Océano

    Gran extensión de agua marina que ocupa las depresiones existentes entre las masas continentales.

    Las tres cuartas partes de la Tierra se encuentran cubiertas de agua. Este gran manto líquido ocupa las depresiones que existen entre los continentes y, por convención, se divide en cinco océanos, aunque en realidad sea una masa continua de agua. Tales océanos son: el Pacífico, el Atlántico, el Índico, el Ártico y el Antártico. Su profundidad media ronda los 3.800 m.

    Zonas concretas de los océanos, entrantes de los mismos en los continentes, reciben la denominación de mares. Un mar que posee una gran comunicación con el océano del que forma parte se conoce como mar abierto, como el Cantábrico; mientras que si su comunicación es escasa, es un mar cerrado, como el Mediterráneo.

    Los océanos poseen un importante papel como reguladores del clima. La mayor parte del agua oceánica se encuentra en el hemisferio sur. Tal agua consume enormes cantidades de energía de radiación solar, trasformándose en vapor. En consecuencia, las regiones continentales del hemisferio austral poseen una temperatura muy uniforme a lo largo de todo el año. Por el contrario, en el hemisferio norte, la menor cantidad de agua oceánica hace que tal regulación de la temperatura no resulte tan acusada, de modo que en sus regiones continentales existen pronunciadas diferencias de temperatura entre las estaciones del año.

    El agua de los océanos es salada. Porta consigo gran cantidad de compuestos químicos orgánicos e inorgánicos disueltos, así como sustancias en suspensión; en total, más de un 3% de su composición. Los elementos más abundantes son el cloro, el sodio, el magnesio, el azufre, el calcio y el potasio. Los dos primeros se asocian para formar cloruro de sodio, o sal común, que dota al agua de los mares y océanos de su sabor característico. Algunos de los compuestos que forman parte del agua son conservativos: su concentración se mantiene constante en todos los lugares. Otros, por el contrario, son no conservativos, como el oxígeno disuelto y los nitratos, cuyas proporciones varían considerablemente de unas zonas a otras, a causa, por ejemplo, de determinados procesos biológicos. La concentración en sales del agua del océano se denomina salinidad, y constituye junto con la temperatura su rasgo característico principal. La salinidad de los océanos varía entre los 33 y los 37 gramos de sales por kilogramo de agua; el valor más habitual es de 26 g/kg de agua. Las zonas superficiales y próximas a las costas experimentan variaciones importantes de la salinidad. Aquellas regiones donde existen un mayor grado de evaporación la salinidad es más elevada.

    En cuanto a la temperatura, ésta disminuye a medida que aumenta la profundidad. En los fondos oceánicos alcanza valores en torno a los 3 ºC. En la superficie la temperatura media es de unos 18 ºC. Los valores más elevados se presentan en la región ecuatorial, donde el grado de insolación es mayor.

    El agua de los océanos se encuentra en movimiento. Los principales desplazamientos son las corrientes, las mareas y las olas. Las corrientes pueden ser debidas a factores propios del agua, como su salinidad y temperatura, o extrínsecos, como el viento. Se dividen también en superficiales y profundas. Las mareas son el resultado de la atracción gravitatoria ejercida por el Sol y la Luna sobre las aguas, en combinación con el efecto de la rotación terrestre. El resultado es una serie periódica de elevaciones y descensos de su nivel. Las olas constituyen desplazamientos mucho menores en comparación con los anteriores. Se trata de movimientos en forma de oscilaciones producidos en la superficie de mares y océanos a causa del viento.

    Vista general del océano desde un acantilado.

    En la morfología de los océanos se distingue una serie de zonas. En primer lugar se encuentra la plataforma continental. Comprende la parte de los continentes que se halla sumergida hasta una profundidad de unos 200 m. Su pendiente es suave. Esta zona es muy rica en vida marina y en su fondo se ubica una cuarta parte de las reservas mundiales de petróleo y gas. La siguiente zona es el talud continental, prolongación de la anterior. Su pendiente es más acusada y desciende hasta los 3.000 m de profundidad. Su parte final se conoce como borde continental y marca el límite con el fondo oceánico. Las dorsales oceánicas son cadenas montañosas de gran altura que recorren el centro de los océanos. Corresponden a los bordes constructivos de la litosfera, donde materiales fundidos procedentes de la astenosfera alcanzan la superficie y, al enfriarse y solidificarse, contribuyen al crecimiento de las placas litosféricas oceánicas a ambos lados de las dorsales. Las planicies abisales comprenden el espacio existente entre los bordes continentales y las dorsales. Las zonas más profundas de los océanos son las fosas, con profundidades medias en torno a los 8.000 m y que pueden llegar a tener varios miles de kilómetros de largo. La mayor profundidad de la Tierra se alcanza en la fosa de las Marianas, de 11.022 m.