Sufismo

    El sufismo es una doctrina mística profesada por algunos musulmanes, cuya filosofía propugna que cada hombre puede llegar, mediante la purificación y la oración, a identificarse con Dios sin la mediación del profeta. Esta idea fue considerada una blasfemia, por la que el sufismo fue rechazado y perseguido por el islamismo ortodoxo.

    Para los sufíes, la identificación con Dios puede darse de dos modos: mediante la presentación de Dios en el corazón del místico, o mediante la negación de la identidad individual del místico, que le lleva a integrarse en Dios. Estos estados se logran a través de la oración y la meditación, que suelen acompañarse de determinados rituales, como posturas, técnicas respiratorias, movimientos giratorios y danzas. La forma preferida de oración es la que consiste en repetir continuamente la fórmula “No hay más Dios que Alá, y Mahoma es el enviado de Alá”.

    El sufismo nace en el siglo VII con Hasan al-Basri (muerto en 728), o la esclava Rabia (muerta en 801), aunque proviene de tendencias místicas y esotéricas del primer islam. Se han encontrado puntos en común entre el sufismo primitivo y el chiísmo, así como influencias del zoroastrismo, el budismo, el hinduismo, e incluso con sectas cristianas primitivas. De hecho, el manto de lana tosca (lana en árabe es suf; de ahí el nombre sufismo), que caracterizaba a los místicos sufíes ortodoxos era muy parecido al que identificaba a diversos movimientos ascéticos cristianos.

    Entre los grandes representantes del sufismo primitivo se encuentran Bistami, Junayd, Al- Hujwiri, autor del Kashf al-mahjub, el tratado persa más antiguo de sufismo, y Hussein ibn Mansur al-Hallaj (857-922), que peregrinó tres veces a La Meca y fue un famoso predicador. Para ilustrar sus teorías, manifestó públicamente que él era Dios, lo que le supuso su ejecución tras nueve años de tortura. Desde entonces, y durante más de un siglo y medio, el sufismo vivió en la semiclandestinidad, y se mantuvo como un movimiento esotérico marginal.

    Años más tarde, con la figura de Algazel (1058-1111), que sumó la calidad de alfaquí con la de místico, y gracias a su influyente obra La revitalización de las ciencias religiosas, el sufismo comenzó a ser comprendido y aceptado.

    En tiempos modernos han prosperado algunas sectas sincréticas que combinan conceptos y creencias del sufismo con otras de muy distintos orígenes: cristianismo, judaísmo, budismo, hinduismo, new age, etc. Cabe citar, entre ellas, el inayatismo, el movimiento arica o la Nimatullahi Sufi Orden. Sólo implantadas en los Estados Unidos, hay catalogadas hasta diecisiete sectas neo sufíes.