Erosión glaciar

    Se conoce como erosión glaciar al proceso de desgaste del terreno ejercido por los glaciares, el cual se manifiesta especialmente en la abrasión del fondo y las laderas del valle por el que circula. El hielo arranca fragmentos del terreno sobre el que se desliza. Estos detritos, mezclados con el hielo, fomentan a su vez el proceso de abrasión: ayudan a arrancar nuevas partes del terreno.

    El fuerte rozamiento hace que el fondo del valle, o artesa, adopte una fisonomía particular, estriada, o bien salpicada de realces redondeados, denominados rocas aborregadas. Estas marcas permiten, cuando el glaciar ha desaparecido, averiguar cuál fue la dirección de desplazamiento del hielo.

    Los detritos arrancados y transportados por el hielo se depositan posteriormente, formando las morrenas. Dependiendo de cuál sea su ubicación se diferencian varios tipos diferentes. Las morrenas de fondo son las que se forman por acumulación de detritos a lo largo del fondo de la lengua de hielo. Si con el discurrir del tiempo el glaciar llega a desaparecer, estas morrenas actúan como trampa para el agua, pudiéndose formar lagos.

    Las morrenas laterales se sitúan a los costados del glaciar. Las centrales se ubican en la zona de confluencia de dos lenguas de hielo diferentes. Por último, las morrenas terminales aparecen en la parte final del glaciar, en la conclusión de su recorrido. Poseen un especial interés, dado que marcan cuáles han sido los sucesivos límites del hielo a lo largo del tiempo.

    Si el hielo llega a arrancar fragmentos de roca tan pesados que no puede luego transportarlos, éstos se depositan, de modo individual, en el fondo. Son los llamados bloques erráticos. Una vez desaparecido el glaciar, estos bloques son fácilmente reconocibles, ya que sus características difieren de las del terreno sobre el que se encuentran.

    Los detritos, o fragmentos de terreno, que conforman las morrenas son conocidos también como tills. Suelen presentarse mezclados en todos sus tamaños, grandes, pequeños y medianos. Este tipo de acumulación de detritos, que puede alcanzar espesores de varios metros, es característico del transporte realizado por el hielo. Se diferencia del resultado del transporte del agua o del viento en que los fragmentos aparecen estratificados en función de su tamaño.

    Cuando los glaciares desaparecen, los materiales que componen las morrenas −los tills− se pueden llegar a litificar. El resultado son unas rocas sedimentarias conocidas como tillitas. A su vez, los depósitos de tillitas se denominan morrenas fósiles, que son claros indicadores de la presencia en ese lugar de un glaciar en tiempos pretéritos.

    Los glaciares de tipo islandsis pueden fragmentarse y dar lugar a icebergs cuando llegan al mar. El hielo de éstos va mezclado con detritos arrancados por el glaciar. Si los icebergs son arrastrados por el viento y las corrientes hasta zonas cálidas, se funden. En este caso, los detritos de su interior caen al fondo. Se forman así las tillitas marinas, o paratillitas.

    Además de en las morrenas, los detritos arrastrados se pueden depositar en el fondo del glaciar, constituyendo unos montículos llamados drumlins. Tienen forma elíptica, con el eje mayor paralelo al desplazamiento del glaciar. Su longitud puede alcanzar varios cientos de metros, y el espesor, unas docenas. Es normal que se presenten agrupados. Se forman así los campos de drumlins. Por otro lado, los eskers son acumulaciones alargadas de grava. Las depositan los flujos de agua que discurren por el fondo de los glaciares.

    Puede ocurrir también que las corrientes de agua circulen por la parte superior del glaciar, e incluso por su interior. En cualquier caso, tales corrientes pueden formar depósitos detríticos. De modo general, si éstos tienen lugar dentro del área de acción del glaciar reciben la denominación de depósitos yuxtaglaciares. Por el contrario, cuando las corrientes de agua salen del glaciar, llegando más allá de su zona terminal, sus depósitos se califican de proglaciares.

    Otros fenómenos geológicos ligados a los glaciares son los desprendimientos y corrimientos de tierras que tienen lugar en las laderas de los valles glaciares. Se producen cuando el glaciar ya ha desaparecido y son consecuencia de la fuerte pendiente −casi vertical− de las laderas, provocada por la erosión del hielo.

    En los casos en que varias lenguas de hielo confluyen para formar una única, cada una de ellas posee unas características diferentes en cuanto a capacidad erosiva. En consecuencia, también cuando el hielo desaparece, los valles excavados por cada lengua se hallan a alturas distintas. De disposición escalonada, reciben la denominación de valles colgados.