Cohete sonda

    En la actualidad, los cohetes sonda han llegado a alcanzar una altura de 1.500 km. En la imagen, la sonda Contour, lanzada al espacio en 2002 para estudiar a los cometas.

    Reciben el nombre de cohetes sonda unos pequeños ingenios no tripulados que se diseñan para sondear las regiones de la atmósfera situadas entre 80 y 160 km de altitud. Por tanto, son naves suborbitales, que alcanzan alturas superiores a las habituales de los aviones y globos aerostáticos, pero inferiores a las propias de los satélites artificiales de observación e investigación.

    En general, los cohetes sonda están provistos de conjuntos de instrumentos de estudio, ya sea de las capas altas de la atmósfera o del espacio exterior. Las observaciones astronómicas desde cohetes sonda están libres de las perturbaciones ópticas que son inherentes a la propia atmósfera.

    Corrientemente, los cohetes sonda están formados por un cohete de combustible sólido y una carga, por lo común de instrumentos científicos. Desde su lanzamiento, siguen una trayectoria elíptica con una acusada tendencia vertical. Rara vez el vuelo de estos cohetes supera los cuarenta minutos de tiempo. Cuando el cohete ha consumido la totalidad de su combustible, se separa de la carga y ésta, con sus instrumentos científicos, prosigue con la toma de mediciones y regresa a la superficie terrestre describiendo un arco para posarse. El descenso se amortigua con ayuda de un paracaídas, para salvaguardar los valiosos instrumentos científicos de la sonda.

    Los cohetes sonda resultan útiles para explorar las regiones de la atmósfera que resultan inaccesibles para los globos sonda, por su elevada altura, o para los satélites artificiales en órbita, que se sitúan por encima de los 120 km de altitud. A ello se añade la ventaja de su coste relativamente limitado y su bajo tiempo de entrega desde el encargo para la investigación, en ocasiones inferior a los seis meses.