Central térmica

    El grave inconveniente de que el funcionamiento de las centrales hidroeléctricas esté condicionado, entre otros factores, por el régimen de lluvias hizo que se pensara en medios alternativos de producción de energía eléctrica que eliminaran las incertidumbres derivadas de las fluctuaciones pluviométricas. Así nacieron las llamadas centrales térmicas o termoeléctricas, en las que se aprovecha la energía potencial de los combustibles fósiles para producir energía eléctrica.

    Básicamente, una central térmica se compone de un elemento calefactor, una caldera y un grupo turbogenerador. La caldera es un recipiente que contiene una masa de agua, la cual recibe el calor que se genera en el elemento calefactor al quemarse un combustible fósil (carbón o derivados del petróleo, tal que el gasóleo). Como consecuencia, el agua líquida contenida en la caldera se convierte en vapor de agua.

    Este vapor obtenido se inyecta a alta presión en una turbina, cuyo eje está acoplado al de un alternador (grupo turbogenerador). El impacto del chorro de vapor de agua provoca la rotación de la turbina y obliga a girar al eje del alternador, con lo que se produce la corriente deseada.

    Así pues, en una central de este tipo se producen las transformaciones siguientes: la energía potencial encerrada en el combustible se convierte en calorífica, ésta en mecánica y, por fin, la energía mecánica se transforma en eléctrica.

    La ventaja básica de las centrales térmicas radica en el hecho de que su funcionamiento es independiente del régimen de lluvias. El agua evaporada en la caldera, tras surtir su efecto en la turbina, se somete a una condensación mediante un circuito de refrigeración, reingresando en la caldera y hallándose, por tanto, en condiciones de repetir el ciclo. De esta manera, y teniendo en cuenta la inevitable degradación de poder energético del proceso, una carga de agua a la caldera posee una larga duración.

    También hay que pensar que las centrales térmicas ofrecen una alternativa a las hidroeléctricas en los lugares en que éstas no pueden construirse por falta de ríos importantes o por otras causas. Sin embargo, frente a esas ventajas, a las centrales térmicas se asocian diversos inconvenientes, como son:

    - Necesitan un combustible fósil. Este aspecto remite al carbón, frecuentemente con altos costos de extracción, y al petróleo, recurso también caro y sometido a avatares políticos de difícil predicción. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que los combustibles fósiles son recursos no renovables, por lo que cualquier sistema productivo basado en ellos no puede considerarse como una solución definitiva.

    - Tienen ubicaciones muy determinadas. Estas centrales deben ser construidas en lugares cercanos a los puntos en los que se obtiene el combustible, pues en caso contrario los gastos derivados del transporte de éste encarecerán la producción. Cuando ello no sea posible, es importante situar la central cerca de un puerto o de vías de comunicación que hagan factible y más barato el aprovisionamiento.

    - Las centrales térmicas son altamente contaminantes, por muy bien diseñados que se encuentren los quemadores de los combustibles. Dado el origen fósil de éstos, siempre se encuentra en ellos un cierto porcentaje de azufre que es causante de los nocivos gases sulfurosos. Además, en las centrales de carbón suele ser necesario triturar el mineral a pie de central, lo que origina unos polvos que contaminan el ambiente circundante.

    - Finalmente, las centrales térmicas exigen un mantenimiento de cierta importancia, lo que supone un nuevo costo añadido.