Hipótesis Gaia

    Teoría basada en un modelo planetario en virtud del cual la Tierra, en unión de los seres vivos que habitan en ella, conforma un sistema autorregulado en el que es la propia vida la que va modificando y corrigiendo las condiciones ambientales para asegurar su perdurabilidad.

    El modelo fue creado a finales de la década de 1960 por el químico británico James Lovelock y la bióloga estadounidense Lynn Margulis, que le dieron ese nombre en alusión a la mitológica diosa griega de la Tierra, Gaia o Gea, garante de la continuidad de la vida.

    La gestación de esta hipótesis obedecía en origen a criterios empleados en cibernética en función de los cuales los elementos vivos que integran la biosfera, es decir, los factores bióticos, interactúan entre sí y también con los inertes, los abióticos, que conforman los medios terrestre, oceánico y atmosférico. Estas interrelaciones definen continuos ciclos de retroalimentación que se orientan en la línea evolutiva para lograr las condiciones óptimas para el desarrollo de la vida.

    Se trata de un planteamiento teórico, no unánimemente aceptado por la comunidad científica, pero que se sustenta sobre datos difíciles de rebatir, como el hecho de que la temperatura terrestre se haya mantenido más o menos constante durante miles de millones de años, mientras que en el mismo intervalo la energía procedente del Sol ha aumentado en un 25%. En igual sentido se enfoca la constancia de los valores de la composición de la atmósfera o de la salinidad de los océanos.

    La aceptación del modelo de Gaia comporta el reconocimiento de que, si la Tierra tiene la capacidad de autorregularse y de reparar de forma espontánea los desequilibrios de su entorno, la responsabilidad de la progresiva degradación ambiental que amenaza el planeta en la primera década del siglo XXI corresponde de manera exclusiva a la actividad humana, hecho que por otra parte los sucesivos registros científicos parecen corroborar.