Hinduismo

Brahma, el dios supremo del hinduismo.

Término referido al conjunto de creencias religiosas, ritos, mitologías y características de la sociedad hindú. Basado en una serie de textos sagrados, su aspecto religioso está fuertemente inclinado hacia la práctica ritual, meditativa y ascética. Presenta numerosas tendencias. Sus orígenes se remontan a la entrada de los pueblos indoeuropeos en la India, alrededor del 1500 a.C., y a la creación del conjunto de los textos sagrados de la primitiva religión hindú, los Vedas, cuyos más antiguos testimonios escritos datan de entre los años 1300 y 1000 a.C.

Elementos principales del hinduismo

Entre los elementos fundamentales del hinduismo pueden citarse los siguientes:

a) La creencia en una realidad suprema, única e infinita, en que existen todas las cosas limitadas; b) el carácter ritual, heredado de la antigua religión de los Vedas; c) la devoción y el culto a los dioses, surgida entre los siglos II a.C. y II d.C., y dirigida a una de las dos divinidades principales, Visnú y Siva, o a otro de los dioses del panteón hindú.

Para el hinduismo, el principio fundamental es el del brahman, la realidad suprema, el principio, la causa, la razón de ser y el fin de todo lo existente. Este principio es eterno, increado e infinito, comprende todo lo existente, y es el fundamento del ser y del no-ser de todo. Es un principio trascendente a la realidad, aunque también es inmanente, puesto que constituye el propio ser (atman) de todas las cosas. Para los hindúes, la máxima sabiduría es la conciencia de la identidad del brahman con el universo y con el ser humano, más allá de la limitación de éste.

La idea del brahman es interpretada de diferentes maneras según el texto y la época en que aparece. En los Vedas, es la realidad suprema a partir de la cual es creado el mundo, un mundo al que dan forma los dioses védicos: Indra, Varuna, Agni o Soma. En los Upanishads, el brahman es identificado con Prajapati, dios impersonal al que se rinde un culto de carácter filosófico y místico. En este dios se expresa un pensamiento fundamental del hinduismo, pues Prajapati es lo Uno y único existente, y a la vez es el Todo. De él surge por emanación y autodiferenciación todo el universo y los demás dioses. En él está el principio de la creación y la destrucción de todas las cosas. Esta destrucción tiene una doble cara: la destrucción de las cosas es el paso necesario para su renovación y su regeneración; el cambio es concebido como destrucción de unas cosas para dar lugar a otras nuevas. De este modo, cobra sentido otro de los aspectos principales del hinduismo: el carácter cíclico del tiempo y del mundo.

Posteriormente, Prajapati será presentado por medio de las tres figuras fundamentales del actual hinduismo: Brahma, dios creador de seres; Siva, por su carácter destructor y regenerador, y Visnú, por su carácter creador y preservador. Estos tres dioses constituyen la Trimurti, “lo Uno con tres formas”.

Asociadas a la idea del brahman se encuentran otras doctrinas propias del hinduismo, como son la doctrina de la transmigración del alma tras la muerte de la persona y su reencarnación en otro ser, comenzando un nuevo ciclo en la realidad. Directamente relacionado con la reencarnación se encuentra el karma, que se refiere al estado de armonía con el universo en que se encuentra el alma de una persona al morir, y que determina el carácter de su siguiente reencarnación.

Destaca también la moshka, o la tendencia hacia la emancipación final del ciclo de las reencarnaciones (samsara), y la reintegración final en el brahman, más allá de la existencia fenoménica.

Por último, el ideal de ahimsa, o de la ausencia de deseo de infligir daño alguno. Esta doctrina está ligada a la creencia de la interconexión de todas las cosas y es la base de las consideraciones éticas del hinduismo; de ella se derivan el vegetarianismo y el culto sagrado a las vacas.

Las fases vitales y los caminos hacia la salvación

Carácter doctrinal tiene también la idea de los cuatro ashramas, o fases de la vida del hombre. Estas fases son: la de estudiante (brahmachari); de cabeza de familia (grihastha); de retiro contemplativo al bosque (vanaprastha); y de ascetismo (sannyasin). La necesidad de pasar por estas cuatro fases está ligada a la oposición que se da en el pensamiento hindú entre el ideal de la vida activa y meritoria (pravrtti), ligado al culto a Visnú, y el de la vida ascética y la renuncia (nivrtti), ligado al culto a Siva.

En cuanto a la salvación, se distinguen tres caminos o margas: el camino de las obligaciones (karma-marga), ligado a las prácticas rituales; el camino del conocimiento (jnana-marga), ligado al ascetismo y a la contemplación mística de los misterios del universo y la religión, y el camino de la devoción (bhakti-marga), ligado al culto devoto a un dios determinado, concebido de manera personal.

