Arte africano

Cabeza de Ora (Benín) y escultura yoruba (Nigeria).

Escultura ifé-yoruba de mujer, esculpida en torno al siglo XV.

El continente africano tiene una extensión aproximada de unos treinta millones de kilómetros cuadrados, con unas variedades climáticas y geográficas que van desde las regiones áridas, hasta los territorios húmedos, además de zonas templadas. En este inmenso territorio existen gran variedad de culturas, desde la islámica o bereber del norte hasta el núcleo occidental sudafricano, pasando, obviamente, por los más de mil pueblos del África negra. A la hora de estudiar las manifestaciones artísticas de estos distintos grupos culturales, los dos primeros suelen ser encuadrados dentro del arte islámico y el occidental respectivamente; el arte africano hace especial referencia al desarrollado por los pueblos autóctonos del área subsahariana.

Cabeza con peinado trilobulado , con los característicos rasgos geométricos.

Máscara real de la cultura yoruba, siglo XVI.

Las expresiones creativas de estos pueblos contienen una serie de puntos en común que posibilitan su estudio como una unidad. Por una parte, el papel del arte (y por tanto del artista) es parecido en todos ellos; por otra, sus principales manifestaciones artísticas se centran en las denominadas artes plásticas y en la música, quedando la literatura en un segundo plano debido a su permanencia en el terreno de la oralidad. No hay que olvidar que durante gran parte de la historia de África, sus pueblos permanecieron en sociedades técnicamente poco evolucionadas y a veces calificables de primitivas debido a la pervivencia de modos de vida nómadas o seminómadas. Aunque en algunos casos hubo grandes formaciones estatales basadas en una evolución protourbana, esto fue más una excepción que la regla.

Características generales

Estatuilla policromada que representa a un guerrero fon, quizá al rey Glele.

Divinidades femeninas ashanti, representadas con una cabeza en forma de disco y rasgos esquemáticos.

A pesar de la diversidad de etnias que habitan el continente africano, su arte suele tener una serie de rasgos comunes. Evidentemente, hay características propias de cada pueblo o cultura, sobre todo aquellas derivadas de la localización geográfica, las capacidades técnicas o materiales, el genio del individuo o el peso de las instituciones, pero las diferencias no suelen ser considerables en cuanto al arte en general sino en cuanto a las formas expresivas específicas.

La función del arte. El arte africano está diseñado para cumplir con una función, ya sea ésta religiosa, ceremonial o simplemente práctica, como es el caso de los textiles.

Vista general de un pueblo dogon en la que se pueden apreciar los típicos tejados de esta cultura y el abigarramiento del espacio.

El concepto de artesanía artística. Dado que se tiende a considerar que los objetos artísticos africanos están destinados a un uso práctico, se ha tendido a creer que no tienen un componente estético primordial, es decir, que entran de lleno en el campo de la artesanía. Esta noción está sin embargo muy tergiversada por el concepto occidental de l’art pour l’art o el arte por el arte surgida a mediados del XIX. Al fin y al cabo, existen numerosas manifestaciones artísticas occidentales que responden al criterio de funcionalidad (desde el arte paleolítico a la desornamentación de la Bauhaus) y que sin embargo tienen un claro componente estético. Lo mismo ocurre con la “artesanía” africana; esto es, se trata de una artesanía artística.

El peso de la tradición. Otra evidente consecuencia de la funcionalidad del arte africano es el peso que tiene la tradición sobre la expresión artística. A menudo, las instituciones que patrocinan estas expresiones imponen la repetición de modelos previos, lo que provoca un importante continuismo en las formas a lo largo de la historia. Sin embargo, esto no significa que esté anulada la capacidad creativa del artista, ya que éste siempre puede embellecer el “útil” según su forma particular de entender el arte.

El peso de la escultura. Dentro de las artes africanas, la escultura ha sido siempre la que más atención ha concitado. Sin embargo, no ha sido la única ya que los estados mandaron edificar algunos edificios monumentales mientras que los artesanos locales han producido formas cerámicas, textiles, etc. Existen además otros tipos de expresiones artísticas que han pasado desapercibidas debido a su carácter no acumulable o coleccionable como pueden ser las tradiciones literarias orales o las pinturas corporales.

La multitud de pueblos y culturas existente en África hace aconsejable estudiar su arte por unidades geográficas ya que es sobre ésta que se asientan las etnias que producen los objetos en consideración. La historiografía del arte suele dividir así el “continente negro” en cuatro grandes franjas –África occidental, central, oriental y meridional.

Dentro de cada una de estas áreas se ubican diferentes etnias que, aunque mantienen tradiciones culturales individuales, comparten algunos rasgos comunes. Al fin y al cabo, los límites “tribales” no son impermeables ya que los grupos humanos se relacionan entre sí, se alían, se conquistan, emigran, etc.

