Zodiaco

    En las culturas indoeuropeas se ha desarrollado un concepto de la observación celeste denominado zodiaco, que comporta tanto un significado científico en el marco de las investigaciones astronómicas como otro esotérico más ligado con la astrología. Se entiende como zodiaco un “cinturón” de constelaciones que se extiende en el firmamento siguiendo aproximadamente la dirección de la eclíptica.

    Cabe recordar que la eclíptica se define como la trayectoria que describe el Sol en su paso por las distintas constelaciones durante su movimiento anual. Para facilitar el seguimiento del astro, las estaciones y las peculiaridades astronómicas y meteorológicas, civilizaciones antiguas como la egipcia, las mesopotámicas y la grecolatina recurrieron a una división ficticia de la bóveda celeste en constelaciones.

    Las constelaciones son agrupaciones arbitrarias de estrellas que forman dibujos identificables con figuras de animales, hombres u otros objetos. Raras veces (como, por ejemplo, en las Pléyades) dichas agrupaciones son reales, de estrellas cercanas y ligadas por efectos gravitatorios. Lo habitual es que se trate de proyecciones próximas sobre la bóveda celeste de estrellas físicamente muy distantes.

    Aparte de su interés astronómico para la “ordenación” del cielo, a las doce constelaciones o regiones de la eclíptica que componen el zodiaco se les ha otorgado un significado astrológico. Por ello, se han atribuido cualidades diferenciales a las personas nacidas bajo cada uno de los signos, mediante la elaboración de horóscopos y estudio de ascendentes solares. Estas apreciaciones se consideran hoy carentes de todo valor científico aunque, como en la antigüedad, aún hoy en diversas interpretaciones esotéricas conservan su valor.

    Los doce signos del zodiaco indoeuropeo son: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. Cada una de estas constelaciones ocupa una extensión angular de 30° en la eclíptica, la doceava parte del círculo. No obstante, el fenómeno de precesión de los equinoccios sobre la eclíptica, debido al movimiento de peonza del eje de rotación de la Tierra, provoca un cambio gradual de la posición de las constelaciones con respecto a la trayectoria solar aparente. Este ciclo de precesión se completa en unos 26.000 años. Ello implica que en la actualidad las constelaciones zodiacales se han desplazado con respecto a las posiciones originales del Sol que fueron asignadas, probablemente, por los sacerdotes y astrólogos de Mesopotamia hace unos 4.000 años.