Pecado

Desde un punto de vista general, el pecado consiste en la transgresión de un mandato o ley divina de manera voluntaria. Así, cuando el mal se comete por ignorancia, no puede ser entendido como tal. En cualquier caso, la esencia del pecado hace referencia directa a la existencia de Dios, ya que aquél no tendría sentido de no existir una ley divina que se pueda transgredir. Así pues, el pecado, que posee unas connotaciones plenamente religiosas, se basa en la existencia de dos objetos elementales: unas normas divinas y la transgresión voluntaria de esas normas.

El concepto de pecado encuentra su origen en la filosofía cristiana, inaugurada por la obra de san Agustín. Éste hablaba ya del pecado como la negación voluntaria de la ley eterna de Dios. Muchos siglos después, desde la Escolástica, santo Tomás conservaba intacto el mismo sentido del término, aunque insistiendo en dos hechos: por un lado el carácter intencional y voluntario del pecado; y por el otro el hecho de que todo pecado es en realidad un atentado contra el propio Dios, y no contra la humanidad u otras naturalezas.

La comprensión del pecado se conservó intacta desde los primeros padres de la Iglesia católica hasta prácticamente la contemporaneidad, a pesar de que en el siglo XIX autores como Sören Kierkegaard o Fiodor Dostoievsky consiguieron dar nuevos matices a la significación del término. Para Kierkegaard, el pecado consiste efectivamente en la negación de la ley de Dios. Sin embargo, el pensador existencialista también admite que en el hecho de pecar ya hay una asunción del propio Dios y de su ley. Es decir, no se puede vivir en pecado a no ser que se asuma la fe de alguna manera. Por lo tanto, ningún pecado es lo suficientemente radical como para suponer la negación de Dios. Sólo se puede negar la existencia de éste desde la región que está comprendida más allá del fenómeno del pecado.

En el mismo sentido, el novelista ruso Fiodor Dostoievsky escribió un gran número de obras que no tenían otro fin que el de abordar la existencia de Dios y el sentido del pecado, llegando a afirmar que el hombre necesita de éste y del castigo para sentir que no está solo, que Dios existe, y que su conducta tiene un sentido concreto. La propuesta de Dostoievsky era realmente innovadora y brillante. Puede que el castigo que sigue al pecado contra Dios sea terrible; pero más terrible es encontrarse con que no existe pecado y que en consecuencia tampoco existe Dios. Sus personajes llegan de esta manera a buscar el pecado con el fin de encontrar a la misma divinidad.

El pecado original

Dentro del pecado merece una atención especial el pecado conocido como original, que es el pecado que inauguró el concepto y que lo llenó de sentido. El pecado original consiste en la asunción por parte del hombre de su libertad y su mortalidad. Según las Sagradas Escrituras, Dios expulsó a Adán y Eva del paraíso, donde todo era eterno y perfecto, por pecar contra su ley, por comer del árbol que tenían vedado.

El pecado original cometido por Adán marcó a toda la humanidad, según el cristianismo, y sumió la naturaleza humana dentro de la finitud y el sufrimiento. Así pues, la libertad era en realidad el resultado de una condena.

La mayoría de los pensadores que se han dedicado a estudiar el pecado original han mostrado un particular interés por demostrar la manera en la que el pecado pasó de Adán a todos los hombres existentes. Para los escolásticos, esto se debe a que todos los hombres comparten la misma naturaleza que Adán; para Kant, esto se debe a que las razones y las naturalezas escapan a los tiempos, y son eternas.

Otros autores como Kierkegaard han querido ver en el pecado original unas connotaciones puramente existenciarias. Para el pensador danés, cuando Dios prohíbe a Adán que coma del árbol prohibido le está abriendo un mundo de posibilidades, ya que le está dando por primera vez la opción de elegir. Este primer enfrentamiento del hombre con la posibilidad determina la naturaleza de todos los seres humanos, de tal manera que se convierte en su marca, en su primer gran pecado.