África occidental

Estatuilla relicario , pieza esculpida en madera del arte fang.

El área designada como África occidental en la historia del arte comprende los territorios que se extienden desde las sabanas subsaharianas hasta la costa del golfo de Guinea. Dado que durante la época islámica este territorio se conoció como Sudán, a veces se le denomina con tal nombre aunque esto no quiere decir que tenga relación intrínseca con el país actual. De la misma forma, a veces se ha hablado del arte de las culturas nigerianas por ser esta zona en particular la que tiene más relieve artístico pero ni mucho menos es la única. Teniendo esto en consideración, es posible estudiar las expresiones artísticas de la región a través de una mirada a alguno de sus pueblos más sobresalientes en este sentido –dogón, ashanti, fon, nok y ife-yoruba– aunque sea a costa de dejar de lado otros pueblos singulares como los mende o los igbo.

Cultura nok

Las primeras expresiones culturales en esta gran área se encontraron en unas minas de estaño situadas en el norte de Nigeria, cerca del territorio de los Nok, nombre que recibe este tipo de tradición artística. Esta cultura no es bien conocida pero se calcula que pudo desarrollarse entre los años 500 y 300 a.C., estando considerada como el inicio de la cultura africana propiamente dicha.

En el conjunto de elementos artísticos hallados destaca de manera especial la estatuaria, a menudo mezclada con utensilios de diverso tipo, como hachas de piedra muy bien pulidas y objetos procedentes de la incipiente industria del hierro. La pintura, por su parte, no debió de tener un desarrollo importante en la zona ya que no se han encontrado expresiones pictóricas salvo aquéllas asociadas a los adornos, las máscaras y los vestidos.

En lo que se refiere a escultura, ésta presenta una importante unidad estilística, evidente en la manera que tenían de representar los rasgos faciales, como la boca, la nariz, los ojos y las pupilas. También se puede observar una clara unidad técnica en la escultura de las cabezas, a pesar de que éstas podían presentar diversos tamaños y gestos. También son importantes las figuras de animales, que fueron representados con un gran naturalismo.

Ejemplo de esta estatuaria nok es la Cabeza con peinado trilobulado, realizada en terracota. En ella se pueden encontrar los caracteres más sobresalientes de la cultura nok, sobre todo en la manera de tratar los ojos y las pupilas, triangulares y perforadas. Al uso de figuras geométricas se suma la forma de la boca, que da cierto dinamismo a la expresión general del rostro. Finalmente, la cabeza aparece adornada con un tocado y varios objetos, que probablemente debían servir para poner de manifiesto el estatus social y religioso del personaje representado.

Arte ifé-yoruba

En el sudoeste de Nigeria, surgió una importante cultura hacia el siglo XII, que recibió el nombre de cultura ifé, ya que la mayoría de los restos arqueológicos hallados se encontraron en la ciudad del mismo nombre. Sin embargo, esta ciudad es considerada por los historiadores como la más antigua creada por la etnia yoruba por lo que la llamada cultura ifé se correspondería realmente a un estadio antiguo de la yoruba.

La cultura ifé se caracterizó por la escultura de cabezas de terracota y bronce. Las primeras quizá representan a figuras reales o miembros de la corte mientras que las segundas, realizadas a escala natural, podían estar destinadas a un uso funerario. Un ejemplo de este tipo de escultura basado en el modelado del bronce es la Cabeza oni. Se caracteriza por su superficie lisa y ondulada, la musculatura blanda y la mirada perdida de los rostros. También destaca su naturalismo, que recuerda a otras culturas y estilos desarrollados en otros puntos del planeta.

Dentro de estas características generales es posible hallar diversos estilos locales debido a la dispersión de entidades estatales en la región. Éste sería el caso, por ejemplo, de los elementos escultóricos dedicados a Shango, el dios yoruba del trueno, asociado habitualmente a la figura del rey de Oyo (siglos XVII y XVIII), el principal de los reinos yoruba. En cambio, al sur, en torno a la ciudad de Owo, los yoruba entraron en contacto con las tradiciones locales de Benin (pueblos edo y fon), influenciándose las unas a las otras mutuamente.

Bom Bosh , rey de los Kuba.

Arte fon

Las expresiones artísticas más conocidas del pueblo fon son aquellas que datan de su momento de mayor esplendor político, el reino de Dahomey (o Abomey, en la actual Benin) de los siglos XVIII y XIX. Aunque se trató de un pueblo especialmente preparado para la guerra, de la cual obtenían los esclavos con los que comerciar, tuvieron una importante cultura artística.

