes que conforman al hombre, de tal modo que el alma debe regir el comportamiento del cuerpo, la voluntad o los instintos.

    La idea de bien supone, en este sentido, la culminación del mundo de las ideas, en el que éstas aparecen ordenadas jerárquicamente. Sin embargo, este bien es un bien intelectual, una especie de sol que permite desentrañar el sentido y la verdad de la realidad.

    Propuesta de un nuevo orden político. Sin embargo, a pesar de la importancia de la metafísica y la ética platónicas, en último término es la política la que dota de sentido al pensamiento del ateniense.

    Nacido en el seno de la polis griega, Platón pretendía con su metafísica y su ética establecer un nuevo orden político, una república en la que el filósofo, el sabio, es el que debe gobernar. Enfrentado, como su maestro Sócrates, a los sofistas, Platón quería acabar con el pluralismo y el relativismo de aquéllos, estableciendo una única verdad sólida, tal y como aparece descrita en su metafísica.

    De esta manera, si el buen gobierno depende de la capacidad para apreciar las ideas y los valores en tanto que tales, el sabio, el filósofo, es el ciudadano mejor preparado para gobernar.

    Un método y una forma de expresión. Por último, el platonismo implica además un método filosófico, que es el dialéctico, y una forma de expresión, que es el diálogo.

    El método dialéctico consiste en apreciar las ideas como tales en bloque, de forma unitaria, para luego ir dividiéndola en partes menores, que son a su vez analizadas por la razón.

    Los diálogos, por su parte, constituyen la forma expresiva más característica del platonismo. Así, Platón no exponía sus ideas sin más, a través de largos tratados, sino que hacía que en sus obras dialogasen los más insignes sofistas con Sócrates, que defendía las tesis más elementales del platonismo.