Inteligencia artificial

    La inteligencia artificial puede mejorar el rendimiento y la automatización de la maquinaria industrial.

    Aunque existen diferentes interpretaciones de este concepto, de forma bastante exacta y en su acepción más extendida, puede decirse que la inteligencia artificial es la rama de la tecnología que tiene como finalidad el diseño de programas informáticos que produzcan reacciones y comportamientos análogos a los que se registra en los seres humanos.

    Lógicamente, el desarrollo de este tipo de sistemas pasa por el establecimiento de un concepto exacto de inteligencia, de las consecuencias de éste y de la relación de esa inteligencia con los procesos de aprendizaje. Por ello, además de principios técnicos, hay que considerar aspectos filosóficos y psicológicos inherentes a la cuestión.

    En cualquier caso, el propósito es diseñar máquinas cuyos componentes imiten al cerebro en su organización y en su funcionamiento, como órgano capaz de elaborar decisiones lógicas a partir de unos determinados datos.

    De esta manera, el dispositivo electrónico tendría un cierto carácter biológico, capaz, como se ha demostrado, de abordar tareas complejas y abstractas. La existencia de programas de inteligencia artificial usados en economía, en medicina, en ingeniería, etc., así como los empleados en máquinas capaces de jugar al ajedrez, son buen ejemplo de ello.

    Evolución histórica

    De la inteligencia artificial se considera pionero al matemático surafricano Seymour Papert, padre del lenguaje de programación LOGOS, aunque los primeros desarrollos sobre la cuestión, debidos a Alan Turing, datan de 1950. Los trabajos de Papert crearon grandes expectativas, pero la falta de logros hizo que, durante más de diez años, se olvidase la cuestión. En 1980, los avances en informática dieron lugar a la aparición de los llamados sistemas expertos, lo que reabrió el interés por el tema. No obstante, este decayó nuevamente hacia 1990, debido igualmente a falta de resultados concretos.

    En los inicios del siglo XXI se produjo una verdadera eclosión de sistemas de inteligencia artificial. Ámbitos como la logística, el diagnóstico en medicina y la minería de datos (descubrimiento de patrones en extensas colecciones de información) empezaron a utilizar sistemas cada vez más complejos de inteligencia artificial en el entorno productivo. Los nuevos desarrollos de la informática y de las redes de comunicaciones dieron paso a un periodo de intensa actividad en la investigación en la materia.

    Hasta ese momento, se había considerado que las máquinas no alcanzarían un grado de inteligencia comparable al del cerebro humano, al que muchos estudiosos consideraban que estarían siempre supeditadas. Este principio se vio subvertido en los finales de la década de 2000. Un grupo de ingenieros de IBM desarrolló diversas máquinas de inteligencia artificial capaces de competir con rivales humanos en distintas actividades de juegos y concursos de alto rendimiento. La derrota del campeón mundial de ajedrez, Gary Kaspárov, en 1997 ante el ordenador Deep Blue marcó una línea divisoria en la consideración de la inteligencia artificial a escala popular. A esta proeza tecnológica le siguieron rápidamente otros logros, que llevaron a las máquinas a vencer a especialistas en concursos televisivos o incluso en el juego del Go, de reglas todavía más complejas que el ajedrez.

    La interactividad de las redes de comunicaciones y los dispositivos móviles (teléfonos inteligentes, tabletas y otros) abrieron un nuevo campo para el avance de la inteligencia artificial y su acceso a dominios cada vez mayores de la vida cotidiana. Los procedimientos algorítmicos utilizados por plataformas tecnológicas como los navegadores de Google o la red social Facebook, pasaron a ser capaces de analizar las pautas de comportamiento de sus usuarios para proponerles productos y opciones adecuados a sus preferencias de forma autónoma al control humano. Aun carentes de conciencia propia, las máquinas de inteligencia artificial demostraron en numerosos contextos una potencia intelectiva comparable o superior a la humana, con capacidad de autoaprendizaje y ampliación autónoma de sus bases de conocimientos.

