Budismo

    Ruinas de un templo budista en las afueras de Bangkok, Tailandia

    Una de las religiones más importantes del mundo, el budismo se define como la doctrina filosófica y religiosa que se desprende de las enseñanzas y las teorías de Gautama Buda, personaje fundamental dentro de la historia de la humanidad que vivió entre 563 y 480 a.C. Sin embargo, el hecho de que las enseñanzas de Buda hayan penetrado en diversas naciones regidas por diferentes sistemas políticos, ha hecho que con el paso de los siglos el credo budista haya sufrido importantes transformaciones. Las tres naciones en las que el budismo ha tenido una evolución y una presencia más notable son China, la India y Japón.

    Representación de Buda.

    El pensamiento de Buda y sus diversas interpretaciones se encuentran recogidos en diversos textos sagrados escritos en lengua pali, que están divididos en tres grandes categorías: dentro del grupo o “canasta” conocido como suta pitaka están incluidos los denominados sutras, que son las enseñanzas y los textos que se atribuyen directamente a Buda. En el grupo llamado vinaya pitaka se hallan todos aquellos libros que están dedicados a la enseñanza de una vida ejemplar, reservada a los monjes budistas. Por último, en el grupo conocido como abhidhamma pitaka se incluyen los textos de carácter metafísico, orientados a dar una visión doctrinaria y unitaria de la realidad. Dentro de los muchos caracteres que hacen del budismo una religión particular, completamente distinta a otras religiones mayoritarias como el cristianismo o el judaísmo, destaca el hecho de que se trata de una religión atea, sin dios. Así, no existe para los budistas una redención personal, una conciencia con la que hablar, una figura visible o intelectual que estime el mundo, que lo dirija, que lo dote de sentido. Para los occidentales, el budismo es en el fondo una filosofía que parte del más absoluto pesimismo. Así, Buda afirma que el mundo no es más que dolor. Vivir es sufrir, porque el sujeto no puede agarrarse a la existencia, que fluye sin parar. En este contexto, el pensamiento no es sino el vano intento del ego por sujetarse a lo que fluye, al dharma, lo que no hace sino causar más sufrimiento. El deseo es, en realidad, el responsable del drama de la existencia, ya que desear es algo completamente vano. El sinsentido del deseo se explica a partir de la fugacidad de las cosas. Como nada permanece, es imposible que el objeto que se desea satisfaga nunca al hombre, por lo que es mejor no desear y extirparse el deseo a través de la meditación, mediante la anulación del yo. Como se puede observar, el budismo es una religión abnegada, que parte de una caracterización negativa de la existencia para buscar la disolución del sujeto, su apagamiento mediante una estricta disciplina espiritual. Es más, la existencia misma está compuesta por un número indefinido de renacimientos que conducen a un nuevo dolor. Sólo el cese definitivo del deseo conduce al fin de los diversos ciclos de renacimiento. Mientras las pasiones sólo conducen al dolor y a la maldición (karma), la extinción del deseo de vivir conduce a la única forma posible de felicidad, que es la nada, el nirvana. Sin embargo, el camino hacia el nirvana no es sencillo. Los textos sagrados describen ocho vías para alcanzar ese estado sagrado, que pasan por la justicia, la concentración y la mentalidad.

    Dentro del budismo se suelen distinguir dos grandes escuelas o vías. La primera, la llamada del “pequeño vehículo”, se caracteriza porque reserva la salvación exclusivamente a los monjes, que son los destinados a alcanzar el nirvana. La segunda, conocida como el “gran vehículo”, es aquella que está al alcance de todos los fieles, y en lugar de basarse en el nirvana, emplea como fundamento la caridad y la compasión.