Agente geomorfológico

Los ríos realizan una notable acción erosiva sobre el terreno, como se puede apreciar en este cañón de herradura creado por el Colorado, en los Estados Unidos.

Se conoce como agentes geomorfológicos a las fuerzas naturales capaces de erosionar un sustrato rocoso, transportar los materiales desprendidos y depositarlos cuando finaliza el traslado. En general, todos los materiales que conforman la corteza terrestre padecen alteraciones que modifican sus rasgos característicos y hacen más fácil su erosión. Este proceso se llama meteorización.

Así, cada uno de los agentes realiza un tipo de meteorización, erosión, transporte y sedimentación. En el modelado del paisaje intervienen varios agentes, entre los que destacan los ríos, el viento, los glaciares y los movimientos en las laderas. A continuación se analizan las particularidades de cada uno de estos agentes como formadores del relieve.

Ríos

Los ríos desarrollan un importante papel erosivo, ya que se encargan de trasladar la materia mineral desde las tierras hasta los océanos. Los cauces fluviales van perdiendo velocidad a medida que avanzan y, como consecuencia, disminuye su capacidad de erosión, por lo que se producen también episodios de sedimentación y ensanchamiento de los valles. Además, la acción de las corrientes de agua suaviza las irregularidades presentes en el cauce.

Si el fenómeno erosivo comienza en la desembocadura y continúa aguas arriba se conoce como erosión remontante. En caso contrario, cuando tiene lugar la sedimentación en zonas elevadas, se genera un relieve muy característico llamado terraza fluvial.

Los cambios de caudal, provocados por las crecidas o los trasvases, y la velocidad de la corriente, que cambia con los saltos o estrechamientos del río, influyen en la capacidad de carga. Provocan así fenómenos locales de erosión, transporte y sedimentación, cuya consecuencia es la variedad morfológica de los cauces fluviales.

En el curso alto de los ríos se produce principalmente la acción erosiva, que genera valles profundos y estrechos como, por ejemplo, cañones o torrentes. En los cursos medio y bajo se combinan los fenómenos de erosión, transporte y sedimentación que desarrollan valles anchos (llanura de inundación).

Algunos elementos relacionados con este tipo de agente geomorfológico son:

Torrentes. La turbulencia y la velocidad caracterizan las aguas de los cauces torrenciales. Éstos ocasionan una importante erosión del cauce fluvial que crea valles muy estrechos. Entre las morfologías más típicas destacan las cataratas y los rápidos.

Llanuras de inundación. Las pendientes son suaves en el curso medio y bajo de los ríos. En estas zonas hay valles amplios en los que se acumulan sedimentos que proceden de la erosión sufrida en la superficie de la cuenca. Estos terrenos tan fértiles se conocen como vega o llanura aluvial y tradicionalmente se han explotado por la agricultura.

Terrazas fluviales. Cuando el cauce de un río se encaja en las llanuras de inundación, se origina esta morfología escalonada. El río ejerce una erosión vertical y la llanura no vuelve a ser ocupada por las aguas. El escalón topográfico que queda en esa superficie llana con algo de elevación se denomina terraza.

Glaciares

Por su parte, los glaciares, como agentes geomorfológicos, dibujan formas muy peculiares en el paisaje, condicionadas por la topografía que ya existía en el lugar. Los circos y valles glaciares se corresponden, por lo general, con antiguos valles fluviales.

Los glaciares están formados por una masa de hielo que se mueve con un mecanismo de descarga desde las zonas elevadas hacia el valle, donde realiza su ablación (la pérdida de masa de hielo por fusión o evaporación). Sin embargo, no han tenido tanta importancia como los ríos en el desgaste de los continentes, aunque en algunas épocas de la historia (glaciaciones) su capacidad de erosión y transporte llegó a ser muy significativa.

La erosión glaciar puede producirse mediante la abrasión o roce de los fragmentos rocosos recubiertos por el hielo y el consiguiente arranque de partículas o bloques del sustrato. Otro mecanismo erosivo procede del efecto del empuje lateral, como sucede en los circos glaciares.

Viento

Un tercer agente geomorfológico es el viento, cuya acción erosiva sólo es relevante en zonas que no tienen cubierta vegetal. En climas templados y húmedos, esta acción tiene menor eficacia, ya que se da en lugares donde no se llegan a excavar grandes valles. Sin embargo, en los climas áridos es uno de los principales condicionantes del paisaje, debido a la ausencia de barrera vegetal.

El viento transporta sus partículas de forma parecida a los ríos, aunque su capacidad de transporte es mucho menor. Existen dos mecanismos que emplea la erosión eólica: deflación, cuando las partículas se arrancan del sustrato y son elevadas por el aire, y corrosión, producida cuando las superficies rocosas se desgastan por el impacto de las partículas que transporta el viento.

Tras la deflación del suelo, la superficie resultante está formada por bloques, gravas y cantos rodados (reg), mientras que la morfología resultante de la corrosión son los orificios alveolares o nidos de abeja. En zonas áridas, los principales tipos de depósitos son las rizaduras, las dunas y los loess, o arcillas y limos de diversa composición. Si los depósitos de arena permiten el agrupamiento de dunas en una extensión se denomina campo de dunas o erg.

Un último grupo de agentes geomorfológicos de interés en esta exposición es el de los asociados a los fenómenos de ladera, que estimulan el modelado de la mayoría de las vertientes de los paisajes continentales. Entre estos agentes se encuentran todos los movimientos de masa producidos por la gravedad, clasificados en tres grupos: desprendimientos que producen cambios de nivel en las laderas, deslizamientos y flujos por corrientes de turbidez o coladas de barro.