Los fon estuvieron muy influidos por la cultura yoruba, hasta tal punto que es muy difícil distinguir las realizaciones de uno y otro pueblo. Entre sus manifestaciones artísticas más importantes destaca la puerta del palacio real, realizada en madera policromada, y en la que se divisa el emblema del rey Ghezo (1818-1858) de Dahomey, el elefante. También se pueden observar en ella las esculturas de otros animales, como caballos, que aparecen siempre por debajo del elefante, simbolizando así las obligaciones de los súbditos para con su rey.

Arte ashanti

El pueblo ashanti vivió en una región africana que antiguamente era conocida como Costa de Oro, donde crearon un importante reino en el siglo XVII. Este estado consiguió prosperar cultural y económicamente gracias al establecimiento de contactos comerciales con varios países europeos, a los que proveían de oro y esclavos.

La ciudad de Kumasi, la capital, estaba dominada por el palacio de Ashantene (el rey divino), el cual se extendía a lo largo de casi 4.000 m2. Aunque en la actualidad no quedan apenas restos de este monumental edificio, debido a la destrucción provocada por las guerras intestinas que tuvieron lugar en el siglo XIX, se sabe cuál era su estructura. Estaba organizado en torno a una serie de patios dominados por porches y miradores que unían las más de sesenta habitaciones existentes. Éstas estaban coronadas por tejados muy inclinados hechos con paja, una forma características del occidente africano.

Los ashanti también destacaron en la talla de madera, la cual engalanaban mediante el incrustado o lacado de oro. Son típicas de esta técnica las akua-ba, muñecas utilizadas durante los ritos de fertilidad y que se caracterizan por cabezas en forma de disco, aunque quizá la pieza más reseñable sea el conocido casco ashanti con incrustaciones de oro y plata.

El arte ashanti tuvo una fuerte repercusión sobre las formas artísticas de la región y está muy relacionado con las creaciones de otros pueblos como los baulé, los dan o los senufo, todos ellos de Costa de Marfil. Los primeros cultivaron la talla de madera para retratar versiones idealizadas de sus antepasados, destacando asimismo por su afán de decorar todos los objetos, ya sean rituales u ordinarios como los postes, los dinteles de las puertas, las copas o las cucharas. Estas mismas características se pueden encontrar en la estatuaria senufo aunque sus máscaras son mucho más decorativas al utilizar técnicas de policromía (Pilón en forma de cálao). En cuanto a los dan, diseñaron dos tipos de máscaras, unas de estilo realista que presentan los rasgos físicos típicos de este pueblo, y otras desfiguradas, quizá con el objetivo de representar espíritus.

Arte bambara

Los bambara vivían en el territorio que actualmente es conocido como la República de Malí. Este pueblo es considerado como uno de los más brillantes en lo que se refiere a la talla, debido a las piezas encontradas en la zona. El estilo bambara se caracterizó por la estilización, la angulosidad y la decoración geométrica. Las máscaras y las figuras se esculpieron en hierro, aunque también destacaron las tallas de madera. Las máscaras más espectaculares son las que utilizaban para representar la fecundación de la tierra en las ceremonias agrícolas, llamadas tyi wara. Por lo general representaban animales, sobre todo antílopes, muy estilizados y provistos de larguísimos y finos cuernos. Las máscaras iban sujetas a la cabeza del danzante.

Arte dogon

Los dogon son un pueblo de agricultores que habitaron la sabana de la República de Malí. Realizaron máscaras de una gran originalidad y variedad, relacionadas con las ceremonias del culto a la fertilidad. Están formadas habitualmente por un rostro alargado y rectangular, coronado por otro cuerpo de diversas formas, generalmente geométricas. Estas máscaras eran usadas por los danzantes, los cuales se cubrían el cuerpo con una capa de paja, manteniendo derecha toda la armadura. Una vez utilizadas en las ceremonias rituales, las máscaras eran desechadas, conservándose muy pocas de ellas aunque sus formas siguen siendo reproducidas en la actualidad.

Otra expresión característica del pueblo dogon es su arquitectura, la cual representa un tipo de edificación bastante común del arte de África occidental. Ésta se caracteriza por la disposición de las casas en un conjunto de edificios rectangulares realizados en terracota y con alternancia de techos planos y cónicos de paja. Dichas viviendas están unidas entre sí por medio de muros de piedra que dan a todo el conjunto un aspecto abigarrado, reservando las áreas libres a los lugares de culto.

Arte del África oriental

El área oriental de África destacó por las fuertes influencias recibidas de las comunidades cristianas (coptos sudaneses) y musulmanas de las regiones circundantes. Esto es especialmente cierto de los pueblos del cuerno de África, los amhara y los somalíes. El resto de los grupos humanos poseen un arte más típicamente africano aunque con ciertas peculiaridades debido a sus formas de vida, basadas de manera fundamental en la ganadería.

