Purgatorio

    Según la Iglesia y la tradición católicas, el purgatorio es el lugar al que van a parar las almas de aquellos hombres que han pecado en vida sin haberse arrepentido, pero que no han llegado a cometer un pecado mortal, es decir: un pecado contra la figura de Dios, que implica el inmediato castigo del infierno.

    Así pues, el purgatorio no debe ser confundido con una región menor del infierno ni limítrofe con aquél, tal y como efectivamente sucede con el limbo. Bien al contrario, es un ámbito especial en el que los hombres expían sus pecados hasta ser merecedores de entrar en el cielo.

    El concepto de purgatorio ha producido un gran número de controversias dentro del cristianismo, ya que, según los protestantes o la iglesia ortodoxa, sólo es un invento de la Iglesia católica medieval para incitar a los fieles a que teman por su salvación con el fin de que paguen indulgencias a la iglesia.

    De hecho, la posibilidad de que los hombres pudiesen acelerar su acceso al Reino de los Cielos mediante el trabajo para la Iglesia católica y el pago de indulgencias fue lo que produjo la disidencia de Martín Lutero de la iglesia de Roma y el nacimiento del reformismo y el protestantismo.

    Así, según los teólogos y los exégetas de la Biblia, no existe ni un solo fragmento en las Sagradas Escrituras en que se haga una mención explícita del purgatorio.

    Sin embargo, después de que el papa Juan Pablo II negase la realidad del purgatorio y hablase del cielo y del infierno como meras metáforas en el año 1999, el actual papa Benedicto XVI, ha ratificado públicamente la existencia material del infierno y el purgatorio, lo que ha producido no pocas reacciones adversas.

    Por otro lado, la idea de un purgatorio no se halla presente sólo en la religión cristiana, sino también en el islam y en otras religiones orientales.