Ontología

    Se llama ontología a la ciencia que tiene como objeto el estudio del ser en tanto que tal, en tanto que es y existe. De esta forma, se presenta como la parte más elemental, necesaria y fundamental de la filosofía.

    La ontología, que también se conoce como teoría del ser, es prácticamente idéntica a la metafísica, por lo que se suele confundir con ella; aunque, dependiendo del autor y del periodo filosófico del que se trate, se pueden establecer ciertas distinciones sutiles.

    En tanto que teoría del ser, la ontología se dedica al estudio de lo que es desde la más general de las perspectivas, lo que incluye el análisis de los entes, que son los objetos, las personas, los conceptos, las ideas o todo aquello que sea susceptible de ser considerado como real, incluyendo lo posible.

    Entre las preguntas más importantes de la ontología destacan la pregunta por qué es el ser en tanto que tal, por qué hay ser en lugar de no haber nada, cuál es el fundamento de lo que hay, cómo se establece la identidad de un objeto, qué es la esencia o qué es la existencia.

    Cada una de estas preguntas ha sido respondida de manera distinta a lo largo de la historia del pensamiento, destacando cuatro periodos fundamentales:

    La ontología clásica. La obra de Platón y Aristóteles constituye el origen de la ontología, a pesar de que ya los presocráticos, comoHeráclitoo Parménides, plantearon en toda su radicalidad la pregunta por el ser.

    La platónica es una ontología dualista, que concibe una realidad escindida por dos planos o dimensiones: el mundo de las ideas y el mundo de las apariencias. El ser en tanto que tal se halla en el primero, y es el que le da consistencia y fundamento a todo lo que existe.

    Sin embargo, la ontología aristotélica define el ser dentro de un solo mundo, y se centra en el estudio de la naturaleza a partir de las causas y las finalidades, el acto y la potencia, la sustancia y el accidente.

    La obra de Aristóteles supone además la primera ontología sistemática, y señala a un dios conceptual, el motor inmóvil, como el fundamento de todo lo existente.

    La ontología medieval. Los filósofos medievales concibieron el ser de lo existente a partir de la interpretación sesgada de la obra de los autores clásicos. Así, San Agustín hizo una lectura cristiana de la obra de Platón; y santo Tomás de Aquino se adhirió a la filosofía aristotélica para establecer una escolástica ortodoxa, que hallaba en Dios cristiano el origen, el fundamento y el ser de las cosas.

    La ontología moderna. La edad moderna es el periodo en el que se desarrolla formalmente la ontología, gracias a la distinción establecida por Christian Wolff entre las diversas ramas de la filosofía.

    Los autores racionalistas, como Descartes y Leibniz, identificaron el fundamento de lo real a partir de la idea de razón, encarnada en un sujeto puro y en un dios intelectual respectivamente. El primero mantuvo el dualismo platónico al distinguir la res extensa, ser material, de la res cogitans, ser pensante; y el segundo hizo de la realidad una emanación intelectual de la perfección ontológica divina.

    Tras la crítica radical de los autores empiristas, Immanuel Kant estableció la necesidad de limitar el alcance de la ontología, deslindando las fronteras que separan el conocimiento científico de otras formas de saber, como el metafísico.

    Así, para el pensador alemán, la ontología es completamente necesaria para determinar el conocimiento humano, ya que tiene la función de delimitar los objetos del conocimiento; pero la metafísica en sí misma no es una ciencia, ya que no trata objetos de los que se tenga una experiencia directa.

    Posteriormente, el idealismo alemán rompió los límites establecidos por Kant e identificó el ser con la racionalidad, con la idea, como se puede observar en la obra del idealista absoluto Hegel.

    La ontología contemporánea. La ontología contemporánea parte de la crítica radical que Friedrich Nietzsche hizo de la metafísica tradicional. Así, el pensador nihilista señaló que la ontología suponía una malversación de la existencia, que es pura vitalidad, y no un concepto o una idea que se deje pensar.

    El existencialismo de Martin Heidegger supone el desarrollo contemporáneo de esta visión del estudio del ser, que según él ha sido olvidado por los pensadores modernos. Para el existencialista alemán, la ontología debe volver a sus orígenes radicales, los planteados por Heráclito, y debe preguntarse por cómo la ausente se hace presente a través de una dialéctica existencial, en la que el hombre, en tanto que ser dotado de palabra, aparece comprendido como casa del ser.