Aspectos socioculturales del hinduismo

La religión hinduista tiene aspectos socioculturales de gran importancia, pudiendo destacarse la división de la sociedad en varias castas, o clases, cada una de ellas con derechos, obligaciones y atribuciones propias: los brahmanes o sacerdotes, los ksatriyas o guerreros nobles, los vaisyas o gente común y los sudras o sirvientes. Por debajo de todos éstos están los intocables, una clase sumida en la mayor marginación, con la que el resto de castas no puede tener ningún tipo de trato.

Aspecto importante del hinduismo lo constituye también su marcado carácter ritual. Los Vedas están consagrados en gran parte a describir la forma establecida de las ofrendas rituales que deben rendirse a los dioses con ocasión de todo tipo de acontecimientos. Se concede gran importancia a la ejecución de los ritos, pues los Vedas les atribuyen la función de mantener el orden y el movimiento del universo. En tiempos remotos fueron un factor determinante en la adquisición por los brahmanes de una posición social dominante, y en el establecimiento del sistema de castas.

El hinduismo no reconoce una autoridad central. A pesar de la importancia de los brahmanes, en esta religión no existe una organización estable ni jerarquías definidas, más allá del sistema de castas. Únicamente tiene importancia la creencia en la autoridad de los Vedas y de los brahmanes.

Una característica destacada del hinduismo es la complementariedad de todas las doctrinas o dogmas. Acorde con su creencia en la interconexión de todas las cosas y de los poderes divinos, para el hinduismo ninguna doctrina muere, sino que es incorporada al cuerpo de creencias y fundida con él. Además, puesto que lo divino es infinito y está más allá de toda posible explicación, el hinduismo no contiene la idea de una única expresión de la verdad religiosa.

Los textos doctrinales del hinduismo

Entre los principales textos hinduistas se puede distinguir entre los textos antiguos, destacando los Vedas y los Upanishads, por un lado, y los textos de la época de los Puranas.

Los Vedas (Libros de la sabiduría) están compuestos por los siguientes libros: el Rigveda (Sabiduría de los versos), el Yajurveda, el Samaveda, y el Atharvaveda (1500-1300 a.C., aproximadamente). A éstos les siguen los Brahmanas, los Aranyakas y los Upanishads (700-500 a.C.). También los Vedangas y los Kalpa Sutras, textos aforísticos referentes a aspectos rituales. Por último, hay que añadir los Dharma Sutras y los Dharma Sastras, bases de las leyes hindúes.

En los Vedas los principales dioses son Indra, dios de la guerra y la lluvia; Varuna, guardián del orden cósmico; Agni, dios del fuego cósmico; y Soma, referido a una bebida alucinógena ritual. También Visnú, un dios solar, y Rudra, dios de las montañas y la tormenta, tienen ya un papel en los Vedas. De esta época destacan las narraciones míticas de hechos de los dioses, entre ellas el mito de la victoria de Indra sobre el dragón Vrtra, asociado a la fertilidad de la tierra por el monzón, así como a la conquista de la India por los pueblos arios indoeuropeos.

En los Upanishads se desarrolla una exposición de la religión hindú de un carácter especulativo y místico, en la que la realidad suprema, Prajapati, es presentada en términos filosóficos.

En cuanto a los textos de la época de los Puranas, destacan los mitos épicos del Mahabharata y el Ramayana, compuestos entre los siglos II a.C. y II d.C.; el Bhagavadgita, poema incluido en el Mahabharata y el más influyente texto del hinduismo actual, y los Puranas, que presentan sistemáticamente mitos, leyendas y genealogías de dioses, héroes y santos.

Con la composición del Mahabharata y el Ramayana comienza la transición en el hinduismo desde el brahmanismo antiguo a su forma moderna. Se da una transición desde el culto especulativo y ascético hacia la forma devota del hinduismo, de influencias teístas, y con un carácter más popular. En ellos se desarrollan las figuras de Visnú, que aparece en dos de sus encarnaciones o avatares.

En el Mahabharata se narra la lucha entre los Pandavas, hijos de Pandu, y los hijos de Dhrtarastra. En ella aparece Krishna, uno de los avatares de Visnú y una figura de gran importancia en el hinduismo posterior. El Mahabharata incluye el Bhagavadgita, un poema que contiene algunas de las doctrinas más importantes del hinduismo actual, y la distinción entre las tres orientaciones principales del hinduismo: la ritual, la ascética y la devota. Es un texto de carácter popular, que contribuyó a contrarrestar la fuerza del ascetismo que había dominado desde la época de composición de los Upanishads. Establece un ideal de vida en sociedad, y la dedicación desinteresada a las actividades de la vida cotidiana. Por otro lado, desarrolla una importante justificación del sistema de castas. El Bhagavadgita contribuyó a establecer y a glorificar el carácter devoto del culto a Visnú.

El Ramayana es el relato del príncipe Rama, otro de los avatares de Visnú. Atribuido al sabio Valmiki, el Ramayana cuenta cómo Rama es expulsado de su reino junto con su mujer Sita y su hermano Laksmana. Sita es raptada por el demonio Ravana y Rama y su hermano parten en su busca, hasta que tras una batalla de carácter cósmico la liberan, recuperando el reino. En el Ramayana, Rama representa el ideal del reinado justo, del amor conyugal, del respeto al padre y del amor filial.

