Genética

    Desde las épocas más remotas, el ser humano percibió que en su especie los hijos se parecen a los padres, tanto en los rasgos físicos (color de los ojos, dibujo de la boca, estatura, etc) como en los rasgos psíquicos e, incluso, en sus aptitudes. La misma reflexión puede hacerse con los animales irracionales y con los vegetales.

    El conjunto de caracteres físicos y psíquicos transmitido de padres a hijos se denomina herencia genética, recibiendo el nombre de Genética la parte de la Biología que se ocupa de los mecanismos de transmisión de esos caracteres.

    El conocimiento por parte del hombre de la existencia de una herencia genética se pierde en la noche de los tiempos, como lo demuestra que, desde los orígenes de la civilización, se recurriese al cruce de animales domésticos a fin de conseguir ejemplares de buenas cualidades. Avalan la existencia de estos experimentos diversos escritos de Teofrasto, Plutarco, Lucrecio, etc. En todos ellos, dado el desconocimiento de la época sobre las más elementales cuestiones biológicas, se justificaban los resultados obtenidos a base de explicaciones basadas en poderes divinos.

    Se considera padre de la Genética al austriaco y monje agustino Gregor Mendel, quien realizó una serie de hallazgos, entre 1857 y 1866, que se publicaron en las actas de la Sociedad para el Estudio de las Ciencias Naturales, de la ciudad checa de Brno. La escasa difusión de este círculo de estudios hizo que sus descubrimientos permanecieran desconocidos, hasta que en 1900, Correns, De Vries y Tschermak, cada uno por su cuenta, llegaron a los mismos resultados que el agustino. Ello hizo que se exhumaran los escritos de Mendel y que saltaran a un primer plano, con lo que aquéllos tuvieron que resignarse a un papel de redescubridores.

    El descubrimiento del ADN, y de la estructura cromosómica fueron hitos fundamentales en el desarrollo de la Genética moderna. El norteamericano W.S. Sutton y el alemán Theodore Boseri comprobaron la influencia de los cromosomas en la herencia, advirtiendo la existencia, dentro de ellos, de unos elementos, los genes, de importancia crucial.

    En 1927, H.J. Muller demostró que la acción de los rayos X sobre los cromosomas originaba la alteración de éstos, produciendo individuos mutantes, es decir, de características diferentes a sus progenitores. En los últimos años, la Genética ha constituido un campo de estudio apasionante para los biólogos, los cuales han obtenido resultados espectaculares, con vacas superlecheras, gallinas que ponen huevos muy grandes, etc.

    Todos esos logros están basados en los avances alcanzados por la Biología Molecular, los cuales han cristalizado en la llamada Ingeniería Genética, denominación que comprende un conjunto de procedimientos que permiten manipular los cromosomas de los gametos antes de que se unan, predeterminando así las características del nuevo ser.

    Las perspectivas que hoy día se abren ante los científicos en el campo de la Genética son prácticamente ilimitadas: la curación del cáncer o la terapia génica son sólo dos ejemplos de lo que se puede conseguir en este prometedor campo. No obstante, en él ha surgido también una importante problemática ética, que necesita de una urgente regulación a fin de que se haga un uso de los nuevos descubrimientos que sea compatible con la dignidad humana

    Las ramas de la Genética, básicamente son:

    • Clásica: estudia los cromosomas y sus genes (genotipo) así como sus mecanismos de transmisión.

    • Cuantitativa: considera la influencia de los genes sobre el fenotipo (forma de manifestarse el genotipo).

    • De poblaciones: analiza los genes en una población y como evolucionan éstos a lo largo del tiempo.

    • Molecular: considera el ADN desde el punto de vista de su composición y comportamiento.