Leyes de la robótica

    Un robot es un dispositivo electromecánico, ideado por el hombre para la realización de tareas monótonas o peligrosas.

    La literatura de ciencia ficción se ha hecho eco de la existencia de estos ingenios, a los que, en una fantasiosa extrapolación de sus posibilidades, ha dotado de aspecto humanoide y de unas facultades volitivas que les permiten tomar, de manera autónoma e independiente de sus fabricantes, decisiones propias.

    En 1917, el checoslovaco Karel Capek, autor del término robot, escribió una novela en la que estas máquinas se rebelaban contra sus creadores. Aunque no pasó de ser una narración de ciencia ficción, el relato movió al científico y también autor de novelas del género Isaac Asimov a enunciar, hacia 1942, unas leyes, conocidas como leyes de la robótica, que debían presidir el diseño y actuación de los robots. Estas normas deberían estar tan sólidamente implantadas en los programas informáticos que rigen al robot que su violación conllevaría de forma automática la destrucción de la máquina.

    Las leyes de la robótica son:

    1. Ley cero. Un robot no puede dañar a la Humanidad por acción, ni permitir que, por omisión, se dañe a ésta.

    2. Primera ley. Ningún robot puede dañar a ningún ser humano, ni permitir, por omisión, que éste sea dañado.

    3. Segunda ley. Un robot debe siempre seguir las órdenes que reciba de los seres humanos, salvo cuando éstas supongan la violación de la primera ley.

    4. Tercera ley. Un robot debe siempre proteger su propia existencia, salvo que ello entre en conflicto con las leyes primera y segunda, las cuales tendrán prioridad sobre la propia existencia del robot.

    Aunque inscritas en el mundo de la ciencia ficción, estas leyes permanecen como un conjunto ético y moral que el desarrollo real de la inteligencia artificial y la robótica deben respetar.