Transformaciones alotrópicas

    La materia puede ser de dos tipos: amorfa o cristalina. Los cuerpos del primer tipo presentan sus partículas constitutivas en un completo desorden, mientras que los del segundo las mantienen con una perfecta ordenación. Según los criterios, esta segunda categoría de cuerpos se ordena en sistemas cristalinos.

    La alotropía condiciona fuertemente las propiedades de los cuerpos. Por ejemplo, el carbono presenta dos estados alotrópicos: diamante y grafito. Dejando al margen la escasez del primero frente al segundo, desde el punto de vista de las propiedades físicas hay que destacar, por ejemplo, la dureza del diamante (máxima en la escala de Mosh) y la blandura del grafito. Ambas formas están constituidas por carbono puro, pero los átomos de este elemento adquieren en cada una de ellas una distinta ordenación.

    Otro caso similar es el del azufre, que puede presentarse cristalizado en dos sistemas: rómbico y monoclínico, respectivamente. En los gases, como ejemplo de alotropía puede citarse el oxígeno, conocido en forma estable en oxígeno molecular (O2) y en ozono (O3), aunque este último sea más escaso.

    Cada forma alotrópica es estable a una determinada temperatura, pero, por variaciones de ésta, puede lograrse que se transforme en otra. Por ejemplo, si se tiene azufre rómbico a 1 atm, basta con calentarlo a 95,4 ºC para que se transforme en azufre monoclínico. Si éste se sigue calentando, al llegar a unos 115 ºC, pasa a estado líquido.

    Si se representa en un diagrama de temperaturas-presiones, las regiones de existencia de las dos variedades en su fase sólida y en la líquida se logra un punto, llamado punto triple, en el que coexisten todas ellas (la rómbica, la monoclínica y la líquida).

    Por último, hay que precisar dos extremos:

    - La transformación de la forma rómbica a la monoclínica no se verifica si no existe un germen cristalino de esta última.

    - La mencionada transformación es reversible.