Por último, los Puranas desarrollan las figuras principales del actual hinduismo, Visnú y Siva. Visnú es el dios que protege el orden del mundo y representa el ideal de la vida activa y el reconocimiento social. Su compañera es Lakmi, diosa del loto, propiciadora de belleza, riqueza y buena suerte. En cambio, Siva, un dios que ya aparecía en los Upanishads con el nombre de Rudra, representa todo aquello que está más allá de los dominios de Visnú: es el dios de la soledad, de lo desconocido, de la naturaleza salvaje, de la destrucción y del caos. En Siva evoluciona el carácter infinito y contradictorio de Prajapati y su reunión en una sola realidad de fuerzas opuestas. Siva sigue representando el ideal ascético de renuncia al mundo y de contemplación filosófica de la realidad que surgió en los tiempos de los Upanishads, pero su figura no toma fuerza hasta la composición de los Puranas. Su compañera es Parvati, “la hija de las montañas”, que también aparece como Kali la negra, o como Durga la inaccesible, y comparte los aspectos más temibles de Siva.

Evolución histórica del hinduismo

La historia de la civilización hindú muestra una evolución y una progresiva inclusión de nuevos elementos, que se van superponiendo a la base más antigua.

A grandes rasgos, la religión hindú presenta dos formas históricas: por un lado, el brahmanismo antiguo, basado en los Vedas, el cuerpo más antiguo de doctrinas del hinduismo, escritos entre los años 1300-500 a.C.; los principales dioses objeto de culto en esta época son Indra, Varuna, Agni, Soma o Surya, y, sobre todo, Prajapati, dios impersonal y trascendente, identificado con el Todo. De otro lado, el actual hinduismo, surgido del anterior y basado en los relatos épicos y los Puranas, escritos entre los años 200 a.C. y 400 d.C.; en esta etapa se tornan preponderantes dos dioses secundarios de los Vedas, Visnú y Siva, junto con Brahma.

Además de estas dos grandes formas de la religión hindú, se han dado diversas y variadas orientaciones en la historia del hinduismo: el culto ritual propio de la época del brahmanismo; el ascetismo y el culto filosófico a Prajapati, de carácter monista y panteísta; el yogismo, dedicado a la disciplina mental y física; la devoción (bakhti) a un dios determinado, principalmente Visnú; el sakhtismo, que propugna la creencia en una energía creativa divina que atraviesa todo el universo (sakhti), asociada a una divinidad madre; el tantrismo, que propugna la canalización de esa energía o sakhti para lograr la armonía del cuerpo y del universo, transformando el caos en orden.

El budismo y el jainismo también son derivaciones del hinduismo antiguo, si bien al negar la autoridad de los Vedas como textos más antiguos de la religión hindú, quedan escindidos de su corriente principal. El budismo tuvo una gran influencia en la India especialmente durante el imperio de los maurya, en el siglo III a.C. Al final de este periodo se da un resurgimiento del brahmanismo.

A partir del siglo II d.C, con la dinastía gupta, el hinduismo experimenta un gran desarrollo y se construyen gran cantidad de templos. Hasta el siglo X se consolidan los cultos dedicados a Visnú y Shiva, y se afianza la vía devota del hinduismo, impulsada por poetas y shamanes. Además, el hinduismo experimenta una importante difusión por el sudeste asiático y las islas del Pacífico.

En el siglo XI, el norte de la India queda bajo el dominio del islam, que no aceptará numerosos aspectos del hinduismo, como los sacrificios y rituales, el politeísmo, el carácter sagrado de la vaca o el sistema de castas. La época del dominio del islam será el origen de profundos conflictos que aún no se han resuelto.

A partir del siglo XIX, bajo el dominio británico, el hinduismo fue testigo de diversos intentos de reforma, manifestándose tendencias monoteístas, por influencia tanto del islam como del cristianismo. También se dieron tendencias con influencias europeas que buscaban democratizar la vida de los hindúes, rechazando el sistema de castas o la discriminación social de las mujeres.

Por último, a lo largo del siglo XIX, a medida que se afianza el dominio británico, surgen tendencias nacionalistas, que propugnan la liberación de la tutela inglesa, y el reforzamiento de la religión y las formas tradicionales de la sociedad hindú. La culminación de este movimiento se da con la figura de Mahatma Gandhi, ejemplo espiritual para los hindúes y líder de la resistencia pacífica contra el gobierno colonial, que acabaría llevando a la independencia de la India y Pakistán en 1947. La división en estos dos países, motivada por las diferencias entre los hindúes y los musulmanes de Pakistán, produciría numerosos conflictos entre ambos y entre las dos comunidades religiosas, especialmente en la región de Cachemira, conflictos que perduran hoy en día.