    Fundamentos de la inteligencia artificial

    Históricamente, muchos científicos se preguntaban si, realmente, la inteligencia artificial, tal y como se la concibe en la actualidad, es posible o bien pertenece al dominio de la ciencia ficción. La respuesta en uno o en otro sentido la da la prueba de Turing.

    Este test consiste en considerar una máquina, teóricamente dotada de inteligencia artificial, y dos personas. Cada uno de estos tres elementos debe situarse en recintos respectivamente aislados. Una de las personas, el llamado interrogador, plantea una serie de preguntas que deben ser respondidas por la otra persona y por la máquina. Se concluirá que ésta posee inteligencia artificial cuando el interrogador sea incapaz de discernir si las respuestas a las preguntas propuestas provienen de la máquina o de la otra persona. Aunque ampliamente aceptada, la prueba de Turing no es considerada, sin embargo, concluyente por algunos científicos.

    Otro aspecto que ha de establecerse en la inteligencia artificial es la determinación del tipo de inteligencia con el que se desea trabajar. En efecto, los psicólogos admiten la existencia de diversos tipos de inteligencia, considerándose comúnmente una inteligencia lingüística, que permite una gran habilidad en todas las facetas de expresión a través del lenguaje; una inteligencia lógico-matemática, capaz de realizar importantes procesos de abstracción; una inteligencia espacial, que permite el desarrollo de variadas actividades artísticas; una inteligencia corporal, que utiliza el cuerpo en movimiento como vehículo de expresión; una inteligencia musical y una inteligencia intrapersonal, que permite al individuo el conocimiento profundo de sí mismo.

    En la actualidad, los métodos utilizados para investigar la posibilidad de utilización de la inteligencia artificial son:

    • Redes neuronales:imitan al sistema nervioso ya que, de la misma manera que éste es un conjunto de neuronas interconectadas, las redes neuronales son un complejo conjunto de componentes que, a partir de un estímulo, originan una señal de salida. Son útiles para reconocer formas, sonidos, imágenes, etc.

    • Sistemas difusos: los sistemas lógicos tradicionales se basan en la llamada ley del tercio excluido, la cual se concreta en que un enunciado lógico sólo puede adoptar dos valores: verdadero o falso. Por ejemplo, dos rectas son paralelas o no lo son. No caben terceras posturas. Frente a esta posibilidad, los sistemas difusos admiten que una proposición puede adoptar más de dos valores lógicos diferentes.

    • Computación evolutiva: se basa en los postulados biológicos que rigen la idea de selección natural, por lo que consideran la supervivencia de los más dotados y el concepto de mutación como mecanismos activos.

    Los sistemas seguidos hasta el momento para aplicar estos métodos han sido, principalmente, el establecimiento de modelos expertos, el razonamiento basado en casos y las redes bayesianas.

    Los modelos expertos son sistemas susceptibles de razonar de modo similar al que practica un profesional (médico, matemático, etc.) cuando se le plantea un determinado problema de su especialidad. En consecuencia, se basan en recopilar toda la información posible, tanto en el plano teórico como en el práctico, que le brinda el experto, utilizando sistemas lógicos de inferencia que le permitan añadir conocimientos a los que ya posee.

    En el razonamiento basado en casos, el sistema se fundamenta en actuar de acuerdo con la experiencia que le proporcionan situaciones similares vividas, las cuales almacena en su memoria.

    La red bayesiana es un modelo probabilístico en el que confluye una variable cualitativa con otra cuantitativa, cuya relación está marcada por el teorema de Bayes.

    Aplicaciones de la inteligencia artificial

    El extraordinario avance experimentado en las últimas décadas de la inteligencia artificial ha propiciado su progresiva integración con distintos procesos productivos y actividades de la vida cotidiana. La introducción de esta tecnología se percibe actualmente en dominios muy diversos, desde la industria militar (por ejemplo, drones) hasta la venta directa al consumidor desde plataformas comerciales interactivas.

