Mercurio

    Mercurio es el planeta que está más cerca del Sol.

    El planeta más cercano al Sol, Mercurio acusa la intensidad de las radiaciones solares con una atmósfera muy escasa y una alta temperatura superficial. Forma parte del conjunto de los planetas interiores o terrestres, así llamados por poseer una estructura física y composición en cierto modo semejantes a la Tierra. Conocido desde la prehistoria, Mercurio ha recibido el nombre de la deidad romana mensajera de los dioses.

    La cercanía al Sol es determinante para comprender algunas de las características más relevantes de Mercurio. Su distancia orbital media es de unos 58 millones de kilómetros y su periodo de revolución alrededor del astro se cifra en apenas 88 días terrestres. Mercurio es además el menor de los planetas del Sistema Solar (excluidos los planetas enanos), con unos 2.440 km de radio ecuatorial. Dos satélites naturales, Ganimedes de Júpiter y Titán de Saturno, lo superan en tamaño.

    Por otra parte, Mercurio tiene una densidad relativamente elevada, la mayor de todos los planetas. Casi dos terceras partes de su masa se contienen en un núcleo de hierro que se extiende a unos 1.800 km desde el centro. Se ha especulado, en consecuencia, en torno a la posibilidad de que esta abundancia en hierro revele que el planeta se formó a partir de la acreción de objetos pesados de la región de la nebulosa solar de la que surgió todo el Sistema Solar. Por lo demás, la corteza rocosa que envuelve al planeta tiene un grosor de apenas 600 km.

    La órbita de Mercurio está inclinada unos 7° con respecto al plano de la eclíptica. Otros rasgos diferenciales de este planeta son su extenso rango de temperatura superficial y las intensas fuerzas de marea (atracción gravitatoria) que experimenta, por la acción de la masa del Sol. La rala atmósfera de Mercurio está compuesta principalmente por potasio, sodio, oxígeno atómico y argón. El planeta carece de satélites naturales.

    Las peculiaridades de Mercurio han dificultado históricamente su observación y, en tiempos modernos, su exploración mediante sondas interplanetarias. Sin embargo, esa misma condición de planeta extremo ha servido para corroborar algunas teorías científicas discutidas que vinieron a sustituir creencias firmemente establecidas. Al ser un planeta interior, más próximo al Sol que la Tierra, sólo es visible en el cielo nocturno en las horas inmediatamente posteriores al ocaso o anteriores al orto solar. No en vano, los astrónomos antiguos lo identificaron inicialmente con dos luminarias diferentes (entre los griegos era Apolo como estrella matutina y Hermes como vespertina).

    Una vez conocida su condición de planeta único, su órbita aparente en el cielo y el tránsito o paso del planeta por delante del disco solar sirvieron a Nicolás Copérnico para proponer fundadamente su teoría heliocéntrica. Ya en tiempos contemporáneos, su cercanía al Sol sirvió como prueba para comprobar algunos de los efectos gravitatorios predichos por la teoría de la relatividad general de Albert Einstein sobre el modo en que la gravedad afecta a la deformación del espacio-tiempo. Hasta entonces, las inexactitudes en la descripción de la órbita de Mercurio mediante la aplicación de las leyes de la mecánica newtoniana se consideraban uno de los problemas pendientes de la física.

    La exploración astronáutica de Mercurio ha sido escasa, dadas las condiciones extremas de temperatura y presión que caracterizan a su zona de ubicación en el Sistema Solar. En 1974-1975, la sonda estadounidense Mariner 10, en órbita alrededor del Sol, realizó tres breves sobrevuelos del planeta. En 2004 fue lanzada la misión interplanetaria estadounidense Messenger, que tenía previsto arribar a las proximidades de Mercurio en el año 2008.