Escultura romántica

    La marcha de los voluntarios, más conocida como La Marsellesa, obra de François Rude.

    “Romanticismo” es un término que se utilizó, en la primera mitad del siglo XIX, para denominar a un conjunto de valores, esencialmente dinámicos, que se oponían a los vinculados al pensamiento estático clásico, recuperado por el movimiento precedente, el neoclasicismo. Después de que el neoclasicismo impusiese una especie de norma académica que legislaba todos los estilos posibles, el movimiento romántico propugnó un nuevo ideal basado en la naturalidad de los sentimientos, que llegaron a convertirse en una forma de revolución personal y social.

    En escultura, los románticos intentaron romper con la uniformidad estilística impulsada por el neoclasicismo, tratando de captar el movimiento y la acción, aunque sin olvidar del todo la antigüedad. Además, incorporaron al arte muchos temas de orden histórico. Un ejemplo característico de la escultura romántica se encuentra en la obra de los artistas franceses Jean Antoine Houdon, con su Voltaire, y François Rude con su célebre representación de La Marsellesa (1835-1836). También en este sentido hay que considerar Lucrecia muerta, del escultor español Damián Campeny, en la que se representa una escena de suicidio, tema muy utilizado por los románticos, ya que reflejaba el hastío que sentían ante la futilidad de sus vidas.