Escultura

Arte de esculpir, tallar o modelar figuras con volumen en diversos materiales, como piedra, mármol, bronce o madera. Dentro de las artes plásticas, la escultura aporta un elemento distintivo muy notable: el volumen. La escultura es tridimensional, se puede tocar y, en ciertos casos, rodear para observarla desde todas las direcciones. Este carácter tridimensional conlleva que la escultura posea características propias, como son el peso; el volumen, o el modo en que se desarrolla en el espacio; el movimiento y el equilibrio.

Se puede distinguir entre dos tipos de esculturas, dependiendo de cómo sea su soporte. Las estatuas o bultos redondos poseen tan sólo un soporte inferior, y por tanto, pueden ser rodeadas por el espectador. Los relieves, por otra parte, están sujetos a un soporte lateral, lo que impide que sean rodeados; el espectador debe limitarse a observarlos frontalmente.

Las técnicas escultóricas se dividen básicamente en dos tipos, las de sustracción de materia y las de añadido de materia. En las primeras se parte de un bloque de material del cual se van eliminando partes hasta dotarlo de la forma deseada. Los materiales empleados suelen ser principalmente diferentes tipos de roca y de madera.

En el segundo tipo de técnicas, las de añadido de material, se parte de un bloque de material al que se da forma, añadiéndole nuevas cantidades cuando es necesario. Un tipo especial de estas técnicas es el fundido, aplicado sobre todo a metales.

Las características especiales de la escultura, la diversidad de técnicas que es posible aplicar y la versatilidad en cuanto al uso de materiales, dado que en teoría cualquier materia sólida sirve para crear esculturas, otorgan a esta disciplina artística un gran poder como medio de representación de la naturaleza.

Elementos básicos de la escultura

La escultura es un medio de expresión artística en el que un material sólido es trabajado hasta dotarlo de la forma tridimensional deseada. El hecho de poseer tres dimensiones otorga a la escultura ciertas particularidades que la diferencian notablemente de otras modalidades artísticas, como el dibujo o la pintura. La primera de ellas es la posibilidad de introducir sensaciones táctiles. La escultura se puede tocar, cosa que no es posible, por ejemplo, con el dibujo o el cine.

Otras dos particularidades, íntimamente ligadas entre sí, son el peso y el volumen. Las obras escultóricas poseen, en primer lugar, un peso, que es el del material con el que están fabricadas. Ofrecen además una sensación de peso, transmitida por la figura representada. En segundo lugar, al ser tridimensionales, las esculturas cuentan con volumen, es decir, se extienden, ocupando una porción del espacio. También pueden incluir agujeros y espacios huecos que son una parte más de la pieza; reciben el nombre de “volúmenes negativos”.

Hay otro aspecto relacionado con la tridimensionalidad de la escultura que es necesario mencionar. Poseer volumen convierte a la escultura en un medio más eficaz para la representación de la naturaleza, que, por ejemplo, el dibujo. Esto se debe a que los elementos reales que el artista representa en su obra cuentan con un volumen, el cual, en este caso, puede ser reproducido. De este modo, tanto la escultura como el observador se encuentran en un espacio de tres dimensiones; la cercanía entre ellos es mayor.

Diseño: el movimiento y el equilibrio

Salvo en casos aislados, las esculturas son estáticas. Sin embargo, uno de los aspectos fundamentales a la hora del diseño de las piezas es, precisamente, y aunque parezca contradictorio, el movimiento. Este término, aplicado a la escultura, hace referencia en realidad a la sensación de movimiento, a la impresión de que las figuras representadas son dinámicas, capaces de moverse. Esta impresión se logra mediante el ritmo, la tensión y la acción.

El ritmo de una escultura viene dado por la representación de figuras ondulantes; por la abundancia de líneas verticales, horizontales y diagonales, y por la existencia de posiciones inestables. La tensión, en cambio, se puede definir como la representación de un movimiento en potencia, es decir, como la representación del cuerpo del objeto antes de iniciar la acción. Por último, la acción, es decir, el movimiento o actividad que está realizando la figura representada, se asocia con determinado tipo de movimiento.

Muy relacionado con esto se encuentra otro aspecto crucial del diseño escultórico: el equilibrio. Éste se puede descomponer en tres tipos diferentes. El primero de ellos, y más obvio, es el equilibrio físico. Las esculturas deben ser estables, han de contar con un soporte que les permita mantenerse en pie. El segundo tipo está relacionado con la composición. Las diferentes partes de una escultura deben distribuirse e interaccionar armoniosamente, de modo que unas zonas no queden descompensadas respecto al resto. El tercer tipo de equilibrio es el que se refiere a las esculturas que representan figuras humanas, las cuales han de reproducir el equilibrio que el ser humano guarda sobre sus pies.

Tipos de escultura

Las obras escultóricas poseen un peso que puede llegar a ser muy notable, por lo que requieren un soporte. Según sea éste puede dividirse la escultura en dos tipos diferentes:

La estatua o bulto redondo. Se dice que una obra escultórica es una estatua o bulto redondo cuando su soporte está situado en la parte inferior de la misma, levantándola del suelo. De este modo la obra puede rodearse para ser observada por todas sus partes.

El relieve. Estas obras se caracterizan por estar sujetas a un soporte lateral, por lo que no pueden rodearse para ser observadas por todas sus partes. Sólo pueden ser observadas frontalmente.

Trabajo previo: el modelo

Sea cual sea el tipo de obra escultórica y la técnica que se vaya a emplear para llevarla a cabo, es necesaria, previamente, la elaboración de un modelo. Éste constituye una primera plasmación de las ideas del artista y servirá como referencia a la hora de realizar la obra definitiva.

Puede ser que el modelo se reduzca a una serie de esbozos trazados en papel o dibujados. Sin embargo, lo más habitual y útil es que sea en tres dimensiones y cuente con las mismas proporciones que ha de guardar la escultura final. Los materiales que se suelen emplear son la arcilla, la cera y el yeso, principalmente, puesto que son económicos y de sencillo manejo. Otro motivo por el que se utilizan estos materiales es que admiten correcciones; el artista puede así experimentar e ir realizando modificaciones progresivas hasta que el modelo termina por ajustarse a la idea que tiene en mente. Existe otro motivo práctico para la realización de modelos ya que, en numerosas ocasiones, las obras escultóricas son encargos hechos por un cliente. El modelo es entonces necesario para que éste apruebe la propuesta del escultor.

No hay que considerar el modelo como una obra de calidad inferior a la de la escultura final. En muchas ocasiones a lo largo de la historia, el trabajo del escultor se ceñía prácticamente a la realización del modelo, que elaboraba con enorme cuidado hasta sus últimos detalles. Eran después sus ayudantes quienes se encargaban de esculpir la obra final, mediante la copia del modelo y el traslado minucioso de sus proporciones. Por último el escultor remataba la obra y se hacía cargo de las partes más complejas, como por ejemplo, el rostro.