Estrella de neutrones

    Las estrellas de neutrones son objetos astronómicos enormemente compactos, los más densos y pequeños conocidos en el Universo. Tienen un radio aproximado de diez kilómetros, en el que pueden concentrar una masa de hasta dos veces la que corresponde a nuestro Sol. Están integradas principalmente por neutrones, unas partículas elementales de carga eléctrica neutra que están presentes en los núcleos de los átomos de los elementos químicos de la naturaleza.

    Estas estrellas son extraordinariamente calientes, con una temperatura superficial del orden de varios centenares de miles de grados. Como consecuencia de su constitución se caracterizan por poseer campos magnéticos muy intensos. Las estrellas de neutrones giran a gran velocidad en torno a su eje, hasta completar unas 43.000 vueltas por minuto. Además, algunas de ellas, según cuál sea su orientación con respecto a la Tierra, emiten radiaciones electromagnéticas que, desde los observatorios terrestres y en órbita, se detectan como púlsares.

    En general, las estrellas de neutrones se forman como consecuencia del estallido cataclísmico de una supernova. Cuando una estrella suficientemente masiva consume todo el combustible nuclear que la alimentó durante las fases normales de su evolución, implosiona hacia dentro por efecto de la gravedad y se colapsa de forma explosiva, de forma que expulsa sus capas externas hacia el exterior emitiendo ingentes cantidades de energía a la vez que forma en su centro un residuo estelar en rápida contracción. Este resto es el origen de la estrella de neutrones.

    La posibilidad de la existencia de estrellas de neutrones fue propuesta en 1934 por el alemán Walter Baade y el suizo Fritz Zwicky, poco después del descubrimiento empírico de la partícula llamada neutrón. El hallazgo de las estrellas de neutrones estuvo ligado al de los púlsares, y fue debido al astrónomo británico Anthony Hewish y a su ayudante de investigación norirlandesa Jocelyn Bell en 1967. Hewish fue distinguido con el Premio Nobel de física en 1974 por su hallazgo, un galardón del que Bell fue excluida en una decisión que fue muy controvertida.

    Hasta ahora, las observaciones astronómicas han descubierto unas dos mil estrellas de neutrones en nuestra galaxia, la Vía Láctea, y en las dos galaxias enanas próximas que constituyen las Nubes de Magallanes. No obstante, según los cálculos estimados, en la Vía Láctea podría haber en torno a cien millones de estrellas de neutrones. La discrepancia numérica se explica porque la detección de estas no resulta sencilla, salvo en los casos en que sus radiaciones se reciban en forma de pulsos (para los púlsares) o cuando pertenecen a sistemas binarios. En estos últimos, formados por dos estrellas ligadas entre sí por efectos gravitatorios, la presencia de la estrella de neutrones puede detectarse a través de los efectos de su gravedad sobre la estrella compañera. La estrella de neutrones más cercana se ha detectado a una distancia de unos 400 millones de años-luz desde la Tierra (un año-luz es la distancia que recorre la luz durante un año a la velocidad de 300.000 kilómetros por segundo en el vacío).