Eclecticismo (arquitectura)

    El Parlamento londinense, obra de WelbyNorthmorePugin, es uno de los ejemplos más preclaros del eclecticismo decimonónico.

    Con carácter general, se entiende por eclecticismo la tendencia que fusiona, en una misma corriente, elementos procedentes distintas fuentes. En arquitectura, se conoce como eclecticismo al estilo nacido en el siglo XIX por el enfrentamiento entre dos tendencias teóricas distintas, el neoclasicismo y el romanticismo (denominado en arquitectura historicismo), y caracterizado precisamente por aunar un gran número de tendencias.

    Así, los edificios de carácter neoclásico siguieron siendo utilizados para las instituciones oficiales mientras que el neogótico tuvo especial repercusión en los nuevos templos cristianos y, en algunos casos como Gran Bretaña, en edificios gubernativos (Parlamento de Londres, 1840-1865, del arquitecto Welby Northmore Pugin). Por su parte, elementos vagamente islámicos o hindúes fueron utilizados en edificios destinados a actividades de ocio, reforzando así la mentalidad colonial de la época.

    Fue fundamental en el movimiento el uso de nuevos materiales y la utilización de novedosos elementos técnicos, fruto de la revolución industrial. Arte e ingeniería se unieron así para crear edificios que resultaran útiles y bellos a la vez.

    La renovación comenzó con el hierro, que anteriormente ya se había utilizado para crear elementos concretos como cúpulas; pero que con el eclecticismo se empezó a emplear para crear la estructura de los edificios y grandes obras de ingeniería. Éste es el caso de la famosa torre Eiffel parisina (1889) pero también de numerosas estaciones de tren, las cuales conjugaron la robustez del hierro o el acero con la liviandad del cristal (estación de Saint Lazare, París). Precisamente sería el segundo uno de los materiales más empleados por el eclecticismo: el estilo gótico había prefigurado su uso con los ventanales pero ahora se empleó incluso para construir edificios enteros, como el de la exposición de Londres de 1851 del arquitecto Jonh Paxton o el Palacio de Cristal de Madrid, de Ricardo Velázquez Bosco. El tercer material más característico de la arquitectura del siglo XIX fue el hormigón, el cual ofrecía la ventaja de que podía adoptar un gran número de formas, ya que se producía a través de moldes.