Enfermedad de Alzheimer

Enfermo de Alzheimer haciendo ejercicios de rehabilitación

La enfermedad de Alzheimer es un tipo de trastorno neurológico degenerativo caracterizado por producir importantes disfunciones en el cerebro, llegando a afectar a todas las capacidades intelectivas e incluso físicas. Aunque la enfermedad suele evolucionar a lo largo de unos 10 años, existe una gran variabilidad entre los distintos pacientes.

Es propio de edades avanzadas, es decir, aunque en algunos casos puede aparecer antes de cumplir los cincuenta años, lo más frecuente es que se desarrolle después de la sexta década de la vida. Afecta con mayor incidencia a la población femenina, en una proporción aproximada de cuatro a uno, aunque la diferencia entre sexos disminuye notablemente a medida que avanza la edad de los afectados.

El trastorno debe su nombre al médico alemán Alois Alzheimer (1864-1917), quien fue el primero en observar las alteraciones neuropatológicas de la enfermedad, aunque el primero que describió el cuadro clínico característico dándole el nombre de su colega fue Emil Kraepelin (1856-1926).

Etiología

A pesar de los años transcurridos desde su descubrimiento, el origen de esta enfermedad sigue siendo motivo de investigación. Se han planteado diferentes hipótesis. En primer lugar, se especuló con la posibilidad de que el agente causal fuera un virus, aunque hasta el momento no se ha podido aislar ningún posible responsable. Otras teorías hablaban de un posible origen tóxico, debido tal vez a la ingestión de sustancias o productos químicos que ocasionen daños en el tejido neuronal. La “hipótesis colinérgica” sugería que la enfermedad se debía a una disminución de la producción de un neurotransmisor cerebral, la acetilcolina, y en ella se han basado muchos de los tratamientos que se han venido aplicando en los últimos años.

Sin embargo, en la actualidad las investigaciones se están centrando en el papel que desempeña la acumulación cerebral de una proteína característica, el amiloide. El gen de la proteína precursora de la forma beta de este amiloide se encuentra en el cromosoma 21 y se ha observado que en el síndrome de Down, secundario a la presencia de una trisomía del cromosoma 21, se desarrolla un cuadro de tipo Alzheimer en casi todos los pacientes mayores de 40 años.

Por otra parte, existen algunos pocos casos de enfermedad de Alzheimer que presentan una incidencia familiar. En ellos se han detectado mutaciones en genes concretos que dan lugar a un cuadro clínico de desarrollo más precoz y agresivo.

Cuadro clínico

Vista de las alteraciones producidas en el cerebro por la enfermedad de Alzheimer

La degeneración de las células nerviosas ocasiona una serie de manifestaciones características. El paciente experimenta al principio una pérdida de memoria, a veces con dificultades para encontrar la palabra adecuada. El afectado olvida cosas elementales, pierde objetos, etc. A menudo ve alterado su sentido de la orientación y también el de la palabra: el enfermo, que todavía no es consciente de serlo, habla mucho, pero no consigue hilar los razonamientos. Todos estos síntomas, sin embargo, son comunes a muchos ancianos, y no siempre representan el desarrollo de una enfermedad.

La conducta personal también va cambiando de modo paulatino. Es más difícil habituarse a los cambios, se pierde el sentido de la comprensión y cambia la manera de expresar la afectividad. Surge entonces cierta apatía ante las personas queridas que puede convertirse en irritabilidad e incluso en agresividad ante su presencia. Buena parte de los afectados sufren profundas depresiones.

Llegados a este punto hay suficientes motivos para sospechar la existencia de algún trastorno grave. Sin embargo, la enfermedad puede seguir adelante. Los síntomas precedentes se volverán cada vez más acusados y aparecerán otros nuevos.

La memoria es cada vez peor y se pierde la mayor parte de la capacidad comunicativa. Simplemente, la persona olvida casi todas las palabras que conoce. En los casos más graves se pierde por completo el habla. Por otro lado, comienzan a surgir problemas motores que, al cabo del tiempo, terminarán obligando al paciente a permanecer en la cama.

En las fases finales de la enfermedad el deterioro del sistema musculoesquelético impide la movilidad autónoma del paciente y puede llegar a desarrollarse un cuadro de incontinencia, tanto urinaria como fecal. En esta fase son muy frecuentes los procesos infecciosos en el aparato respiratorio, en el tracto urinario o en la piel, debido a las úlceras por decúbito que se forman por la inmovilización. Cualquiera de estos procesos puede acabar finalmente con la vida del enfermo.

Tratamiento

Dado que todavía no se conocen las causas, no existe en la actualidad una terapia para solucionar este grave mal. La actuación de los médicos se centra sobre todo en mejorar el nivel de vida de los pacientes.

La aplicación de algunos tratamientos aparentemente eficaces en principio se saldó con una decepción general cuando pudo comprobarse que sus resultados eran sólo parciales y de corta duración. En la actualidad se prescriben algunos medicamentos destinados a mejorar el funcionamiento de las neuronas, pero su eficacia es muy escasa.

Lo único que se puede hacer es apoyar psicológica y afectivamente al enfermo. El ambiente familiar debe mantenerse a toda costa. Hay que evitar dejar solo al enfermo durante periodos de tiempo prolongados o regañarle por sus confusiones. Por otra parte, es necesario aplicar medidas para paliar ciertos síntomas, como la desorientación, los problemas motores, etc. En este caso, la ayuda de los parientes más cercanos es imprescindible, y es realmente el único tratamiento que existe. Es conveniente también fomentar la actividad física del paciente y ayudarle para que no se desoriente mediante el empleo de carteles u otro tipo de señales en la casa o lugar donde viva.