Herejía

Se llama herejía a toda aquella doctrina que atenta contra el contenido de los principales dogmas de una religión cualquiera; o, en otras palabras, al enfrentamiento de una visión heterodoxa del hecho religioso frente a una ortodoxia generalmente aceptada. Aunque las herejías vayan dirigidas contra los contenidos de una religión, éstas pueden proceder no sólo del ámbito religioso, sino también de otros ámbitos como el científico, el filosófico o el político.

Las principales religiones monoteístas, por ejemplo, consideran que la admisión de la existencia de más de un dios (politeísmo) o la identificación de éste con el mundo (panteísmo), el cosmos o la naturaleza constituyen graves herejías; sin embargo, el politeísmo y el panteísmo no son sólo posturas religiosas, sino también corrientes filosóficas, como lo demuestra el hecho de que la mayor parte de los pensadores griegos clásicos eran politeístas o que el romanticismo y el idealismo alemán conducían de forma invariable a un panteísmo intelectual.

El concepto de herejía procede del griego, del término hairesis, que se utilizaba para designar tanto a una opción religiosa como a un grupo de creyentes. Así, en su origen, el concepto no tenía un sentido peyorativo, y sólo a partir del nacimiento de las religiones monoteístas, que son excluyentes, se empezó a utilizar el término con el sentido con el que se emplea en la actualidad.

En consecuencia, la figura del hereje sólo es posible, tal y como ésta es comprendida hoy en día, a partir de una concepción fundamentalista de las propias creencias. En la Grecia clásica, que era politeísta y democrática, no existían los herejes porque las religiones no se excluían entre sí. Sin embargo, a partir del surgimiento del judaísmo, el cristianismo y el islam, se empezó a tachar de "hereje" a toda aquella persona que no tuviese las mismas creencias que la mayoría.

Para el cristianismo, la herejía constituye la ruptura con la doctrina ortodoxa, que es la comúnmente aceptada, y supone un cisma que requiere de una reacción por parte de las instituciones religiosas, que son las que se encargan de salvaguardar la pureza de los cuerpos doctrinales vigentes.

Por otro lado, las herejías pueden proceder tanto de teólogos y especialistas en materia religiosa como de personas comunes, políticos, filósofos o científicos. Esto se debe a que lo grave dentro de la herejía no es la persona que sostiene una determinada tesis (aunque también puede influir), sino el daño que aquélla puede hacer a la tesis ortodoxa.

No es posible que dos tesis contrarias sean verdaderas al mismo tiempo, por lo que se hace necesario luchar contra las herejías desde un plano teórico.

En la historia del cristianismo, las herejías nacieron a partir del establecimiento de una norma en los concilios, por lo que se puede afirmar que el desarrollo del conciliarismo y el de las herejías constituyen dos procesos paralelos, que nacieron, de manera aproximada, hacia el siglo IV de la era moderna.

Sin embargo, las herejías no sólo fueron combatidas a partir de la celebración de concilios, sino también a partir de la obra de los pensadores religiosos más destacados. Así, san Agustín de Hipona o santo Tomás de Aquino lucharon contra las herejías más habituales de la edad media, que se estudiarán más adelante.

Por otro lado, a partir del siglo XIII aproximadamente, se creó un nuevo órgano institucional especial que se encargó de luchar contra las herejías de una forma más drástica: la inquisición. Si los concilios llegaban a excomulgar a los herejes o incluso al destierro, la inquisición dio un paso más y se encargó de procesarlos y de suprimirlos a través del ejercicio de la más excesiva crueldad.

No en vano, la inquisición española constituye uno de los episodios negros de la historia de la Iglesia católica, y se encargó durante varios siglos de acabar con la vida no sólo de aquellas personas que podían mantener tesis contrarias al dogma, sino también con la de todo aquel pensador, científico o artista que mostrase cierta heterodoxia.

De esta forma, la inquisición acabó con la vida de Miguel Servet por mantener que el bautizo debía realizarse en la edad madura o por poner en duda la naturaleza de la Santísima Trinidad; además, se ajustició a Nicolás Copérnico o a Galileo Galilei por mantener que la Tierra no se encontraba en el centro del universo.

En otras ocasiones, la inquisición se aliaba con el poder político para ajusticiar a los disidentes de los regímenes establecidos.

Entre las principales herejías reconocidas por la Iglesia católica destacan las siguientes:

Arrianismo

Las primeras herejías contra el dogma cristiano se centraron en la figura de Jesucristo. Entre ellas destacó el arrianismo, sostenida por Arrio, y que afirmaba que Cristo no era la encarnación de Dios, sino su criatura.

A través de un concilio, los encarnacionistas terminaron imponiendo su dogma, lo que supuso el destierro de Arrio.

Gnosticismo

El gnosticismo, además de constituir una herejía, fue una corriente filosófica que tuvo lugar en los primeros siglos posteriores al nacimiento y muerte de Jesucristo. Esta escuela se dedicó a mezclar el pensamiento griego con el cristiano, y dio como resultado el establecimiento de una serie de tesis que en principio, al no existir aún un cuerpo doctrinario, fueron aceptadas por algunos cristianos ortodoxos. Posteriormente, cuando se empezó a establecer el dogma, el gnosticismo fue acusado de herejía.

Según los gnósticos, el conocimiento de Dios sólo está reservado a unos pocos iniciados, y el mundo es una condena, una especie de infierno. Por otra parte, negaban que Cristo hubiese venido en cuerpo y alma al mundo porque era contradictorio con su ontología de corte platónica, y consideraban que el mundo no había sido creado por Dios, sino por un demonio, el demiurgo.

Maniqueísmo

El maniqueísmo, al igual que el gnosticismo y el arrianismo, nació hacia el tercer siglo después de Cristo, y mantenía que el mundo era el resultado de la lucha entre dos principios elementales: el bien y el mal. En consecuencia, contra lo que afirmaban las Sagradas Escrituras, el universo no había sido creado por Dios, sino por éste y el demonio, de tal modo que lo espiritual era lo bueno y lo material lo malo.

Esto suponía, entre otras cosas, la negación de la omnipotencia de Dios.

Pelagianismo

El pelagianismo supone la herejía más importante del medievo, y fue formulada por Pelagio hacia el siglo V de la era moderna. Según este autor, el pecado original no afecta a todos los hombres por naturaleza, tal y como sostenía la Iglesia, sino que sólo ha afectado a Adán. Así, según Pelagio, no había ninguna necesidad de redimir este pecado, por lo que la Iglesia perdía gran parte de su poder y de su sentido, y tampoco había necesidad de que Dios dotase a los hombres de gracia para salvarse.

Los principales autores de la escolástica se enfrentaron a esta herejía, y fue uno de los puntos elementales dentro del cisma entre los católicos y los protestantes.

Existen muchas otras herejías, y no sólo dentro del cristianismo. A grandes rasgos, cabe señalar que todas las religiones excluyentes entienden como herético lo que es contrario a sus dogmas.