Limbo

    Para el cristianismo, el concepto de limbo está estrechamente ligado a la existencia de un cielo y un infierno, así como a la positividad del pecado original. A grandes rasgos se puede definir como una región o un ámbito que bordea el infierno (el origen etimológico de la palabra quiere decir "borde"), que no llega a estar integrado en él, y al que van a parar aquellas personas y aquellos niños que están condenados por el pecado original, no porque hayan cometido ninguna clase de pecado por ellos mismos.

    Según el Antiguo Testamento, el pecado de Adán contra Dios se transmitió a la naturaleza humana, por lo que todos los hombres nacen con una culpa originaria, de la que sólo se puede escapar gracias al bautismo.

    Cuando un niño fallece antes de ser bautizado, muere sin expiar el pecado original, razón por la que no puede ir al cielo. Sin embargo, al no haber cometido ninguna clase de pecado positivo y consciente, tampoco se le puede mandar al infierno.

    Un tanto de lo mismo sucede con aquellos hombres que por alguna razón no han podido ser bautizados y mueren sin haber cometido ningún pecado contra la doctrina cristiana.

    El limbo, en consecuencia, es el ámbito especial reservado a este tipo de condenados.

    Según la tradición cristiana, existen además dos limbos diferentes: el de los niños, anteriormente descrito, y el de los patriarcas. Este último es aquel al que fueron a parar todos aquellos hombres que no pudieron ser redimidos del pecado original al no haber sido enviado aún Jesús a la Tierra. Posteriormente todos ellos fueron rescatados por el propio Jesús.

    El concepto de limbo no se halla presente en la Biblia, sino que nació a partir de la reflexión en torno al destino de aquellas personas que por una u otra razón no pudieron redimirse del pecado original. Se suele considerar que san Agustín fue el primer autor que trató el tema, preocupado por la herejía de Pelagio, y que fue Alberto Magno el que introdujo propiamente el término, encargándose santo Tomás de Aquino de hacerlo célebre.

    Los atributos y la realidad positiva del limbo fueron desde entonces estudiados por los más diversos teólogos y se debatieron en un gran número de concilios. En la actualidad se trata de un mito asumido por la mayor parte de los cristianos, que entienden que es el lugar al que van a parar los niños que han muerto antes de ser bautizados, a pesar de que la Iglesia sólo dice de él que es una "posibilidad teológica".