Positivismo lógico

    El positivismo lógico, también conocido como empirismo lógico, hace referencia a una corriente del pensamiento que nació a partir de la filosofía del Círculo de Viena hacia la segunda década del siglo XX.

    La idea fundamental del positivismo lógico consiste en la convicción de que la filosofía debe reducirse a filosofía del lenguaje, y que, en consecuencia, la única función del filósofo es la de analizar el sentido, la estructura y el alcance del lenguaje empleado en las distintas ciencias, incluida la propia filosofía.

    Las conclusiones más relevantes del positivismo lógico se hallan recogidas en la obra magna de Ludwig Wittgenstein, Tractatus Logico-philosophicus, en la que describe cómo sólo existen dos tipos de enunciados con sentido o con valor de verdad: aquellos que hacen referencia a la realidad física y, en consecuencia, pueden ser contrastados; y aquellos que, aunque no guardan relación con la realidad, son coherentes y verdaderos en virtud de su forma.

    Para el positivismo lógico, esto supone la negación del origen de la propia filosofía, la crítica más rotunda contra la metafísica, puesto que ésta está compuesta por una serie de enunciados que ni mantienen una relación directa con la realidad, ni son coherentes desde un punto de vista estructural.

    Esto llevó a Wittgenstein a afirmar que todos los problemas metafísicos son en realidad falsos problemas, que resultan de un mal uso y una mala comprensión del lenguaje.

    Dentro del positivismo lógico cabe distinguir la existencia de dos tendencias distintas: una que se dedicó al análisis del lenguaje científico y otra que se centró en el estudio del lenguaje ordinario.

    Dentro de la primera tendencia, destacan las obras de Rudolf Carnap y Hans Reichenbach.

    Dentro de la segunda, del estudio del lenguaje ordinario, destacan las aportaciones de Alfred Ayer, Gilbert Ryle y, sobre todo, Ludwig Wittgenstein.

    Muchos años después de la publicación del Tractatus, cuando parecía que Wittgenstein había abandonado la filosofía, el pensador austriaco publicó Investigaciones filosóficas, que constituye la obra más representativa del positivismo lógico en su vertiente de análisis del lenguaje ordinario.

    Entre sus ideas más relevantes destaca la comprensión del lenguaje común como un juego compuesto de herramientas, en el que cada concepto funciona a partir de su relación práctica con el mundo o con otros conceptos. También destaca la idea según la cual todos los lenguajes poseen el mismo valor.