Crisis energética

    Ruptura del equilibrio entre la producción y el consumo de energía.

    Un hecho indiscutido por todos los teóricos, sin excepción alguna, es el de señalar la importancia capital de la energía en un mundo, en el que, desde la Revolución Industrial, se inició una masiva utilización de la máquina como ventajoso sustitutivo de la fuerza muscular, humana o animal. En efecto, las máquinas, que han supuesto para el hombre una mayor eficiencia en el proceso productivo y el alcance de mayores cotas de bienestar, precisan de forma ineludible para su funcionamiento de un manantial energético. La carencia de ese manantial supondría para las máquinas quedar fuera de servicio, lo que se traduciría en una menor producción de bienes y en una disminución de la calidad de vida, al menos bajo el punto de vista del confort, con las inevitables repercusiones políticas, económicas y sociales que ello conllevaría.

    Hoy en día, existe una cierta relación entre la producción y el consumo de energía y el nivel económico de un país, utilizándose la demanda global energética como indicador de diversas magnitudes macroeconómicas y, sobre todo, de potencia industrial, ya que resulta obvio que una expansión de la industria supone un fuerte gasto de energía. No cabe duda de que el elevado coste actual de los factores energéticos tradicionales ha sido y es un componente de elevado peso específico en la configuración de cualquier situación económica, especialmente cuando desaparecen los ciclos de bonanza. No es, sin embargo, una cuestión inédita en la historia, pues ya en el siglo XVII, se produjo en Inglaterra una gran escasez de madera y carbón de leña, que originó una penuria de hierro durante más de cien años.

    Se puede citar el año 1973 como el primero en el que se inició una crisis en este campo, si bien no puede decirse que fuera netamente energética, ya que no fue la energía el único factor responsable, siendo más exacto afirmar que se trató de una crisis del modelo de desarrollo y de los modos de producción y de crecimiento de algunos países, con especial mención de Japón y de otros de la Europa Occidental, junto con el problema petrolífero planteado por los países productores de crudo.

    En principio, la aparición de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) fue la respuesta de un conjunto de naciones que se asociaban con la idea de defender sus intereses, acabando con una situación netamente injusta. Efectivamente, las relaciones entre países exportadores y consumidores estaba marcada por un grave desequilibrio, ya que, mientras que los primeros exportaban su crudo de forma abundante y barata, los segundos les vendían a éstos productos manufacturados a precios muy altos. Por otra parte, los exportadores argumentaban que sus reservas eran limitadas, con lo que antes o después se acabarían, lo que les obligaba a recaudar las mayores sumas posibles a fin de instalar en sus naciones las infraestructuras tecnológicas adecuadas para garantizar su subsistencia, una vez acabado su crudo. Ello les llevó a la adopción de dos medidas, que fueron la elevación del precio del barril de petróleo y la disminución de la producción, con lo que, por la ley de la oferta y la demanda, los precios se elevaron y, además, sin necesidad de esquilmar las reservas en un grado tan alto.

    En este año, tras la rotura del equilibrio de fuerzas en el mercado petrolífero, como se ha dicho, se produjo por parte de la OPEP un brusco aumento de los precios de los crudos, aumento que se intensificó por motivos políticos con motivo de los conflictos entre árabes e israelíes y que supuso un fuerte golpe para las economías de los países desarrollados y no productores que, incapaces de prever esta evolución, no se habían preocupado de disponer con antelación de una fuente sustitutiva del petróleo.

    Sin duda, en la actualidad, se está abriendo paso la idea de que el mundo no está viviendo una situación energética coyuntural, en el sentido de considerar la crisis como un problema pasajero, sino que más bien la situación presente, con altos precios del crudo, es crónica e irreversible, si no se produce una nueva Revolución Industrial.

    El hecho indiscutible de lo limitado de las reservas de combustibles fósiles, lo que hará que en algún momento queden únicamente destinados para su empleo como materia prima en la industria química, y la fuerte contestación a nivel popular del empleo de la energía nuclear han hecho que los científicos de todo el mundo intenten diversificar los recursos aprovechables, procurando descubrir nuevas fuentes energéticas que sean renovables, es decir, producidas de manera natural y, en consecuencia, inagotables.

    Otros aspectos ligados a los combustibles fósiles de gran calado son los medioambientales y los políticos. Dentro del primer grupo, hay que considerar los procedentes de la combustión de carbones y derivados del petróleo, causantes del vertido a la atmósfera de ingentes cantidades de dióxido de carbono, que refuerza el efecto invernadero, y de óxidos de azufre y de nitrógeno, que acaban por originar la lluvia ácida.

    En el terreno político, la dependencia de los países consumidores respecto de los productores merma la autonomía de los primeros. Tras el primer conflicto árabe-israelí, los países productores llegaron a amenazar más o menos claramente con suspender el suministro de crudos a las naciones que, de alguna manera, apoyaran a los israelíes, lo cual, evidentemente, pone en manos de los poseedores de petróleo una fuerza capaz de originar presiones difíciles de contrarrestar. Ello explica muchos movimientos políticos, diplomáticos y bélicos desplegados en este sentido. La respuesta dada por las potencias occidentales, lideradas por los Estados Unidos y Reino Unido, a la invasión de Kuwait por parte de Sadam Hussein es un ejemplo de ello.

    En definitiva, la problemática ligada a los aspectos político, económico y ecológico de los combustibles fósiles ha establecido una situación de crisis que es necesario resolver lo antes posible, mediante fuentes energéticas, limpias, renovables y al alcance de la humanidad.