Arte nuba

Los nuba habitan en la región central sudanesa de Kordofan. A diferencia de otros pueblos africanos, no se caracterizan por sus dotes escultóricas sino en las pictóricas. Su pintura, de tipo geométrico, adorna las paredes de los edificios de terracota así como el cuerpo de los guerreros o danzantes.

Arte tutsi

Los tutsi son, junto a los Ganda, uno de los pueblos que más destaca en las artes decorativas, especialmente en las relacionadas con los equipamientos domésticos (desde alfombras hasta una excelente artesanía de la cestería). Se trata de una tradición muy presente en toda la región de los Grandes Lagos siendo cultivada, además de los ya mencionados Ganda, por los grupos swahili que ocupan la costa oceánica.

Arte del África central

La zona del África central se caracteriza por la presencia de la selva tropical, que comienza al sur del río Ubangui. Un clima caluroso y húmedo que facilita el crecimiento de una vegetación exuberante, son condiciones poco apropiadas para el desarrollo de la vida sedentaria, a pesar de lo cual, una serie de pueblos procedentes de los grandes lagos fueron penetrando lenta y progresivamente en el territorio, subsistiendo a través de la práctica de una economía mixta, basada en la agricultura y la caza de los animales salvajes que habitaban la zona.

Arte fang

Entre los pueblos que vivieron en la selva ecuatorial cabe destacar por sus realizaciones escultóricas a los fang, que se extendieron por Gabón, Camerún y Guinea Ecuatorial. Es especialmente importante la talla de figuras femeninas y masculinas en madera, que eran colocadas encima de una caja que contenía los cráneos de los familiares muertos. Estas figuras funcionaban como una suerte de espíritus guardianes.

Un ejemplo característico del arte fang es la Estatuilla relicario, realizada en madera. En la talla se observa una cabeza de gran tamaño, cuyos ojos aparecen entrecerrados, con una expresión recogida, serena y concentrada. El cuerpo es largo y aparece desnudo, en posición sedente.

Arte kuba

En el África central habitaban también los kuba, cuyos tallistas dejaron magníficos retratos de sus monarcas, sentados con las piernas cruzadas, en actitud impasible y con los ojos entrecerrados. En el pedestal sobre el que aparecen sentados se encuentra el emblema de cada rey. Un ejemplo importante de estas magníficas tallas es la Bom Bosh “ nyimi ” (rey) de los Kuba, que se encontró en el Zaire hacia el año 1650.

Arte luba

Los luba se organizaron en torno a diferentes estados en el área del Congo central. Aunque no se conservan realizaciones antiguas de su cultura debido a las guerras tribales, que acabaron con casi todo el patrimonio del reino, sí se conoce la estatuaria, que sirve para clasificar a los artistas luba entre los más importantes artífices del arte africano. Su originalidad reside en la utilización de distintos estilos artísticos, desde las figuras redondeadas de los mendicantes (estatuas con finalidad ritual) hasta las lubi, caracterizadas por sus rostros alargados y angulosos.

Arte del África del sur

El África meridional comprende un amplio territorio del extremo sur de África, a partir del río Zambeze. Allí se pueden encontrar paredes y abrigos rocosos llenos de valiosas pinturas y grabados. En estas pinturas se representaron animales y hombres en movimiento, integrando distintas escenas que guardan relación con las pinturas del Sahara y las pinturas prehistóricas europeas.

Las obras más representativas del arte rupestre de África del sur han sido encontradas en la República de Sudáfrica, más concretamente en Azania. Destaca la Escena de pastoreo de bóvidos, pintada sobre roca, perteneciente al arte bosquimano, y fechada hacia el año 3000 a.C. Otras escenas relevantes representan animales pintados a través de difíciles escorzos y figuras humanas. Se considera que estas obras pudieron ser elaboradas de manera aproximada hacia el año 1800-1600 a.C. Al igual que ocurriera con los tuareg del área sahariana, los bosquimanos han seguido cultivando esta tradición pictórica hasta fechas recientes, siempre asociadas a una función mágica relacionada con la caza.

En cuanto a la escultura, la región sudafricana cultiva sobre todo la talla de máscaras sobre madera, destacando en este sentido las realizadas por los makonde en ébano, una madera poco común entre los pueblos africanos debido a su dureza. También realizan máscaras de relevancia otros pueblos de Zambia, como los abunda. Por el contrario, la talla de figuritas exentas no está tan desarrollada como en África occidental, prefiriendo los pueblos de la región el desarrollo de artes decorativas del ámbito doméstico tal y como ocurría con los tutsi.