Diálogo (comunicación oral)

    El diálogo es un intercambio de información oral, generalmente informal y espontáneo que constituye la modalidad de comunicación oral que más se utiliza.

    Las relaciones sociales se basan en el diálogo que permite el intercambio de información. Cuando se habla con otras personas y se mantiene una conversación uno puede darse a conocer y mostrar sus opiniones, sentimientos y peticiones, mientras que a su vez percibe información de su interlocutor, al escuchar lo que dice. Se realiza de forma espontánea a través de una expresión directa y rápida, con frases cortas y simples. Resulta una forma de comunicación muy expresiva ya que se entremezclan palabras, gestos y entonaciones. Las repeticiones, frases sin terminar y los continuos cambios de tema también se producen con frecuencia.

    El diálogo se desarrolla mediante la alternancia en el uso de la palabra entre las personas que participan. Estos turnos improvisados vienen establecidos por las pausas. Una conversación armoniosa debe permitir que todos los interlocutores disfruten de la oportunidad de expresarse, por lo que es indispensable la cooperación de todos.

    Fases de una conversación.

    En la estructura de una conversación se distinguen cuatro fases. La primera es el inicio, el saludo, la frase o la forma de captar la atención de los demás para comenzar el proceso comunicativo. La segunda la orientación, el momento en el que se plantea el tema en torno al que va a girar la conversación. La tercera es la fase de desarrollo. Ésta es la fase más amplia, en ella se producen las diversas intervenciones de las personas que participan en la conversación. Éstas plantean sus puntos de vista respecto al tema inicial y van incluyendo otros temas diferentes. La cuarta y última es el cierre: es la última fase y con ella se concluye la conversación. Se suele utilizar alguna frase de despedida.

    El tipo de conversación viene marcado según el nivel de formalidad del diálogo, determinado a su vez por el tipo de relación entre los participantes. De esta forma, los usos de la lengua que se hacen de modo específico indican los rasgos de la conversación. Existen dos registros (coloquial y formal) que se emplean según las características de la situación. En este sentido, la conversación será coloquial o formal dependiendo de la planificación de ésta, su finalidad, la cotidianidad con la que se produce, la relación de cercanía entre los hablantes y la cantidad de información que comparten entre ellos. Por ejemplo, una conversación coloquial sería la que mantienen los miembros de una familia durante una comida y una conversación formal es la que se produce cuando una persona asiste a una entrevista de trabajo.

    Se puede decir que hay una relación entre el estrato sociocultural de cada uno de los interlocutores y el uso del registro coloquial y formal. Normalmente, las personas que proceden de un estrato sociocultural bajo suelen emplear prácticamente en exclusiva los registros coloquiales.

    También, según algunos estudios, se observan rasgos específicos asociados a las mujeres y a los hombres en el uso de la lengua coloquial. Es cierto que existen estereotipos culturales que han surgido de forma injusta pero sí se puede afirmar que hay características que permiten distinguir por su sexo a las personas que intervienen en la conversación. Las primeras diferencias son las relacionadas con la fisiología y vienen marcadas por la potencia de la voz y el tono. Las segundas son aquellas que se adoptan mediante la educación y la cultura recibidas y que se perciben en la forma de expresarse. Así, las mujeres están más pendientes de la pronunciación y se fijan más en las reglas gramaticales, mientras que los hombres no suelen atenerse a la norma lingüística. Por su parte, el habla masculina se muestra más firme y refleja seguridad.