Descolonización

En sentido amplio, la descolonización es el proceso por el cual un país colonizado o dominado por otro, consigue la independencia. En historiografía, sin embargo, este término suele emplearse para los países africanos y asiáticos que, tras la Segunda Guerra Mundial, consiguieron declararse como naciones soberanas. No se suele emplear para otros procesos similares como la independencia estadounidense o la emancipación de Latinoamérica.

La Segunda Guerra Mundial significó el fin de los imperios coloniales europeos constituidos a lo largo del siglo XIX. Las tensiones bélicas y las dificultades que atravesaron las metrópolis facilitaron el surgimiento de sentimientos nacionalistas entre los habitantes de las diferentes colonias. Dichos sentimientos fueron a menudo avivados por las dos nuevas superpotencias, los Estados Unidos y la Unión Soviética, interesados en imponer su hegemonía en los antiguos dominios coloniales. Un factor secundario pero importante ideológicamente fue el impulso que recibió el principio de autodeterminación de los pueblos: las naciones que habían combatido en nombre de la libertad y la soberanía nacional contra la Alemania nazi o el Japón imperialista se vieron obligados a reconocer el mismo derecho a los pueblos colonizados.

La práctica totalidad de las naciones de Asia y África alcanzaron la plena soberanía entre 1945 y 1975. Gran Bretaña fue la primera en reconocer la inviabilidad del modelo colonial y más o menos de forma pacífica, se retiró gradualmente de todas las regiones ocupadas. Intentó mantener, eso sí, cierta influencia mediante un entramado institucional, la Commonwealth, con claras ramificaciones políticas, económicas y culturales. Francia fue más reticente en abandonar sus territorios, por lo que los procesos de independencia fueron sumamente violentos (Indochina, Argelia). Bélgica, por su parte, se retiró de forma súbita del Congo Belga (actual Zaire), en tanto que Portugal fue la última nación en conceder la independencia a sus colonias africanas.

Fases del proceso

El proceso de descolonización se vivió en dos fases principales. La primera etapa (1945-1955) afectó especialmente al Medio Oriente, controlado por Gran Bretaña y Francia. Durante este periodo, Gran Bretaña se vio forzada a abandonar dos de sus grandes “emblemas” coloniales: la India y Egipto. En la India, las reformas implantadas durante el periodo de entreguerras y la presión ejercida por la Liga musulmana y el Congreso Nacional Indio de Mohandas Gandhi (1869-1948) obligaron a Londres a ordenar la retirada (1947) y la partición de la colonia en una parte hindú (India) y otra musulmana (Pakistán). En Egipto, el triunfo de una revuelta militar liderada entre otros por Gamal Abdel Nasser (1918-1970) unido al ejemplo palestino, de donde Gran Bretaña se había retirado en 1948 para dejar sitio al nuevo estado de Israel, hizo la posición británica insostenible, provocando su abandono en 1956; ese mismo año, los intentos por conservar el control del canal de Suez (intervención anglo-francesa; guerra árabe-israelí) se demostraron infructuosos.

Las relativamente pacíficas “independencias” de India y Egipto contrastaron con la violencia que sumió a la Indochina francesa. El gobierno francés se embarcó en una infructuosa lucha contra las guerrillas comunistas-nacionalistas de Ho Chi Minh (1890-1969) que acabó en la desastrosa derrota de Dien Bien Phu (1954); las subsiguientes conversaciones de paz dieron como resultado la creación de Camboya y Laos mientras Vietnam quedó dividido en dos estados, el norte comunista y el sur capitalista, que serían los escenarios de una cruenta guerra civil y de la intervención estadounidense.

Esta fase finalizó en 1955, año de la conferencia de Bandung, Indonesia. A instancias del primer ministro indio Jawaharlal Nehru (1947-1964), se reunieron en la ciudad indonesia las nuevas naciones con el objetivo de fijar sus posiciones. En ella se proclamó la doctrina de la no alineación –es decir, no apoyar ni a los Estados Unidos ni a la Unión Soviética–, se adoptó la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y se hizo de la cooperación internacional la clave para eliminar el subdesarrollo.

Gandhi y Nehru, dos de los principales protagonistas de la independencia de la India.

La segunda etapa (1955-1975) afectó principalmente a África mediterránea y Subsahariana, al Medio Oriente y a la zona del golfo Pérsico. Tres fueron los procesos de mayor relevancia internacional dentro de esta fase. En primer lugar, se produjo una revolución nacionalista en el mundo árabe que dio como resultado independencias pactadas (Marruecos, 1956-1970; Túnez, 1956) y cruentas guerras civiles (Argelia, 1954-1962). Por otro lado, el panarabismo se posicionó en contra del sionismo judío, lo que provocó un continuo enfrentamiento (guerras de 1956, 1967, 1973) entre la pro-occidental Israel y los miembros de la pro-soviética Liga Árabe. A la sombra de estos enfrentamientos nacería la Organización para la Liberación de Palestina (OLP, 1969), encabezada por Yasir Arafat (1929-2004), cuyo objetivo era la creación de un estado palestino. Finalmente, se produjo la independencia de numerosos países arábigos (Yemen, Qatar, Kuwait, Bahrein y los Emiratos Árabes Unidos), los cuales, agrupados en la oligopolista Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP, 1960), trataron de participar en la campaña antisionista mediante el control de las exportaciones de petróleo.

Tropas francesas en Argelia durante la guerra civil.

Consecuencias de la descolonización

La mayoría de los nuevos estados, muchos agrupados bajo el nombre de Tercer Mundo o de “países en vías de desarrollo”, presentaba graves problemas económicos. En buena medida, esta situación fue producto directo de los años de dominio colonial, puesto que las metrópolis únicamente incentivaron la extracción de materias primas con el objetivo de abastecer sus industrias y, al mismo tiempo, se despreocuparon de la formación científica y tecnológica de la mayoría de la población, limitando su apoyo a las elites locales. La falta de recursos económicos obligó a los nuevos gobiernos a pedir préstamos a los organismos internacionales, los cuales concedieron dicha ayuda a cambio de la implantación de políticas neoliberales como la apertura de los sectores estratégicos al capital privado –sobre todo europeo y estadounidense– con lo cual las ganancias no se invirtieron en el desarrollo de las infraestructuras. Al mismo tiempo, los altos tipos de interés provocaron que los gobiernos se vieran prácticamente imposibilitados a liquidar sus préstamos. Esta situación de pobreza generalizada produjo a su vez otros fenómenos sociales como las migraciones masivas –tanto del campo a la ciudad como hacia otros países o continentes–, la corrupción entre los funcionarios, el tráfico de armas y en casos graves, las guerras civiles que enfrentaban a grupos por el poder, único medio de garantizar el acceso a los recursos económicos.

Mención aparte merecen las divisiones étnicas. En algunos países, como Sudáfrica, la minoría blanca de origen europeo mantuvo el control de las nuevas naciones, discriminando legalmente del poder y de los beneficios económicos a las mayorías negras (apartheid). Ello motivó el surgimiento de movimientos en pro de la igualdad, como el encabezado por Nelson Mandela (n. en 1918), quien llegaría a convertirse en presidente de la república sudafricana (1994) tras largos años de lucha. En otros estados, la descolonización hizo revivir los problemas étnicos, dando lugar a cruentas guerras civiles como el intento secesionista de Biafra (1967-1970) o las matanzas de Ruanda (1990).