    En la industria civil, el sector de la automoción se ha erigido en uno de los estandartes de los desarrollos de inteligencia artificial. En la escala de consumo, durante la década de 2010 se introdujeron los primeros prototipos de vehículos de conducción autónoma, sin intervención humana. Empresas punteras como Tesla, Google y Apple fueron pioneras en estas tecnologías, en las que el propio vehículo toma las decisiones de circulación, de alta complejidad, para saber no sólo adónde dirigirse, sino también cuándo y cómo acelerar, frenar, cambiar de carril y demás acciones propias de la conducción dentro del entorno intrincado y cambiante de la circulación urbana.

    El sector de la economía y las finanzas ha introducido autómatas que se encargan del análisis y la toma de decisiones que regulan la compraventa de acciones y otros títulos financieros en los mercados bursátiles. Ningún operador humano es capaz de analizar y procesar la masiva cantidad de información que manejan estos autómatas, ni de responder con su velocidad de reacción. La introducción de la inteligencia artificial en este dominio ha producido un cambio muy sustancial en los comportamientos, acompañado de nuevas necesidades de estudio y regulación para controlar posibles sesgos o errores en el funcionamiento de sus motores de inteligencia artificial.

    La medicina se ha beneficiado enormemente del uso de sistemas inteligentes no humanos. En un principio, sistemas expertos accedían a las ingentes bases de datos médicas para ayudar a los doctores en el diagnóstico de enfermedades, como el cáncer, a través del estudio de los síntomas y las pruebas de exploración, radiológicas y de otros tipos. Hoy en día, esta importante labor se ha visto complementada con la capacidad de prescribir, e incluso aplicar, automáticamente tratamientos e incluso de realizar delicadas intervenciones quirúrgicas mediante la interacción coordinada entre sistemas de inteligencia artificial y terminales robóticos.

    La industria de los videojuegos se ha enriquecido enormemente con las aportaciones de la inteligencia artificial, con motores inteligentes capaces de tomar decisiones autónomas y de aprender a partir de la experiencia las modalidades y vicisitudes de los juegos. De algún modo, los nuevos sistemas desarrollan una cierta “creatividad” que les permite diseñar y abordar con máxima precisión nuevos escenarios de superación y toma de decisiones.

    La venta en plataformas online y las redes sociales informáticas obtienen hoy en día un alto provecho de la inteligencia artificial. La tecnología algorítmica avanzada permite a equipos de ingenieros desarrollar programas que buscan en las bases de datos de estas plataformas para determinar pautas de conducta en los consumidores, compararlas con las ofertas disponibles y realizar automáticamente recomendaciones personalizadas basadas en los gustos y las preferencias de cada usuario. Los algoritmos informáticos de alto nivel y el concepto de Big Data (gran volumen de datos, estructurados o no, del mundo de los negocios, el consumo y el ocio) han revolucionado drásticamente los hábitos de consumo y el establecimiento de canales de venta entre los fabricantes, los distribuidores y los clientes.

    Los anteriores son algunos de los ejemplos sobre el efecto que la inteligencia artificial, unida a otras tecnologías en vigor, puede tener en el futuro inmediato de la producción, la industria y las actividades de la vida cotidiana. Existen otros muchos campos de desarrollo incipiente, como el estudio del lenguaje natural, cuyo objeto sería eliminar las barreras lingüísticas y permitir el entendimiento directo entre personas con ayuda de una máquina y sin la intervención de intérpretes humanos. Así mismo, el mundo del arte, considerado la expresión máxima de la creatividad humana, está siendo objeto de indagación por sistemas de inteligencia artificial capaces de componer obras literarias, pictóricas, musicales y de otros tipos cuya calidad no dista ya tanto de la elaborada de los artistas humanos.