Cartografía

Arte y ciencia dedicados al estudio y trazado de mapas. Puesto que la Tierra es esférica (provista de tres dimensiones), para representar una parte o la totalidad de la misma sobre un plano (únicamente de dos dimensiones) es necesario un sistema de proyección adecuado. En realidad, el problema es mayor, puesto que nuestro planeta no posee una forma exactamente esférica, sino que se halla achatado por los polos: es un geoide.

Son muchos los aspectos de una zona de la superficie terrestre que resultan relevantes a la hora de trasladarla a un mapa, como el área, la forma, la distancia entre dos puntos, la escala, etc. Los sistemas de proyección permiten mantener algunos de tales aspectos a la hora de realizar el paso de las tres dimensiones a las dos, pero no todas. Por ello, dependiendo del fin a que se halle destinado el mapa, el sistema de proyección empleado será uno u otro.

Los sistemas de proyección pueden clasificarse tomando como base dos criterios, la forma de la superficie sobre la que se va a realizar la proyección y el aspecto del terreno que se desea conservar invariable. De acuerdo al primero de ellos, algunas de las proyecciones existentes son: las cilíndricas, cuando los puntos situados en la esfera (geoide) se proyectan sobre un cilindro, como se hace, por ejemplo, en la proyección conocida como Mercator; las cónicas, si se proyecta sobre un cono, como en la proyección Albers, y las azimutales o planas, si se proyecta sobre un plano, como en la proyección estereográfica. En cuanto a los aspectos que se desea conservar, se distingue entre las proyecciones que mantienen la dirección (azimutales), las que conservan la forma (ortomórficas), el área (de igual área), la distancia entre dos puntos (equidistantes) y la trayectoria más corta entre dos puntos (gnomónicas).

Desarrollo

La realización cada vez más precisa de las proyecciones ha sido posible gracias a los avances técnicos. En el pasado los mapas se dibujaban o pintaban a mano, por lo que resultaban difíciles de reproducir y la precisión de los mismos dependía en gran medida de la maestría de su autor. Por otra parte, hay que tener en cuenta el limitado conocimiento que entonces se poseía de la Tierra, así como las grandes limitaciones que presentaban los aparatos de medida de coordenadas. Con el paso del tiempo y la invención de aparatos como el telescopio, el sextante y la imprenta, la calidad fue en aumento. Hoy en día la cartografía se sirve de hardware y software especialmente diseñados para sus propósitos, como los sistemas SIG (sistemas de información geográfica), que permiten georreferenciar (localizar en un sistema de coordenadas) cualquier elemento geográfico, desde una montaña hasta un simple árbol. Otros avances, como las bases de almacenamiento de datos digitales y los sistemas de tratamiento y visualización de imágenes, han contribuido también al desarrollo del trazado de mapas.

Tipos de mapas

En términos generales, la cartografía se puede dividir en dos ramas, general y temática. La cartografía general produce mapas que recogen diversidad de aspectos de los terrenos que representan: orografía, ríos y lagos, poblaciones, etc. Se trata por tanto de mapas dedicados a un público diverso. Los mapas fruto de la cartografía temática, por el contrario, se limitan a reflejar un determinado rasgo del terreno que representan. Su finalidad y el público al que están destinados son concretos. Pueden mostrar niveles de producción de determinado producto agrícola, redes de distribución de energía eléctrica, áreas de influencia de un agente alérgeno, etc.; las posibilidades resultan ilimitadas.

Los mapas topográficos son los que muestran una representación detallada y cuantitativa del terreno. Emplean líneas de contorno que unen puntos situados a la misma cota. Las partes de los mapas donde las líneas de contorno aparecen próximas entre sí corresponden a zonas del terreno con gran pendiente; mientras que si las líneas se hallan separadas, corresponden a zonas más bien llanas.

Interpretación de mapas

La adecuada interpretación de un mapa depende de su correcta rotulación y del uso de una simbología clara y adecuada. Los mapas disponen de una serie de textos de apoyo, como el título, la leyenda y las etiquetas que acompañan a algunos de los elementos en ellos representados, como los nombres de ciudades, ríos, lagos, accidentes orográficos, etc. El título corresponde a la zona geográfica mostrada en el mapa. La leyenda explica el significado de los símbolos empleados. Éstos se hallan en función del destino del mapa: vías de comunicación, tipos de edificios, etc. Otras informaciones de apoyo suelen ser una rosa de los vientos que señala la posición del norte geográfico, una barra de escala (que indica a qué valor en el terreno real corresponde una distancia en el mapa), y datos acerca de las fuentes de información consultadas para el trazado, así como sobre la precisión del mismo. Los colores y la intensidad de los mismos son también herramientas empleadas por los cartógrafos para facilitar información, como, por ejemplo, altitudes sobre el nivel o áreas con diferentes concentraciones de contaminación atmosférica.

Historia

Dada la necesidad del ser humano de conocer el medio físico donde habita, los mapas lo han acompañado desde el comienzo de su historia, siendo anteriores a la palabra escrita. El mapa más antiguo conocido se encuentra en un muro de la ciudad turca de Çatal Hüyük y data de siete mil años antes de Cristo. Existen mapas trazados durante la vigencia de la civilización minoica, hacia 1600 a.C., así como de Nippur, la ciudad santa de Babilonia, durante el periodo Kassite, entre los siglos 14 y 12 a.C. Los griegos y los romanos realizaron abundantes mapas fruto de sus viajes a lo largo y ancho del mar Mediterráneo; el filósofo Anaximandro fue uno de los pioneros de tal labor. En China, si bien la literatura sobre geografía se remonta al siglo quinto antes de Cristo, la realización de mapas no se inició hasta la dinastía Han (202 a.C.-202 d.C.).

En la era de las grandes exploraciones, del siglo XV al XVII, la ciencia cartográfica experimentó notables progresos de la mano del perfeccionamiento de los sistemas de medida y del mayor conocimiento que se iba adquiriendo del globo. Amberes fue el centro de la cartografía durante el siglo XVI. Con el declive del imperio español, la capital cartográfica del mundo pasó a ubicarse en Amsterdam. A mediados del siglo XVIII los mejores mapas fueron realizados en Inglaterra y, a partir del siglo XIX, en los Estados Unidos.