Agua (hidrología)

    El agua se halla presente en la Tierra en sus tres fases: vapor, líquido y sólido. La mayor parte, el 97,2% ocupa los mares y océanos y es, por tanto, agua salada. El 2,8% restante está en los continentes y corresponde al agua dulce.

    Este porcentaje se encuentra repartido de forma que el 2,15% es el hielo de los polos y los glaciares y la nieve de las cumbres montañosas, el 0,62% es el agua almacenada en depósitos subterráneos y el 0,017% lo constituye el agua de los ríos, los lagos y los pantanos. En términos de cifras absolutas, se estima que el total del agua presente en el planeta es de 1.400.000.000 km3.

    En cuanto al agua existente en forma de vapor, se halla en la atmósfera y representa sólo el 0,001% de la cantidad total. La mayor parte se encuentra sobre los trópicos, y el porcentaje disminuye a medida que aumenta la latitud. Este vapor cumple dos funciones importantes: actúa como regulador de la temperatura atmosférica y constituye la fuente para las precipitaciones que devuelven el agua a la superficie.

    Sin embargo, aunque los anteriores porcentajes se mantienen invariables a lo largo del tiempo, el agua no permanece inmóvil. Se encuentra en permanente movimiento, cambiando de fase, así como de emplazamiento, a lo largo de un ciclo cerrado.

    En esta dinámica general de la distribución del agua en el planeta terrestre influyen de modo importante las diversas clases de precipitaciones que constituyen, en esencia, un modo de interacción entre la atmósfera y la hidrosfera. Dichas precipitaciones pueden clasificarse según el modo mediante el que se producen, lo que lleva a distinguir entre las clases convectivas, frontales, orográficas y de convergencia. También se identifican según su naturaleza, en virtud de lo cual se llaman lluvia, nieve, granizo, niebla, rocío y escarcha.