Historia del protestantismo

Desde un punto de vista histórico, el protestantismo constituye una de las manifestaciones más importantes del cristianismo, representando una nueva forma de rupturismo moderno que ha terminado dividiendo a la religión cristiana en tres grandes sectores: el católico, el ortodoxo y el protestante.

Orígenes y fundamentos del protestantismo

La Iglesia cristiana ya se había visto dividida en el siglo XII por el cisma de Oriente, dando lugar a las iglesias independientes católica y ortodoxa. Tras la separación de estas dos iglesias, la de Roma trató de imponer su poder en toda Europa, estableciendo importantes alianzas con los príncipes y gobernantes de las principales naciones europeas.

Sin embargo, la decadencia de la institución católica en los últimos siglos del medievo condujo a la irrupción de una serie de figuras que pretendieron acabar con la hegemonía del poder central de Roma. Antes incluso de que naciese el protestantismo en tanto que tal, ya se habían dejado oír voces dentro de la propia Iglesia católica que criticaban la corrupción y la decadencia.

A partir del siglo XVI, estas propuestas rupturistas recibieron el nombre de protestantismo, movimiento que nació a partir de la incansable labor teológica y crítica de Martín Lutero en Alemania para luego extenderse a otras naciones, como Francia, Suiza, Países Bajos e Inglaterra.

El concepto de protestantismo en tanto que tal nació en la segunda Dieta de Spira, que se celebró en el año 1529 y en la que los católicos emplearon el término para referirse de forma despectiva a las corrientes rupturistas surgidas en Alemania y Francia durante el primer cuarto del siglo XVI.

La reforma de Martín Lutero

El protestantismo nació de forma oficial en 1517, cuando Martín Lutero clavó sus 95 tesis en las puertas de la iglesia de Wittenberg. Estas tesis constituían una crítica radical a las indulgencias aprobadas por la Iglesia central de Roma, con las que los fieles podían comprar su salvación.

El cobro de indulgencias se había convertido en una práctica corriente en los últimos años de la historia de la Iglesia católica, y gracias a ella los papas se estaban enriqueciendo, lo que se podía advertir en la construcción de la monumental basílica de San Pedro en el Vaticano, ordenada por el papa Julio II.

Martín Lutero fue excomulgado por la Iglesia de Roma, aunque pronto encontró el apoyo de los príncipes alemanes, que lo protegieron. Gracias a la imprenta, Lutero pudo dar a conocer su reforma en toda Alemania y en determinadas partes de Europa, alcanzando con rapidez una gran aceptación.

El luteranismo recibió el espaldarazo definitivo a partir de la Dieta de Worms, en la que Lutero expuso sus posturas de forma oficial en el año 1521.

A partir de la expansión del luteranismo en Alemania y parte de Europa empezaron a surgir nuevas figuras y nuevos movimientos reformistas, destacando los siguientes:

La reforma de Zuinglio en Suiza

Al igual que hiciese Lutero en Alemania poco antes, el pastor suizo Ulrico Zuinglio propuso la ruptura con la decadente iglesia romana a partir de la consideración de una idea fundamental: el catolicismo se había alejado de las verdades originales del cristianismo, por lo que los auténticos cristianos debían abandonar la ortodoxia romana para volver a la interpretación literal de la Biblia, lo que implicaba negar la materialidad del sacramento de la eucaristía para pasar a entenderlo como una mera forma simbólica, en la que no se producía ninguna clase de transustanciación.

La reforma de Calvino en Francia

Juan Calvino, al igual que Zuinglio y Lutero, consideraba que era necesario romper con Roma para volver al culto original de Cristo. En el caso de Calvino, las reformas religiosas fueron acompañadas por un nuevo modelo político, que puso en práctica en Ginebra. A partir de la reforma de Juan Calvino el protestantismo se extendió por Francia, Escocia y los Países Bajos, dando lugar a la Iglesia presbiteriana.

La reforma anglicana

Aunque la iglesia de Gran Bretaña se mantuvo fiel a la de Roma durante los primeros años del protestantismo, ésta terminó adhiriéndose a las nuevas propuestas revolucionarias cuando Enrique VIII quiso divorciarse de Catalina de Aragón.

El rey de Inglaterra quería casarse con Ana Bolena, por lo que necesitaba que el papa de Roma anulase su anterior matrimonio. Sin embargo, cuando éste se negó a conceder la anulación, Enrique VIII creó una iglesia independiente, que terminó asumiendo con posterioridad algunos de los principios elementales del protestantismo.

Desarrollo del protestantismo

Después de la institución de las formas más relevantes de protestantismo, su desarrollo estuvo marcado por las guerras y los intereses políticos. Así, ya no se trataba sólo de defender la originalidad del cristianismo, sino también de perpetuar un nuevo modelo de estado que rompía con el imperio católico.

Las guerras religiosas se desarrollaron en Alemania durante todo el siglo XVI y repercutieron en la guerra de los Treinta Años; mientras que en Francia los hugonotes (protestantes calvinistas) se enfrentaron a los católicos en una cruenta guerra.

A partir de la segunda mitad del siglo XVII, gracias en gran medida a la Paz de Westfalia (1648), el protestantismo empezó a asentarse en toda Europa, dando lugar a nuevas expresiones reformadoras de carácter radical, como el pietismo, el racionalismo y el evangelismo.

Durante el siglo XIX, el protestantismo salió de Europa para asentarse en muchas de las colonias que países como Holanda e Inglaterra tenían repartidas por todo el mundo, lo que explica la multitudinaria presencia de protestantes en países como los Estados Unidos de América.

El siglo XX se caracterizó para el protestantismo por el nacimiento de dos corrientes opuestas: el fundamentalismo y el evangelismo. El primero se conoce por su intento de llevar el protestantismo hasta sus últimas consecuencias, negando cualquier forma de autoridad que no fuese la propia Biblia. El evangelismo, por contra, aunque no asume la mayor parte de las ideas procedentes de los concilios católicos, sí apuesta por un término medio, que acepta algunas verdades que no aparecen descritas de forma explícita en los textos sagrados.

La reacción de la Iglesia católica ante el protestantismo se caracterizó inicialmente por la radicalidad y por la creación de una Contrarreforma. Ya en el siglo XX se sugirieron nuevas medidas conciliadoras, como la celebración de los concilios ecuménicos, en los que se trata de reunir a todas las facciones del cristianismo.

Se calcula que en la actualidad el protestantismo constituye una cuarta parte del cristianismo, y que existen cerca de quinientos millones de protestantes en todo el mundo. Las posturas más representativas del protestantismo son el luteranismo, el calvinismo, el anabaptismo, el presbiterianismo y el anglicanismo, aunque existen otras muchas iglesias o corrientes.