Iglesia

Interior de la iglesia de Ottobeuren, Alemania

El concepto de iglesia hace referencia, de forma general, a la doctrina cristiana, que utiliza el término para designar a la totalidad de la comunidad cristiana, que se congrega alrededor de la figura de Jesucristo y de un cuerpo dogmático fundamental. La propia evolución del cristianismo ha conducido al establecimiento de diversas iglesias particulares, cada una de las cuales cuenta con sus propias propiedades y su propia interpretación de las Sagradas Escrituras.

Desde un punto de vista etimológico e histórico, el término "iglesia" tiene su origen en la civilización clásica griega, que llamó ekklesia a la comunidad de ciudadanos que se reunía con el objeto de debatir asuntos políticos. Posteriormente, el cristianismo incipiente adaptó el término a la comunidad específica de los fieles que seguían a Jesucristo. Por otra parte, se considera que la iglesia cristiana supone, en gran medida, una transformación de la antigua sinagoga hebrea, en la que se reunían los judíos con el objetivo de aprender y cultivar la ley sagrada, que aparecía retratada en el Antiguo Testamento.

No en vano, en el Nuevo Testamento se insinúa en más de una ocasión que la iglesia cristiana supone una mezcla de las ekklesia griegas y las sinagogas hebreas.

El sentido del concepto de iglesia tiene dos vertientes. Por un lado se refiere a una reunión específica y particular de creyentes en un sitio concreto; por otro, mucho más importante, y que hace referencia al ecumenismo, se refiere a la comunión universal de todos los seguidores de Jesucristo, rompiendo así con las barreras espaciales y temporales.

Este universalismo de la iglesia se basa en la idea de que la misión de Jesús era la de salvar a todos los hombres, y no sólo a un pueblo elegido (como sucede en el judaísmo). Así, para pertenecer a la iglesia cristiana sólo hay que pasar por la asunción de un rito o sacramento: el bautismo, que Jesucristo mismo recibió en el río Jordán de las manos de Juan el Bautista.

En la iglesia, pues, se conmemora la iniciación de Cristo, así como la comunidad de todos los fieles y el sacrificio de aquél por la salvación de todos los hombres. El funcionamiento de la institución está además sujeta a una rígida jerarquía de figuras religiosas: un clero alto, un clero medio y un clero bajo.

Aunque el encargado de oficiar los sacramentos en la iglesia es el cura, la cabeza visible de la iglesia, que es a su vez el representante de Jesucristo en la tierra, es la figura del papa, elegido por el clero superior.

Antes de estudiar la historia de la Iglesia, es necesario señalar que existe un gran número de iglesias particulares además de la mayoritaria, que es la católica, apostólica y romana. Entre ellas destacan la ortodoxa rusa, la ortodoxa polaca, la iglesia anglicana, la presbiteriana o la episcopal americana, que surgieron a partir de las disidencias dentro de la propia Iglesia católica.

Historia de la iglesia

Las persecuciones y el Edicto de Milán

A partir de la institución de la iglesia por parte de san Pedro, que recogió las palabras y las tradiciones impuestas por Cristo, el comienzo de la historia de la iglesia estuvo determinado por la persecución de los cristianos por parte de los romanos.

En tiempos de Nerón, los nuevos creyentes tuvieron que retirarse a las catacumbas, donde continuaron sus ritos y sus misiones al margen de la vida pública. Estas persecuciones duraron, de forma aproximada, tres siglos, en los que surgieron los primeros padres y los primeros mártires, así como la separación entre el clero y el pueblo laico.

Esta separación halla su origen en la tradición judaica, y desde el principio supuso una forma de degradación de la institución cristiana. Los sacerdotes buscaron inmediatamente los beneficios del sacerdocio, así como una serie de privilegios que les permitiesen vivir mejor. Por otro lado se arrogaron el derecho a impartir de forma exclusiva los sacramentos cristianos.

Pronto aparecieron las figuras del diácono, el presbítero y el obispo, a las que siguieron otras muchas figuras que no estaban contempladas ni en las escrituras ni en las palabras de Jesucristo. De esta manera, antes incluso de la celebración de los primeros concilios ya se desarrolló una institución eclesiástica que abandonaba, en gran medida, la originalidad y la pureza del culto instituido por los apóstoles.

Sin embargo, después de que Diocleciano ordenase la persecución más violenta que se conoce contra el cristianismo y sus escrituras, hacia el año 313 la iglesia se unió al estado gracias a las simpatías que la religión de Cristo despertó en Constantino el Grande, emperador de Roma. Éste fue el encargado de redactar y promulgar el Edicto de Milán, en el que se ordenaba el respeto del cristianismo y el cese de cualquier forma de persecución.

De esta manera, en apenas tres siglos, el cristianismo pasó de constituir un culto prohibido y marginado a convertirse en el principal aliado del poder romano en el mundo.

