Orden sacerdotal

    La ordenación sacerdotal (también conocida como "sacerdocio") es una de las instituciones fundamentales del cristianismo. El sacerdote es un ser humano que siente la llamada de Dios, el nacimiento de la vocación, y que se acoge al cumplimiento de unas estrictas normas que determinan su existencia y le posibilitan dedicarse a oficiar los sacramentos heredados de la figura de Jesucristo.

    Para el cristianismo, el origen del sacerdocio se encuentra en la Última Cena, cuando Cristo reunió a sus apóstoles y ofició lo que se considera como la primera eucaristía. En ella, antes de sacrificarse por la humanidad en la cruz, tomó pan y vino y los santificó, transformándolos en su propio cuerpo y en su propia sangre. Posteriormente pronunció las palabras "haced esto en conmemoración mía", lo que según la iglesia cristiana, implica que mandó a sus apóstoles que erigiesen una iglesia y celebrasen ellos mismos la eucaristía.

    En consecuencia, los primeros sacerdotes fueron los propios apóstoles, a quien Cristo les dio poderes para llevar a cabo la transubstanciación, el perdón de los pecados o la propagación de la palabra de Dios.

    Las Escrituras también cuentan que Cristo ordenó dentro del sacerdocio a otros apóstoles, que posteriormente dieron lugar a la iglesia y a la ordenación de nuevos sacerdotes.

    Como se relata en los Hechos de los Apóstoles, los primeros apóstoles necesitaron pronto de nuevos sacerdotes para que les ayudasen a oficiar los sacramentos cristianos, y a partir de la celebración de los primeros concilios se empezó a fijar la norma que regula las obligaciones y los poderes de aquéllos.

    Por otra parte, en los concilios, como el de Trento, se trató la posición que ocupaban los sacerdotes dentro de la ordenación política de la iglesia, distinguiéndose diversos rangos y diversas ocupaciones.

    Los sacerdotes cristianos no fueron los primeros sacerdotes de los que se tiene noticia, ya que éstos ya existían en otras muchas expresiones religiosas, como el judaísmo.

    En la actualidad, el sacerdocio constituye uno de los sacramentos más elementales del cristianismo, y se ha convertido en una figura indispensable dentro de la vida de los fieles, puesto que es el que oficia la misa, los matrimonios, el perdón de los pecados o los entierros.