Sistema morfoclimático glaciar

El sistema morfoclimático glaciar abarca el conjunto de procesos de modelación y creación del paisaje que actúan en las regiones de hielos perpetuos. Éstas comprenden tanto las zonas provistas de clima polar como las que poseen clima de montaña. En el caso del clima polar, la temperatura permanece por debajo de los 0 ºC a lo largo de todo el año. El frío dificulta la presencia de vapor de agua en el aire, lo que impide las precipitaciones. Por el mismo motivo, la evapotranspiración (pérdida de humedad del suelo debida a la evaporación) es casi inexistente. En tales condiciones el suelo se halla desprovisto de vegetación y cubierto de modo permanente por una capa de hielo. El clima polar aparece en la Antártida, Groenlandia, en el norte de Eurasia, en el extremo sur de Sudamérica y en islas subantárticas como las Shetland y las Falkland. Por otro lado, el clima de montaña se caracteriza también por sus bajas temperaturas, si bien dispone de precipitaciones, en forma de nieve en los meses fríos y de lluvia en los cálidos.

La acción del hielo

En ambos tipos de climas el hielo constituye el principal agente modelador del paisaje; en particular, cuando aparece en forma de glaciares. Un glaciar es una gran acumulación de hielo formada a partir de nieve compactada. Cuando el hielo alcanza un espesor suficiente comienza a deslizarse por las laderas y adopta una forma de lengua. Se trata de formaciones permanentes desde el punto de vista humano, aunque no a escala geológica.

Las características propias del hielo hacen que los glaciares posean un comportamiento plástico: son capaces de deformarse cuando sobre ellos actúan determinadas fuerzas, y en concreto la de la gravedad. Lo anterior hace que los glaciares experimenten un desplazamiento, siempre hacia zonas de cota inferior. Su velocidad oscila entre los 10 y los 100 metros anuales. Una vez que los glaciares alcanzan la parte baja de los valles o bien la costa, donde las temperaturas son más elevadas, el hielo comienza a fundirse, evaporarse o sublimarse. En cualquiera de los casos, la desaparición del hielo recibe el nombre genérico de ablación.

Durante su desplazamiento, el hielo de los glaciares experimenta un gran rozamiento contra el fondo y los laterales de los valles por los que circulan, lo que los convierte en importantes agentes de meteorización mecánica. Los detritos arrancados, mezclados con el hielo, contribuyen a su vez al proceso de meteorización. Las formas erosivas ocasionadas por los glaciares se dividen en dos grupos: las de desalojamiento, consistentes en la modelación a gran escala del terreno, y las de abrasión, consistentes en marcas menores dejadas en el terreno y acumulaciones de detritos depositados por el glaciar.

Formas erosivas

Entre las formas de desalojamiento se encuentran los circos y las artesas glaciares. Un circo glaciar consiste en una gran cavidad en forma de cubeta, ubicada en regiones altas montañosas. Se trata del lugar donde comienza la acumulación de nieve que luego da lugar al glaciar. La artesa es el valle por el que circula el glaciar y al que, al mismo tiempo, va dotando de forma. Lo más habitual es que las artesas adopten forma de U, pero existen otros tipos. En las artesas en cuna la profundidad de las laderas es igual a la mitad de la anchura del fondo. Las artesas en cubeta, por su parte, disponen de fondo plano y laderas poco profundas. Un tipo muy particular de artesas son las llamadas encajadas. Son el resultado del paso de varios glaciares de diferentes dimensiones, uno tras otro, por el mismo valle. El resultado es un perfil escalonado, provisto de numerosos rellanos. En cualquiera de los casos, la forma del valle sólo resulta apreciable una vez que el glaciar ya ha desaparecido.

En cuanto a las formas de abrasión, entre éstas se hallan las estrías dejadas por el hielo a su paso en el fondo y los laterales de la artesa glaciar, y las rocas aborregadas, unos realces redondeados situados en el fondo de la artesa.

Formas sedimentarias

Los detritos transportados por los glaciares se depositan en diferentes puntos del recorrido y dan lugar a formas de sedimentación. Unas de las más habituales son las morrenas, consistentes en acumulaciones alargadas de tales detritos. Las llamadas morrenas laterales aparecen a los costados del glaciar; las centrales, en el centro, cuando se ha producido la confluencia de varias lenguas glaciares, y las finales, en la conclusión del recorrido del glaciar. Estas últimas son especialmente útiles para determinar los sucesivos límites que ha alcanzado el hielo a lo largo del tiempo. Los materiales que forman las morrenas reciben la denominación de tills. Éstos comprenden arcillas, arenas, gravas y cantos rodados, y se caracterizan porque todos estos materiales se presentan estratificados en función de su tamaño. Los tills pueden llegar a litificarse, dando entonces lugar a las rocas conocidas como tillitas. Una acumulación de tillitas se denomina morrena fósil. Puede ocurrir que, una vez desaparecido el glaciar, los tills sean arrastrados por corrientes fluviales que fluyen por el antiguo lecho de la artesa, para ser luego depositados en recodos de su recorrido o en el fondo de lagos glaciares, los cuales ocupan cavidades del terreno excavadas antiguamente por el hielo. Se puede diferenciar entonces entre tills primarios, depositados directamente por los glaciares, y secundarios, los cuales han experimentado con posterioridad algún tipo de transporte. Durante este nuevo transporte, los tills pueden captar materiales de depósitos aluviales, en algunas ocasiones de gran valor, como oro y diamantes.

Otras formas de sedimentación propias de los glaciares son los drumlins. Éstos consisten en acumulaciones de detritos en forma de montículos de base elíptica. Su eje mayor marca la antigua dirección de desplazamiento del glaciar. Pueden poseer una longitud de cientos de metros y espesores de varias docenas. Lo más habitual es que aparezcan agrupados, formando los denominados campos de drumlins. Entre las formas de sedimentación relacionadas con los glaciares se encuentran también los eskers, acumulaciones alargadas de gravas depositadas por las corrientes de agua que fluyen por el fondo de los glaciares, bajo el hielo. También circulan corrientes por la parte superior de los glaciares y éstas son asimismo capaces de arrastrar y depositar materiales detríticos. En general, si la deposición de tales materiales se efectúa dentro del área de acción del glaciar, se conocen como yuxtaglaciares; si por el contrario las corrientes de agua hacen que los materiales detríticos salgan del glaciar y se depositen en otros lugares, tales depósitos pasan a denominarse proglaciares.

Otros agentes

Al margen de los efectos producidos por los glaciares, en los dominios morfoclimáticos graciares se pueden encontrar también otros fenómenos de modelación del paisaje. El viento, por ejemplo, actúa como agente de transporte de materiales sedimentarios. Tales sedimentos se depositan a continuación en depósitos conocidos como loess. Por otro lado, las extremas condiciones térmicas de estos dominios ocasionan la congelación del agua que penetra en las rocas. Al congelarse aumenta de volumen y actúa como una cuña que provoca la fractura del material. Este proceso es denominado gelivación. Los depósitos consistentes en fragmentos de rocas, acumulados usualmente en la base de las montañas, son conocidos como pedrizas o canchales.