Por otra parte, en este mismo periodo empezaron a surgir las primeras herejías, que negaban el cuerpo doctrinal de la iglesia. Destacan en este aspecto el arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo; el gnosticismo, que entendía el mundo como el resultado de la acción de Dios y el diablo; el maniqueísmo, que negaba la omnipotencia de Dios; y sobre todo el pelagianismo, según el cual el pecado original sólo habría afectado a Adán, y no a la naturaleza humana.

La profusión de herejías en este periodo de la historia de la iglesia es del todo comprensible, ya que aún no se había podido instituir un cuerpo doctrinal fuerte y cohesionado. Sin embargo, a la vez que surgían las herejías también aparecieron los más importantes defensores de la ortodoxia cristiana, como san Agustín de Hipona (siglo IV).

En este mismo periodo surgió también una de las figuras más representativas del cristianismo: el monje. Mientras la iglesia y el estado se unían y la institución eclesiástica se llenaba de corrupciones, un egipcio, Antonio, se retiró a practicar el cristianismo lejos de las perturbaciones mundanas.

Los eremitas ya habían existido en otras religiones y eran figuras habituales entre los filósofos griegos, sin embargo, las instituciones monásticas fueron originales en el sentido en que crearon una forma de vida comunal basada en el silencio, el respeto y la fe.

La caída de Roma, la disgregación de la iglesia y la edad media

Hacia el siglo V, después de años de decadencia, el imperio romano cayó bajo el empuje de las hordas bárbaras. La disolución del imperio afectó sobremanera a la incipiente iglesia romana, que se disgregó en diversas iglesias menores y entró en un periodo de oscuridad que se prolongó a lo largo de toda la edad media.

La disgregación de la iglesia se ratificó de manera material en el año 1054, cuando la iglesia católica griega se separó de la de Roma.

En este periodo oscuro surgió además la figura del papa, de tal modo que empezaron a sucederse jefes de la iglesia de una manera desordenada y caótica. También surgieron las primeras misiones (a Gran Bretaña) y un nuevo concepto dentro del cristianismo: el purgatorio, que no aparecía ni en las Sagradas Escrituras ni había sido mencionado por Jesucristo.

El clero de esta época se caracterizó por el ejercicio de los más diversos vicios y por la incultura. Los textos sagrados eran raramente estudiados y el pueblo era dominado gracias al empleo de imágenes terribles y mitos inciertos.

En este contexto, en el año 612 surgió la figura de Mahoma, que dio lugar al islam. Este profeta árabe aceptaba muchos de los principios expuestos en el Antiguo Testamento, pero negaba el Nuevo y la figura de Cristo, que no era tanto el hijo de Dios como un profeta más.

La decadencia de la iglesia se prolongó durante toda la edad media, lo que no impidió que el papa Gregorio VII intentase imponer su poder sobre todo el mundo. Fue además este papa el que instauró la prohibición del matrimonio dentro del clero, y tuvo que enfrentarse a un gran número de gobernantes, como Enrique IV, emperador de Alemania.

A finales del siglo XI se produjeron las primeras cruzadas. Éstas implicaban una guerra santa entre los cristianos y los musulmanes, y surgieron a partir de la sospecha por parte del papa Urbano de que los turcos estaban ensuciando la tierra santa.

Sin embargo, los intereses de la iglesia iban mucho más allá de lo meramente religioso, y se pensaba que con las cruzadas el poder de la institución podía crecer mucho más gracias a la conquista de nuevos territorios.

Las cruzadas se produjeron hasta el siglo XIII, y gracias a ellas la iglesia acrecentó su poder sobre Europa y parte de oriente. Mientras tanto, los diversos papas se enfrentaron a los principales reinados europeos, y consiguieron, entre otras cosas, la rendición por parte de Gran Bretaña al poder religioso de Roma.

De manera paralela se instituyó la inquisición, institución eclesiástica que tenía el objetivo de perseguir y acabar con los herejes. La corrupción de la iglesia hizo que la institución se utilizase de forma interesada, y que se acabase con la vida de innumerables personas inocentes, así como con la libertad de los científicos y los filósofos, que tenían que rendir cuentas ante un tribunal. Miguel Servet, por ejemplo, fue asesinado por la inquisición, mientras que Copérnico o Galileo Galilei fueron excomulgados por defender el heliocentrismo.

En este contexto, cuando la iglesia se había convertido en una institución corrupta y apegada al poder, la irrupción de la imprenta en Europa condujo a un cambio radical dentro de la historia de la religión cristiana. Pronto se empezaron a leer de nuevo las escrituras, y surgieron nuevas figuras capaces de hacer frente a la corrupción de la institución.

