Teatro barroco

El barroco es el estilo artístico desarrollado entre los siglos XVII y XVIII en varios países europeos y en Latinoamérica que surgió como respuesta al clasicismo y el manierismo, acentuando el dramatismo y la complejidad de las obras artísticas. En la literatura, el periodo barroco es extremadamente breve, y no muy delimitado en cuanto a estilo, la ya que supuso más bien una transición.

Probablemente esto se deba a los problemas que la extravagancia barroca ofrece para su empleo en el lenguaje. El arte literario del barroco intentó copiar algunas ideas del mundo de lo plástico como su gusto por lo teatral y lo ornamentado, idóneos para los géneros dramático y lírico, pero poco apto para otros usos debido a lo complejo de las formas, algo típico de la poesía culteranista.

Tras haber estado ligado a las formas cultas o religiosas, el teatro se convirtió, a finales del XVI, en un espectáculo popular. La rica burguesía urbana e incluso algunos nobles financiaron la apertura de locales públicos que pudiesen servir a la representación. Aunque escasamente preparados para ello, con escenarios pobres y mal decorados, los nuevos teatros se convirtieron rápidamente en una atracción solicitada por el gran público.

El teatro isabelino

Esto fue especialmente cierto en la Inglaterra de Isabel I (1558-1603), que contaba ya con una rica tradición dramática. Autores como Thomas Kid y Christopher Marlowe gozaron de gran fama gracias a obras como La tragedia española, del primero de ellos, La trágica historia del doctor Fausto o El judío de Malta, ambas del segundo.

Fue sobre estas figuras que se erigió William Shakespeare . El genial escritor británico utilizó recursos y elementos de las obras de sus predecesores para crear sus dramas (Ricardo III ), comedias ( El sueño de una noche de verano ) y grandes tragedias ( Hamlet , Romeo y Julieta ). A pesar de estos préstamos literarios, Shakespeare supo crear una obra de gran calidad literaria y originalidad en la que destaca la construcción emocional de los personajes así como el sentido del ritmo escénico. Esto es especialmente evidente en sus dramas y tragedias que le han valido el título honorífico de padre del teatro moderno.

El teatro francés

Aunque más tardío, el teatro francés gozó de la misma popularidad que el isabelino. Sus primeros pasos fueron titubeantes ya que los tímidos intentos por saltarse las rígidas normas clásicas por parte de Pierre Corneille fueron duramente criticadas por la Academia francesa. Esta institución prefería la sobriedad y clasicismo de las tragedias de Jean Racine, obras de escasa complejidad argumental pero de gran fuerza expresiva y musicalidad (algo visible en su obra más renombrada, Fedra ).

Contra este rígido panorama se elevó la figura de Molière (1622-1673). Aunque sujeto a las normas clásicas, sus comedias (Tartufo, El enfermo imaginario) rompieron con los esquemas tradicionales de las tragedias latinas, prefiriendo la mordaz crítica social a las ya manidas tragedias basadas en el honor y la venganza. Su teatro fue duramente criticado por los sectores más tradicionales pero el apoyo popular y sobre todo el del monarca Luis XIV le protegió de las iras de la Iglesia.

El teatro español

El tercer gran teatro europeo fue el español. Se basó especialmente en las figuras de Lope de Vega y Pedro Calderón de la Barca. El primero consiguió romper totalmente con las normas teatrales clásicas, liberando a sus comedias de las estructuras tradicionales y ganándose el favor popular con su enraizada defensa del pueblo llano y la monarquía (Fuenteovejuna). Calderón de la Barca, aunque fuertemente influido por Lope de Vega, prefirió mantenerse más cercano a las estructuras clásicas aunque no dudó en recurrir a un lenguaje simbólico y virtuoso (La vida es sueño).