Criollismo

    Cuadro de época colonial que representa a santa Rosa de Lima alzando la Eucaristía.

    Identidad colectiva desarrollada por los criollos (individuos de raza blanca nacidos en América de padres peninsulares) a lo largo de los siglos XVII y XVIII como respuesta a la política de exclusión de que eran objeto. Mediante la exaltación de la tierra, la sacralización del espacio y la apropiación del tiempo, los criollos buscaban conformar un sentimiento de pertenencia y legitimar sus pretensiones de hacerse con el control político de las regiones a las que pertenecían.

    La mayoría de los criollos gozaba de una holgada posición económica gracias a la cual había podido realizar estudios universitarios y adquirir una amplia cultura. Además, muchos sectores económicos estratégicos, como el textil o el agropecuario, estaban controlados por importantes familias criollas que pertenecían a la elite social del mundo colonial. Sin embargo, aunque a efectos legales seguían siendo considerados como españoles, en la práctica fueron discriminados de los altos puestos de gobierno, tanto eclesiásticos como civiles. Al verse privados del acceso a los puestos de decisión, los criollos comenzaron a reivindicar su origen americano y su capacidad política y administrativa, lo cual se convertiría en el germen del nacionalismo decimonónico en Latinoamérica.

    La construcción de un sentimiento identitario propio, el criollismo, pasó por tres fases:

    La apropiación del espacio. La consideración del territorio como algo propio llevó a los criollos a loar la feracidad de la tierra, la diversidad geográfica, la riqueza mineral y las bondades del clima americano. De esta suerte, los criollos valoraron muy positivamente el hecho de ser originarios de América, pues, al haber nacido en esa tierra de promisión benigna y rica, habían adquirido una serie de características que les hacían, cuando menos, equiparables a los peninsulares y, al mismo tiempo, diferentes.

    Sacralización del espacio. Las regiones hispánicas fueron mitificadas en el ideario criollo no sólo mediante la exaltación del espacio, sino también mediante la promoción de santos y beatos de origen americano (santa Rosa de Lima, san Felipe Neri) y, sobre todo, a través del fomento del culto mariano, en especial el de la Virgen de Guadalupe, a la que se consideró protectora y patrona de América.

    Apropiación del tiempo. Los criollos también consensuaron una historia propia. Ello se logró exaltando tanto a las culturas indígenas, a las que se consideró portadoras de grandes valores políticos y culturales, como a la propia conquista militar del siglo XVI, la cual pasó a ser el verdadero origen de la historia americana. En este sentido, Cortés y Pizarro se convirtieron poco menos que en los primeros “héroes nacionales”.

    Conforme avanzó el siglo XVIII estos sentimientos de pertenencia se hicieron más tangibles y los criollos demandaron mayores cotas de participación gubernamental y política, pues consideraban que era a ellos a quienes naturalmente correspondía regir los destinos de su patria. Ello no significa que buscaran la independencia política de la monarquía hispánica, sino que pretendían que se les reconociera de facto la igualdad teórica que les concedían las leyes como súbditos del rey católico.