Protestantismo

Catedral de Helsinki,

Se llama protestantismo al movimiento religioso e intelectual surgido en el centro de Europa en los inicios del siglo XVI, que terminó dando lugar a una serie de iglesias disidentes, que rompían con la ortodoxia y el poder central que representaba la Iglesia de Roma. En la actualidad, el protestantismo consiste en todas aquellas doctrinas e iglesias que toman la reforma emprendida contra la Iglesia católica como base para el establecimiento de una doctrina propia.

Concepto y tendencias

Aunque, a grandes rasgos, los protestantes toman como fundamento de su fe los mismos elementos que conforman el cristianismo, su caracterización de éste varía con respecto al catolicismo en lo que se refiere a la comprensión de los sacramentos o a la forma de tratar determinadas cuestiones de fe, como la predestinación, la gracia de Dios o la importancia que algunas figuras sagradas, como la Virgen María, ejercen en la doctrina cristiana.

Aunque el origen intelectual del protestantismo se halla, a grandes rasgos, en diferencias doctrinales entre la Iglesia de Roma y otras iglesias, algunas formas de protestantismo surgen dentro y a partir de unas circunstancias políticas, culturales y sociales diferenciadas, como se puede observar en la Iglesia anglicana.

El concepto de protestantismo fue utilizado por primera vez por los católicos de Roma, y nació dentro de la consideración negativa de aquellos príncipes y aquellos fieles que negaban la autoridad de la Iglesia central y ortodoxa del Vaticano. Este fenómeno se produjo primeramente en Alemania, gracias a la incansable obra del teólogo reformista Martín Lutero, y luego se extendió a otros países europeos como Francia, Suiza, Bélgica y, finalmente, Inglaterra. El nacimiento del concepto de protestantismo se halla ligado además al edicto de Worms, que aprobaba el luteranismo en toda Alemania.

Si los católicos empleaban el término protestante en un sentido peyorativo, los protestantes preferían ser llamados, por el contrario, de otra forma que reflejase la autenticidad de sus propuestas y la originalidad de su fe, fiel a las primeras manifestaciones del cristianismo. Así, se hacían llamar "evangelistas" o "estados cristianos".

Dentro del primer protestantismo se pueden distinguir diversas tendencias o manifestaciones, destacando la original, planteada por Martín Lutero en Alemania a partir de la crítica a la concepción católica de la gracia y el pecado original; el protestantismo de Ulrico Zuinglio, en Suiza, que destacaba por su carácter puramente humanista, acorde con las tendencias renacentistas; la variante planteada por Juan Calvino en Francia, que radicalizaba los planteamientos del luteranismo, y, finalmente, el protestantismo de la Iglesia anglicana, que se acercó a las posturas de Martín Lutero y Juan Calvino después de romper con la Iglesia de Roma a partir de las diferencias que surgieron entre Enrique VIII y el papa católico.

Al margen de estas doctrinas "ortodoxas" dentro del protestantismo, cabe señalar la existencia de otras formulaciones, que se caracterizan tanto por la ruptura con Roma y el catolicismo como por su separación del protestantismo nacional y oficial de Centroeuropa. Los anabaptistas, por ejemplo, se caracterizan por su negación de la validez del bautismo en la infancia, que consideran carente de realidad, sentido y representatividad.

Los anabaptistas niegan el sacramento del bautismo tal y como es interpretado dentro de la Iglesia católica porque consideran además que Jesucristo, fundamento del cristianismo, sólo se bautizó cuando ya era un adulto.

La doctrina protestante

La doctrina que mejor define la postura de todos los movimientos protestantes es la de la reformulación del concepto de gracia. A partir de los últimos años de la edad media, la Iglesia católica empezó a basar su riqueza en el cobro de indulgencias a los creyentes.

Esto implicaba que la gracia de Dios, que es la que posibilita la salvación del alma, no sólo dependía de la fe, el pecado original y los designios absolutos de Dios, sino que la propia Iglesia podía conceder la gracia a través del pago de dinero al papa de Roma.

Según Martín Lutero, esta concepción de la gracia suponía una negación de las bases elementales del cristianismo. A partir de su interpretación de la Biblia, el reformador alemán creía que el pecado original era completamente determinante en lo que se refiere al destino de los hombres.

Así, éstos tienen una tendencia natural al error y al pecado, que sólo puede redimirse a través de la concesión de la gracia por parte de Dios. Es decir, cuando un hombre era dotado con la gracia podía sobreponerse a la huella del pecado original y podía realizar actos piadosos, que lo llevarían a la salvación.

En consecuencia, la gracia y la salvación no se podían comprar, y los mediadores entre Dios y los hombres, la Iglesia y sus sacerdotes, perdían gran parte de su poder y su influjo.

Estos temas ya habían sido tratados con anterioridad por pensadores como san Agustín y santo Tomás de Aquino. Sin embargo, la propia Iglesia de Roma se había distanciado de la interpretación coherente de los textos sagrados a partir de un proceso decadente, caracterizado por la corrupción y la incultura.

En este contexto, el protestantismo suponía un retorno a las ideas fundacionales de la doctrina cristiana, que certificaban la realidad de la predestinación y el carácter invariable de la ley divina. En otras palabras, tanto para el protestantismo como para el cristianismo original, desde la creación del mundo y los hombres, Dios ya había elegido a los que se salvarían, y ninguna clase de trabajo o indulgencia podía variar lo que ya estaba decidido desde el principio de los tiempos.

El teólogo francés Juan Calvino, por su parte, adaptó estas ideas a un contexto cultural y económico diferente, dando lugar a un nuevo estado político. Según el calvinismo, el que un hombre se encontrase bajo la gracia de Dios y fuese elegido para la salvación se podía advertir en su fortuna, en la manera en la que se comportaba, como si estuviese tocado por la suerte no sólo en lo que se refiere a los asuntos espirituales, sino también a los económicos.

De esta comprensión de la gracia, el pecado original y la salvación, los protestantes derivaron otra de sus ideas más relevantes: sólo existe una autoridad divina, y ésta se puede encontrar en la lectura de la Biblia. Así, todo lo que la Iglesia católica ha ido decidiendo durante la historia a partir de la celebración de concilios carece de realidad y autoridad religiosa. Por ello, los protestantes niegan muchos de los sacramentos católicos y todas aquellas realidades de fe que no aparecen de forma explícita en los textos sagrados, como la existencia de purgatorio, la autoridad universal del papa de Roma o la virginidad de la Virgen María.

Los protestantes suelen expresar sus doctrinas y sus posturas religiosas a través de lo que se conoce como "confesiones de fe", en las que manifiestan su propio credo. Las confesiones de fe más relevantes del protestantismo son la de Augsburgo y la de Westminster.

La consecuencia directa de todas estas ideas es el carácter completamente original del protestantismo. Es decir, los protestantes consideran que el catolicismo es una forma desviada de cristianismo, y que sus ideas no suponen tanto una forma de transgresión como un retorno sincero a las primeras teorías cristianas, que retoman después de la oscuridad que la iglesia de Roma vertió sobre la verdadera fe durante la edad media y la primera modernidad.