La reforma

Después de estudiar detenidamente las escrituras y viajar a Roma, Martín Lutero se hizo consciente de la decadencia por la que atravesaba la iglesia desde hacía siglos. La institución basaba su riqueza no sólo en la guerra santa, en la inquisición o en su alianza con el estado, sino también, y sobre todo, en la concesión de indulgencias. Según el papa de Roma, el hombre estaba condenado por naturaleza, y la única manera de expiar sus pecados era obrando para la iglesia.

Esto significaba que los pecados, por grandes que fuesen, podían ser redimidos mediante la compra de una indulgencia. Martín Lutero clavó en las puertas de la iglesia de Wittenberg lo que se conoce como "las noventa y cinco tesis", que negaban, a grandes rasgos, la posibilidad de salvarse de la condenación mediante el pago de indulgencias al papa de Roma.

Martín Lutero fue excomulgado, y dio lugar al surgimiento de la iglesia protestante gracias al apoyo que encontró en Alemania en las dietas de Worms (1521) y Spira (1526). Además Lutero tradujo la Biblia al alemán, lo que propició que los creyentes pudiesen tener un acceso directo al verdadero contenido de la doctrina cristiana.

Los principios del protestantismo fueron presentados ante el emperador alemán en el año 1530, en lo que se conoce como "La Confesión de Agsburgo", en la que se rompe de manera definitiva con la iglesia romana.

A la reforma de Martín Lutero siguieron otras reformas europeas, como la de Juan Calvino, quien planteando unas posturas similares propuso una nueva institución eclesiástica, al margen de Roma, en Suiza y Francia.

Sin embargo, el papado romano actuó contra el surgimiento francés, y la persecución de los hugonotes (protestantes franceses) condujo a la muerte de más de 100.000 personas.

Esto no impidió que surgiesen nuevos movimientos protestantes en otros países europeos, como Inglaterra, así como la idea de que era posible y necesario establecer iglesias particulares que interpretasen las escrituras de forma autónoma.

La reacción de Roma a la disidencia de las diferentes formas de protestantismo no se hizo esperar, y en el año 1545 se celebró el Concilio de Trento, en el que la iglesia se limitó a reafirmarse en sus posturas autoritarias y tradicionalistas.

Por otra parte, el poder de la iglesia, que decaía en Europa, se estaba expandiendo por todo el mundo gracias al desarrollo del colonialismo. La conquista de América suponía no sólo una forma de enriquecerse para los estados, sino también un nuevo campo de cultivo para las formas más arraigadas de cristianismo.

Las misiones comenzaron a sucederse, y en el seno de la iglesia se produjeron importantes disidencias a partir del trato que se le estaba dando a los indígenas.

La Iglesia a partir del siglo XIX

A partir del siglo XIX, la Iglesia católica encontró en la filosofía y en la ciencia a sus nuevos contrincantes. Teorías como el evolucionismo de Darwin negaban el carácter divino de la creación y comprometían severamente la naturaleza humana.

Otras teorías políticas, como el comunismo, se basaban en la consideración de que "la religión es el opio del pueblo" (Karl Marx), y el nihilismo y el agnosticismo pasaron a convertirse en posturas muy extendidas.

En este contexto, la Iglesia católica se negó a aceptar los cambios que se estaban produciendo dentro de los ámbitos económico (capitalismo), social y científico, recluyéndose dentro de la tradición más obsoleta.

Sin embargo, la incompatibilidad entre la iglesia y los nuevos tiempos condujo a la celebración de diversos concilios, como el Vaticano II, en el que se inició cierta modernización de las instituciones eclesiásticas.

Un ejemplo de esta nueva postura de la Iglesia católica se halla en la creación de una corriente paralela al evolucionismo darwinista que pretende explicar la creación del mundo a partir de una interpretación forzada de las escrituras y cierto seudocientifismo que se conoce como la "teoría del diseño inteligente".

Por otro lado, el fenómeno de la disgregación de las iglesias cristianas hizo que en el siglo XX naciese lo que se conoce como el ecumenismo, que es el intento por parte de la Iglesia católica de volver a la concepción original de la iglesia como cuerpo de cristo, como realidad trascendental bajo la que se agrupan todos los credos cristianos, de manera universal.

En la actualidad, tras el papado de Juan Pablo II, que contó con la simpatía de la mayor parte de los cristianos, la Iglesia católica se enfrenta a unas nuevas situaciones sociales que ponen en crisis sus fundamentos.

El SIDA y la necesidad de utilizar preservativos para impedir el contagio de la enfermedad, la creación de nuevos modelos familiares homosexuales o la fe en la ciencia como una nueva forma de religión constituyen los principales problemas de una institución que se halla dividida por diversos sectores: los que pretenden conservar a toda costa las viejas tradiciones y las viejas morales y los que comprenden que la única forma de mantener viva la institución pasa por acercarse a la modernización de las ideas doctrinales fundamentales.

Por otra parte, mientras el número de católicos desciende en Europa, la iglesia busca una tabla de salvación en el tercer mundo, donde se establecen misiones humanitarias que tratan de extender la palabra de Dios.