Anemia falciforme

    También denominada anemia de las células falciformes, es una enfermedad que se caracteriza por una alteración en la forma de los glóbulos rojos, cuyo rasgo peculiar es que presentan en forma de hoz. Los hematíes alterados tienen una vida media más corta y también tienden a quedar bloqueados en los vasos sanguíneos, ya que son menos elásticos y deformables. Todo ello tiene como consecuencia la aparición de una anemia crónica y de cuadros intermitentes de dolor.

    Es una enfermedad hereditaria que tiene mayor incidencia en individuos africanos e hispanos y especialmente en los países mediterráneos.

    Los síntomas y la intensidad de la enfermedad son variables. Los primeros signos se detectan a una edad muy temprana y las complicaciones pueden llegar a ser muy variadas.

    Los episodios de dolor son frecuentes y tienen distintas localizaciones:

    • Cuando los glóbulos rojos quedan bloqueados en los pulmones se produce dolor en el tórax, tos, disnea, fiebre.

    • Si los hematíes se detienen en el bazo, además de palidez y debilidad, se produce un cuadro de dolor abdominal.

    • Pueden aparecer crisis de dolor localizadas en las extremidades tanto superiores como inferiores y tanto a nivel distal (dedos) como proximal (brazos o piernas). También el dolor puede notarse en la espalda. En ocasiones sólo dura unos minutos, a veces bastantes días.

    • En ocasiones aparecen cuadros de convulsiones, problemas en el habla, desvanecimientos, pérdidas de conciencia, alteraciones en la movilidad de las extremidades. Se denominan ictus y aparecen cuando se reduce de modo importante el aporte sanguíneo de estructuras cerebrales.

    Los niños pueden verse mucho más afectados por esta enfermedad, ya que puede producir en ellos una disminución del crecimiento normal, además de otras alteraciones como lesiones en los huesos, en los riñones, problemas en los ojos o heridas y úlceras que curan lentamente. El diagnóstico debe ser lo más precoz posible. Los tratamientos incluyen:

    • Trasplante de médula ósea, que es el único tratamiento curativo.

    • Utilización de fármacos para controlar los cuadros de dolor y disminuir el riesgo de infección.

    • Vitaminas para estimular la producción de glóbulos rojos (ácido fólico).

    • Pueden ser necesarias las transfusiones sanguíneas.

    • Un estricto protocolo vacunal para reducir el riesgo de infecciones.