Cambio semántico

    Se denomina cambio semántico al proceso de cambio de significación de una palabra. La lengua es un sistema abierto, no es fijo, y con el paso del tiempo se producen cambios en la forma o en el contenido de las palabras. Es el estudio diacrónico de la semántica el que observa estas modificaciones, primero su uso en el habla y posteriormente, su introducción en la lengua. De hecho, siempre hay una cierta asociación entre el significado nuevo y el que le precedía. Por ejemplo, un cambio semántico muy significativo es la transformación de la palabra pluma a lo largo de la historia. En la antigüedad, las plumas de las aves se convirtieron en objetos que, convenientemente cortadas, servían para escribir. Hoy día, se denomina pluma estilográfica al objeto que cumple esta misma función.

    En el proceso de cambio semántico se producen dos clases: la ampliación y la alteración semántica. La ampliación semántica o del significado tiene lugar al agregar un nuevo significado a una palabra, que pasa a ser polisémica. Este fenómeno se produce sobre todo mediante una metáfora. Los hablantes generan relaciones de semejanza entre dos conceptos y de esta unión psicológica surge la metáfora, por la que se utiliza la misma voz para ambos. Cabeza de alfiler es un buen ejemplo de esta relación metafórica en la que del sustantivo cabeza, “parte superior del cuerpo del ser humano”, amplía su significado a la de “extremidad roma y abultada de un alfiler” o la de “conjunto de los dientes del ajo cuando todavía forman un solo cuerpo”.

    En cambio, la alteración semántica o del significado es un proceso mediante el cual una palabra cambia su significado. No se amplía; simplemente se modifica debido sobre todo a la evolución histórica. Esta forma de cambio semántico se muestra en el vocablo deleznable, que de “que se puede romper” ha pasado a adoptar el significado de “reprochable”.

    Se debe señalar por último cuáles son las causas del cambio semántico, ya que gracias a ellas se comprenden mejor las razones de estas modificaciones. Se pueden distinguir cuatro clases. Las causas históricas están determinadas por los avances técnicos y científicos, por las modificaciones en las costumbres o por la aparición de nuevos objetos. Las causas lingüísticas se producen principalmente por cambios fonéticos o morfológicos que van surgiendo en el habla. Las causas sociales son préstamos o palabras que se generalizan y pasan de un ámbito social a otro. Así, lidiar, verbo que proviene del mundo taurino, se asume hoy día como “hacer frente a alguien, pelear”. Por último, existen causas psicológicas. Algunos hablantes, en un intento por resultar más expresivos o por provocar más emotividad, cambian el significado de algunas palabras; es el caso de la metáfora. Hay otro cambio que, por el contrario, se produce al pretender no hacer uso de ciertas voces o expresiones consideradas tabúes. Para evitarlas se han creado los eufemismos.