Explosivos

    Se consideran explosivos todas aquellas sustancias o combinación de ellas que pueden producir explosiones, con liberación de grandes cantidades de energía en forma de calor, presión, gas o radiación. En virtud de tal definición quedarían incluidos dentro de ellos las sales de uranio, plutonio y demás elementos radiactivos. Sin embargo, dada su función en el uso civil de la energía nuclear tienden a encuadrarse dentro del ámbito de los combustibles y no de los explosivos.

    Una vez excluidos los nucleares, los explosivos pueden ser mecánicos o químicos. Los primeros son aquellos que dependen de reacciones físicas como la que tiene lugar, por ejemplo, al sobrecargar un contenedor hermético con aire comprimido. En general, los sistemas de explosión mecánica se emplean muy poco y en contextos muy determinados, como puedan ser las operaciones mineras en las que la presencia de gases liberados por los explosivos químicos puede originar ulteriores explosiones y hundimientos. Así pues, el concepto genérico de explosivo se asocia de manera predominante a los de tipo químico.

    Los explosivos químicos inducen un proceso asimilable a la combustión pero más rápido, en el que se diferencian dos etapas. La energía desencadenante que incide sobre ellos, sea calorífica o mecánica, da lugar a una expansión de calor a través del medio que rodea al explosivo que es lo que se denomina deflagración. Cuando la emanación de calor es lo suficientemente rápida como para dar lugar a un frente de onda, la onda expansiva u onda de choque, se produce la llamada detonación, de mayor poder destructivo que la deflagración.

    En virtud de ello se diferencian los denominados explosivos de alta potencia o de alto orden, que producen detonación, y entre los que se cuentan el trinitrotolueno (TNT), el nitrato de amonio, el amonal, la ciclonita o T4, la nitroglicerina, que mezclada con tierra de infusorios constituye la dinamita, patentada por el sueco Alfred Nobel en 1867, y el tetranitrato de pentaeritrita (PETN).

    Entre los de baja potencia cabe citar la pólvora negra, el más antiguo de los explosivos conocido, la cloratita y la nitrocelulosa.

    Además de su uso militar, los diferentes explosivos se emplean con profusión en voladuras para la construcción de carreteras, en minería, en trabajos de demolición y perforación, etc. Modernamente es prioritaria la seguridad en las fábricas y almacenes de este tipo de sustancias o de los compuestos que sirven para fabricarlas, ya que mediante robo o comercialización en el mercado negro pueden llegar a manos de organizaciones terroristas.