Tierra

    Tercer planeta del Sistema Solar en orden de su distancia al Sol, la Tierra se distingue por ser el único en el que se ha constatado la existencia de vida. Astronómicamente, se encuentra a una distancia media al Sol aproximada de 149 millones de kilómetros, equivalente a una unidad astronómica (u.a.). Describe una órbita completa alrededor del Sol siguiendo una trayectoria elíptica de baja excentricidad (casi circular) en un periodo de 365,25 días, aproximadamente. Este movimiento de traslación se combina con otro de rotación alrededor de su propio eje que dura 23 horas, 56 minutos y 4 segundos, periodo que se ha definido como un día astronómico.

    Los planos de rotación y traslación (eclíptica) de la Tierra no coinciden, sino que forman entre sí un ángulo de 23°27’, denominado inclinación del plano de la eclíptica. A su vez, el eje polar de rotación varía ligeramente en sentido retrógrado en un movimiento de cabeceo, semejante a una peonza, denominado precesión de los equinoccios (puntos de intersección entre el ecuador terrestre y la eclíptica). Esta variación es cíclica, con un periodo aproximado de 26.000 años.

    En la rotación la Tierra gira sobre sí misma.

    En la traslación la Tierra gira alrededor del Sol.

    La Tierra tiene una forma geométrica de geoide, aproximadamente esférica, con un radio ecuatorial de algo más de 6.378 km. Cuenta con un único satélite natural, la Luna, de tamaño comparativamente grande, pues su radio es de 1.738 km. Uno de los rasgos predominantes del planeta es la presencia de agua líquida, que cubre en torno al 71% de su superficie. El resto de la misma es una corteza sólida y rocosa, sometida a un permanente proceso de erosión, transporte y depósito de los materiales, en el que el agua interviene como un factor predominante.

    La fotografía muestra una fotografía tomada por satélite de la península de Florida y la isla de Cuba.

    Las masas sólidas se distribuyen en secciones que se mueven conforme a una dinámica de tectónica de placas. Además de las extensiones insulares, cabe distinguir los siguientes continentes emergidos: Eurasia, África, América, Australia y la Antártida. La corteza sólida, o litosfera, se compone principalmente de silicatos y otras formaciones rocosas. La parte líquida recibe conjuntamente el nombre de hidrosfera.

    Las rocas litosféricas están compuestas por diversos compuestos químicos en los que predominan el oxígeno (con casi el 47% del total) y el silicio (27%). Otros elementos constituyentes de las rocas son aluminio, hierro, calcio, sodio, potasio y magnesio.

    Por encima de ambas se extiende una capa gaseosa denominada atmósfera, en la que es posible diferenciar varios niveles o estratos. La parte más baja y densa, llamada troposfera, se extiende hasta unos 12 km de altura, por encima de la cual se sitúa la estratosfera, hasta los 60 km. A continuación se suceden varias capas llamadas ionosfera, termosfera y exosfera. La composición aproximada de la atmósfera es de un 78% de nitrógeno, un 21% de oxígeno y el resto de otros gases, sobre todo argón, dióxido de carbono y vapor de agua.

    Imagen de la Tierra obtenida por el satélite ATS III.

    El interior terrestre está formado por manto y núcleo. El manto está separado de la litosfera por la discontinuidad de Mohorovicic, a unos 35 km de profundidad. Por debajo del manto se extiende la discontinuidad de Gutenberg, a unos 2.900 km, que lo separa del núcleo. En esta estructura, en la que cabe distinguir un núcleo externo y un núcleo interno, se presupone la existencia de materiales extraordinariamente densos, en particular hierro y níquel.

    La Tierra ejerce una fuerza de atracción sobre los objetos con masa situados en su superficie o sus proximidades. El campo gravitatorio terrestre se complementa con un campo magnético cuyos polos coinciden aproximadamente con los geográficos, aunque invertidos. Este campo magnético podría deberse, según las hipótesis más aceptadas, a la rotación relativa de las dos estructuras que constituyen el núcleo terrestre.