Especies amenazadas

    Una especie amenazada es aquella que presenta problemas de conservación y se encuentra en riesgo de extinción en un futuro cercano. En este concepto se incluyen tanto animales como plantas, hongos y microorganismos.

    Una de las autoridades más reconocidas en el estudio de las especies amenazadas es la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Atendiendo a la situación concreta de cada una de estas especies, la UICN ha establecido una relación de tres categorías de estas especies de acuerdo con el nivel de riesgo existente.

    La UICN distingue así las especies vulnerables (codificadas como VU) como aquellas que tienen una alta probabilidad de convertirse en una especie en extinción. A su vez, se considera que una especie se encuentra en peligro de extinción (EN, del inglés endangered)cuando lo están todos los miembros registrados de dicha especie. Esta situación suele producirse como consecuencia de su exposición grave a sus depredadores o cuando se enfrentan a una reducción drástica de su hábitat o de los recursos de los que dependen. Finalmente, las especies en peligro crítico de extinción (código CR) son aquellas cuyo riesgo de desaparición en su estado silvestre es extraordinariamente elevado. Además de estas tres categorías, la UICN distingue otras, como especies casi amenazadas (NT, del inglés near threatened), dependientes de la conservación (CD, conservation dependent) y de preocupación mínima (LC, least concern).

    En 1963 se creó la Lista Roja de Especies Amenazadas, elaborada por la UICN, que comprende el inventario más amplio y completo existente sobre el estado de conservación de las especies vivas (y, en sentido retrospectivo, también las extintas). Esta lista sirve como referencia a multitud de otras instituciones y gobiernos, que elaboran sus propias listas locales con base en la relación de la UICN. A partir de estas listas se programan las distintas acciones dirigidas a combatir o incluso revertir el ritmo de desaparición de especies animales y vegetales.

    La Lista Roja es objeto de una actualización anual, en la que se recogen las novedades acumuladas en diferentes especies. Si bien el compendio de datos que maneja tiene utilidad a escala internacional para multitud de organismos relacionados con la conservación de la naturaleza, la Lista Roja de la UICN ha recibido críticas por no ser suficientemente clara en la exposición de sus fuentes. Asimismo, dado el elevado número de especies consideradas, los estudios publicados anualmente se ven lastrados en ocasiones por la insuficiencia de significación estadística para algunas de las especies individuales objeto de su análisis.

    Aun así, la Lista Roja de la UICN sirve de base para estimar el estado de biodiversidad de las poblaciones de animales y plantas. La consistencia entre sus publicaciones, la búsqueda de la objetividad y una exposición que persigue la claridad y la transparencia son algunos de los fines que persiguen sus impulsores.

    A escala global, se considera que en la actualidad hay cerca de 5.000 especies animales y otras 5.000 vegetales consideradas vulnerables según la UICN. Más de 3.000 especies de animales y por encima de 2.500 de plantas se encuentran en peligro de extinción, y unas 2.500 de animales y más de 2.000 vegetales se hallan en peligro crítico. Estas cifras se han incrementado de forma sustancial en los últimos decenios. Aunque el problema afecta a todos los taxones, los anfibios (más del 30 % de especies amenazadas y por encima del 5 % en peligro crítico), los mamíferos (un 20 % de especies amenazadas y en torno al 3 % en estado crítico) y las aves (el 12 % y el 2 %, respectivamente) se sitúan entre los grupos en mayor alerta.

    Algunos animales de alto valor simbólico se han clasificado como especies amenazadas. Entre ellos, el gorila de montaña africano se halla en peligro crítico de extinción; los últimos censos señalan que se conservan poco más de 700 individuos en su hábitat natural. Las guerras en la República Democrática del Congo, la caza furtiva y la reducción de su entorno vital en Ruanda y Uganda son algunas de las causas de esta situación.

    Por su parte, el oso polar del Ártico, otra especie emblemática, se ve seriamente amenazado por el calentamiento global y la recesión de la capa de hielo permanente en las altas latitudes del hemisferio norte. El tigre ha perdido en Asia en torno al 93 % de su hábitat natural en las últimas décadas, debido a la acelerada deforestación y a la caza desmedida. La tortuga laúd del Pacífico, de la que apenas quedan 2.000 hembras capaces de desovar, se enfrenta a una grave amenaza de desaparición. A su vez, el atún rojo, amenazado por la sobrepesca, y las mariposas monarca, protagonistas anualmente de una de las más impresionantes migraciones de la naturaleza, han sido citados como ejemplos de otros riesgos de pérdidas de especies que aún podrían evitarse si se adoptan las medidas de contención adecuadas.

    Organizaciones como la propia UICN o la Worlwide Fund for Nature (WWF) emiten regularmente alertas y recomendaciones sobre las amenazas de extinción. A menudo, aconsejan limitar la explotación económica de especies en peligro (atún rojo, ballenas), perseguir la caza furtiva o crear o reforzar la situación de los santuarios de conservación de especies en peligro. En otras ocasiones, el origen del problema es mucho más difícil de abordar, ya que se relaciona con las consecuencias del cambio climático y el calentamiento global o con el crecimiento demográfico mundial, necesitado de ampliar sus superficies de habitabilidad y explotación agrícola, ganadera o industrial.